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Junto a esa vergonzosa postal de navidad japonesa que es El Último
Samurai, (protagonizada por Tom Cruise, Tom Cruise, Tom Cruise y,
disfrazado de caballo, Tom Cruise, con un cameo especial no acreditado de,
ojo, Tom Cruise) esta semana nos ha llegado también una comedia ligerita
desde las Islas Británicas llamada Las Chicas del Calendario. Una
película la mar de amable para pasar el ratejo.
Con el objetivo de comprar un sofá mas cómodo para la sala de espera de un
hospital en el que acaba de fallecer el marido de Annie (Julie Walters,
vista en Billy Elliot); su mejor amiga, Chris (Helen Mirren,
simplemente sensacional) y el resto de compañeras del Instituto de la Mujer
de la preciosa ciudad de Rystone, se deciden a hacer un calendario en el que
salen todas como Dios las trajo al mundo. La gracia de todo este asunto no
es si consiguen o no hacer el calendario. Eso se consigue a los veinte
minutos de película. El problema es que el grupo de mujeres se convierten en
superestrellas, lo que les supondrá abandonar la rutina diaria y abrirse a
un mundo nuevo, libres y alejadas de sus maridos. Cada una de ellas tratará
esta nueva situación de una forma distinta.
No se me equivoque nadie. Esto no es Full Monty, película con la que
comparte únicamente el rasgo de ser una obra coral en la que intervienen
varios personajes (que se desnudan). El problema es que para hacer eso, y
bien, se necesita más de hora y media. La escasa duración de la película
impide que la gran cantidad de historias que pululan por todo el metraje
queden bien hilvanadas. Sin embargo, muchos de los aspectos están
perfectamente resueltos, sobre todo la relación entre las dos amigas. Si
bien Julie Walters está pelín apagadilla, Helen Mirren como Chris es un
terremoto, sobre todo en los brillantísimos gags iniciales de la película
(el del pastel de Marks & Spencer es para no perderselo). Pedazo de papel el
de la Mirren, que se desenvuelve como pez en el agua en la comedia, por
cierto.
Es una película de lo mas sencilla. Con cronómetro en mano, uno puede casi
predecir si la escena siguiente va a ser desternillante, cómica, rutinaria o
de sacar pañuelos. Nigel Cole, cuya experiencia anterior se reduce a
documentales producidos en el frondoso bosque que es la televisión pública
británica, se limita a poner la cámara en un sitio y dejar que las actrices,
que tienen mas tablas que un parqué, se cachondeen a gusto. Sin embargo, la
película presenta ciertos problemas ya que una vez nos enseña todas sus
cartas (es decir, las chicas consiguen hacer el calendario), no sabe muy
bien como seguir, y se inventa situaciones un pelín forzadas para salir
adelante, con un par de secuencias que definitivamente sobran. Nada del otro
mundo, por lo tanto, pero vamos, mucho más tolerable que otras desgracias
que están por la cartelera y que servidor se está tragando entre pecho y
espalda. A la espera ese atentado cinematográfico que será La sonrisa de
Mona Lisa, y que comentará mi señor padre, no está nada mal este pequeño
oasis de calma entre tantos infiltrados y samuráis varios. De lo mas
normalita, vamos.
Nota:
 
5
Rafael Martín. |