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BON VOYAGE

Direción: Jean-Paul Rappeneau

Guión: Jean-Paul Rappeneau, Gilles Marchand, Julien Rappeneau, Jérôme Tonnerre

Reparto: Isabelle Adjani, Gérard Depardieu, Virginie Ledoyen, Yvan Attal, Grégori Derangère, Peter Coyote, Jean-Marc Stehlé, Aurore Clément, Xavier de Guillebon

Productores: Laurent Pétin, Michèle Pétin

Productora: France 2 Cinéma, France 3 Ciéma, ARP Sélection

Distribución: Manga Films

Ver Bon Voyage es una delicia. Una gozada. Una HEMORRAGIA DE PLACER. Pocas veces he visto un film que mantenga un ritmo tan infernal durante 115 minutos en los que los personajes corren, saltan, se pelean, disparan, gritan, roban, se enamoran, y se desenamoran con una facilidad pasmosa. Lo que empieza como un drama se convierte por arte de magia en una “screwball comedy” en la mejor tradición de Howard Hawks, una espléndida comedia coral llevada con mano maestra por Jean-Paul Rappenau, el Peter Weir del cine francés. 

Y como para construir una buena película empezamos por los cimientos, pues decir que el guión es una obra de ingeniería alemana. No es que esté lleno de agudos diálogos o ingeniosas réplicas (que los hay), sino que lo sorprendente es la forma en la que personajes (geniales), drama (poco), comedia romántica (muchísima), acción (bastante) y contexto histórico están integrados para formar un todo en el que nada sobra ni falta. Esto nos lleva, de una vez por todas, a contar de que puñetas va la peli, pero es que me dejo llevar y así no hay manera. 

Viviane Denvers (Isabelle Adjani) es la actriz más famosa de Francia, país que está bajo la inminente ocupación de los Nazis, en 1940. Tras meter la pata hasta el fondo y matar por accidente a un acosador, Viviane, manipuladora como ella solita, se las apaña para meter al joven periodista Frederic, vecino de la infancia de la actriz, de la que está enamorado hasta las cejas, para intentar arreglar el embolado. Un triste accidente dará con los huesos de pobre Frederic (Gregorí Derangere, el héroe de la función y un descubrimiento con mayúsculas Arial 72, un maestro de la comedia física) en la cárcel. Sin embargo, la ocupación de París por los nazis le obligara a escapar a Burdeos en compañía de su amigo contrabandista Raoul (Yvan Attal), del profesor Kopolski (Jean-Marc Stehle) y su ayudante Camille (Virginie Ledoyen, que por mucha falda recatada y pinta de empollona no logra ocultar que tiene mas curvas que el Jarama además de un sorprendente talento para la comedia. Quien lo iba a decir, con esa carita de ángel bobo que tiene.), los cuales transportan un peligroso cargamento. Una vez en Burdeos, Frederic se reencontrará con Viviane, ahora bajo el ala de Jean-Ettiene Beaufort, un político mas chaquetero que Tamayo, al que da vida Depardieu - con unos 50 kilos menos. Tal tejemaneje no pasará desapercibido al periodista Alex Winckler (Peter Coyote). 

Y esto es solo el principio. Más allá del perfecto guión, Rappeneau consigue que la película se haga encantadora a los ojos del público, gracias a la química que desprenden los actores, irresistibles todos y cada uno, por lo bien que están dibujados tanto por los guionistas como por los intérpretes. A destacar Adjani y Derangere, una pareja con gancho al mas puro estilo Hollywood clásico. Con todo esto el 75% de una gran película está hecho, pero falta por alabar la impresionante realización técnica de la película, con Rappeneau rodando cada plano como si fuera único, con una elegancia, una fluidez en el montaje y una mano para los diálogos que asusta de lo fácil que parece. Si encima cuentas con la fotografía de Thierry Larbogast, colaborador de Luc Besson, y una exquisita banda sonora de Gabriel Yared, el de El Paciente Inglés, pues tienes un caballo ganador como pocos se han visto. 

Pero eso no es todo. La guinda del pastel es que Bon Voyage es más que la suma de sus partes. El trasfondo histórico, la rendición de los franceses con la creación del Gobierno de Vichy, la brevísima aparición de De Gaulle de camino a Londres, el espíritu de la Resistance, el caos que se desató en Francia previo a la ocupación, todo conforma el marco donde se desarrolla la acción, para devolvernos la fe en la idea de que las mejores películas bélicas son aquellas donde la guerra es, simplemente, el trasfondo donde se desarrollan las historias humanas, y ésta que Rappeneau nos cuenta aquí es de las mejores. Divertidísima, logradísima, magistral.

Nota:   9

Rafael Martín.

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