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Siempre se ha
dicho que segundas partes nunca fueron buenas, pero
hay un selecto grupo de películas que invalidan esta frase, véase por
ejemplo El Imperio Contraataca o Terminator II. Bien, pues
El Mito de Bourne creo que acaba de entrar en ese grupo, sin superar a
la maravillosa primera parte (El Caso Bourne) pero estando
perfectamente a la altura.
Tal y como dejaba
entrever el final de la primera parte, Jason Bourne vive con Marie. Ambos
disfrutan de la vida en su casita junto al mar en la ciudad de Tánger, pero
a pesar de su tranquila existencia Bourne no deja de recordar pequeños
fragmentos de su etapa como agente secreto. Con la ayuda de Marie, Jason
anota todos los difusos recuerdos en su vieja libreta tratando de
reconstruir el puzzle en el que se ha convertido su vida. Un día entre la
multitud de la ciudad, Bourne ve una cara, un gesto,
una manera de actuar. Su intuición le dice que todo ha vuelto a empezar,
pero ¿seguirá Jason Bourne huyendo eternamente o se enfrentará con su
pasado?.
El Caso Bourne
supuso un verdadero soplo de aire fresco en cuanto a “películas de
espionaje” se refiere, recurriendo a una inusual y un tanto arriesgada
fórmula que consistía en poner a una megaestrella de Hollywood como Matt
Damon, con poca pinta de agente secreto implacable (sinceramente) a las
órdenes de Doug Liman, un director novato en este tipo de pelis y con un
estilo muy europeo acorde con el carácter general de la historia, basada a
su vez en una novela de Robert Ludlum. El resultado fue espectacular, Matt
Damon clavó el personaje y se amoldó perfectamente al “estilo europeo”, la
dirección de Liman fue maravillosamente fresca e inusual para este tipo de
películas y la historia resultó ser interesante, inteligente y con carácter
realista a pesar de todo.
En El Mito de Bourne
la fórmula se repite con otro director de corte europeo como es Paul
Greengrass (Bloody Sunday) que muestra una dirección parecida a la de
Liman pero mucho más vigorosa, con mucha cámara en mano, con planos de
aspecto poco cuidado (con muy poca luz donde sólo se ven siluetas, sobre
todo al principio de la peli), con la cámara siempre un paso por detrás de
Bourne, es decir, Bourne siempre nos muestra el camino, nunca sabemos de
antemano lo que va a hacer o por donde va a pasar. Además la fotografía es
muy buena y bonita, hay una escena al principio debajo del agua que, a pesar
de todo, es preciosa, cuando la veáis sabréis cual es. El único “pero” que
le pongo (y pequeñito) es que introduce demasiada música en algunas escenas,
por lo demás la dirección me ha parecido genial. Otro de los pilares
básicos, Matt Damon, está si cabe más intrigante y misterioso que en la
primera parte (sobre todo al final) y la verdad es que mola un huevo. Hay
muchos que repiten papel como Julia Stiles (Nicky), la encantadora Franka
Potente (Marie), Gabriel Mann (Danny Zorn) y el siempre inconmensurable
Brian Cox (Ward Abbott). También hay nuevos personajes como la agente Pamela
Landy genialmente interpretada por Joan Allen o Kirill, un ruso callado y
con muy malas pulgas que se convertirá en un serio problema para Bourne.
Está interpretado por Karl Urban (El Señor de los Anillos, Las
Crónicas de Riddick), que sorprendentemente vuelve a hacer otro papel de
cara de palo aunque esta vez la verdad es que acojona bastante a diferencia
de Las Crónicas de Riddick.
La trama de la película
es algo más enrevesada que en El Caso Bourne, pero no es
excesivamente difícil de seguir y mantiene la intensidad en todo momento, el
guión de Tony Gilroy es bueno y no deja cabos sueltos, todo encaja a la
perfección. La película empieza con un tono cálido (aunque al principio hay
cosas que te dejan helado) y a medida que transcurre la historia se va
haciendo más y más fría (sólo hay que ver la
cara de Jason Bourne en la parte final de la peli), pero aún así resulta
trepidante en todo momento, en parte gracias a las persecuciones tanto a pie
como en coche. Mención especial hay que hacer a la persecución en coche por
Moscú, es sencillamente increíble, ya le gustaría a Michael Bay rodar algo
así, sí ése al que le mola tanto hacer un Ferrari por ordenador y que le
tiren coches desde un trailer o que un Hummer (o Rebeco como lo llama
Federico Trillo) arrase unas chabolas que explotan aleatoriamente.
Personalmente a mí me gustan más las
persecuciones realistas con coches de calle como la de Ronin por
ejemplo y me parece más espectacular ver un plano de la cara de Jason Bourne
desde dentro del coche y observar por la ventanilla como se acerca un
todoterreno y se estampa contra su puerta, en fin, una gozada. En cuanto a
persecución de coches El Mito de Bourne supera a la primera parte (a
pesar de que también tiene una persecución bestial).
Pues nada sólo deciros que hay que ir a verla, que es otro
peliculón como El Caso Bourne y que si hacen tercera parte me da la
impresión de que la trilogía va a ser la leche.
Nota:
   
9
Daniel Rayado. |