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Estamos de enhorabuena, Tim Burton vuelve por
sus fueros, básicamente porque esta vez, la película que ha hecho no se la
han endiñado por encargo (caso de su floja aunque entretenida versión de
El Planeta de los Simios).
Big Fish nos cuenta la historia de
Edward Bloom (Ewan McGregor el joven y Albert Finney el viejo), un hombre
que siempre ha disfrutado siendo el centro de atención narrando y adornando
su azarosa vida con su tremenda imaginación. Este hecho le lleva a la
incomprensión por parte de su hijo Will (Billy Crudup), que harto del afán
de protagonismo de su padre y de no conocerle realmente, ya que todo lo que
sabe de él es lo que se inventa, decide romper su relación con él
aprovechando su marcha a Francia. El problema viene cuando a Edward se le
diagnostica un cáncer terminal. Will y su esposa Josephine (la guapa Marion
Cotillard a la que conocemos por la chusca saga Taxi) se trasladan
para compartir los últimos días con Edward e intentar, finalmente, conocer
su verdadera historia.
Con esa premisa, Burton aprovecha para
plantarnos ante nuestra asombrada cara una historia totalmente disparatada y
a la vez entrañable, la vida de Edward Bloom vista por él mismo. Es con esto
con lo que Tim Burton se luce de verdad, dando rienda suelta a su ya
conocido estilo cinematográfico, a su humor negro (está vez más ligerito) y
a su fantástico alarde de imaginación.
Lo que pasa es que en esta ocasión, a pesar
del excelente trabajo de Burton, lo que realmente destaca es el personaje
principal, perfectamente interpretado tanto por Ewan McGregor como por
Albert Finney. Edward Bloom es, a parte de un excelente contador de
anécdotas, un hombre presumido (en el buen sentido), valiente, emprendedor,
aventurero y sobre todo, enamorado de su mujer Sandra (Alison Lohman de
joven y Jessica Lange de mayor), por la que bebe los cielos y es capaz de lo
que sea. Uno tiene la sensación de que Edward Bloom es un tipo muy raro y en
cierto modo reservado (al no contar las cosas como realmente han sucedido),
pero que como dicen en la película "le cae bien a todo el mundo" y acabas
deseando ser su amigo, o mejor aún, ser él mismo para disfrutar de esas
historias.
Por si esto fuera poco, está magnífica
película se remata con unos personajes secundarios realmente "burtonianos"
que son la chispa final de la historia, personajes interpretados por
actorazos como Danny DeVito, Helena Bonham Carter, Steve Buscemi o Matthew
McGrory (el entrañable Karl) y que a lo largo de la película se convierten
en fieles amigos del protagonista.
Burton ha vuelto a trabajar con su habitual
Danny Elfman en la banda sonora, aunque en esta ocasión pasa desapercibido
ya que el protagonismo en lo musical lo tienen canciones propias de las
distintas épocas de la vida de Bloom. Por eso, en cierto modo queda la
sensación de que a la película le falta algo de lo que siempre vemos en
Burton, ajeno a su habitual estilo. Con esto me he dado cuenta de
hasta que punto es importante una banda sonora, ya que si con Danny Elfman
se te meten las sensaciones de la película hasta la médula, con esta banda
sonora, que es la menos suya, obtenemos menos impacto emocional pero a su
vez nos trasladamos mejor a las distintas épocas en las que nos sitúa la
historia. En definitiva, que es la diferencia entre ver Eduardo
Manostijeras (mi favorita de las de Burton) o Forrest Gump.
En definitiva, una gran película, divertida,
sorprendente y graciosa pero que al menos a mí, me ha dejado un poco frío en
lo emocional, que es algo que siempre me ha impactado de Burton. Quiero a
Danny Elfman.
Nota:
  
8
Javier Ruiz de Arcaute. |