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Antes de comenzar con la crítica de esta
película, creo que es conveniente aclarar cinco puntos de partida previos y
personales sin los cuales no se entendería la carnicería que me propongo a
cometer:
Primero:
Desconozco la extraña razón por la cual en cada película que protagoniza
Silke, el público está obligado a ver su cuerpo desnudo. Parece que sea una
exigencia del guión, cuando en realidad es una escena que no sirve para
nada, salvo para meterla en el trailer y hacer pensar a cuatro salidos que
la peli merece la pena por el mero hecho de que salgan dos tetas. Hay que
madurar un poco, señores, que la época del destape español ya pasó...
Segundo: Así
mismo desconozco la razón que lleva a los directores a contratar a la propia
Silke como actriz ¡protagonista!, cuando no sólo es incapaz de gesticular e
interpretar según las situaciones (unifacética cara de enfado) sino que el
hecho de que arrastre las “eses” durante 105 minutos de película puede
resultar irritante (¡¡Que alguien la doble por favorrrrr!!).
Tercero: No sé
por qué misteriosa escuela cinematográfica, muchos directores españoles
tienen la curiosa manía de cerrar filmes de terror con un final que dura
media hora o más. Que si escapo, que si persecución, que si te acorralo, que
si tiroteo, que si tengo a tus amigos, que si un malo dispara a otro malo,
que si te salvo en el último segundo... ¿Es que no podemos dejar a los malos
siendo malos siempre y los buenos resolviéndolo todo en poco rato?... ¡¡que
nos aburrimos, oiga... !!
Cuarto: Mi amigo Rafa comentaba en la crítica
de Cazadores de mentes que los personajes iban cambiando en su
comportamiento según la trama se centraba en ellos. Algo parecido sucede no
solo en Cámara oscura, sino en otras de terror al estilo de Tuno negro
o Más de mil cámaras velan por tu seguridad. Te metes en la
psicología de los personajes, los vas conociendo por su comportamiento ante
la cámara y a mitad de película cambian de registro, y poco más adelante,
vuelven a cambiar... ¿En qué quedamos? En ésta, los cambios vienen
acompañados por perlas como “Eres un cabr...” o “Cállate/Déjame gilipo...”.
Lo que esto provoca no es simplemente el mareo del espectador, sino que en
ningún momento creamos a ningún personaje cuyas acciones dependen del
capricho de un guión enrevesado.
Quinto: Otra escuela cinematográfica muy
dominante en la actualidad es la que postula que cuanto más alta y más
misteriosa sea la música que pongas a una peli de terror o a una de
suspense, más intriga se consigue. MENTIRA. Y si no buscar en El Sexto
Sentido o El Protegido música de misterio o golpes de efecto que
asusten. En Cámara oscura, la situación llega al extremo de mostrar un plano
aéreo del barco donde trascurre la acción, con esta música. Aparte de
innecesario es absurdo porque el director ya había conseguido asustar
mostrando a 3 hombres con impermeables y sin rostro, asesinar y arrojar por
la borda a otro individuo.
En fin, no
penséis que me he cebado con la película porque podría seguir sacando cosas
y sin embargo quiero destacar algunos méritos de la misma. Tal vez el que
más me ha gustado es un plano contrapicado en el que Unax Ugalde se sumerge
bajo el agua y observa como uno de los asesinos les busca. La cámara pasa a
un color marrón y la escena queda en silencio (¡¡sin música!!) solo con el
sonido de los pasos del psicópata al que de nuevo no vemos el rostro. Se
siente miedo. Igual que ante el personaje de Lluís Homar, que logra uno de
esos malos que asustan con lo que dicen y no con lo que hacen (salvando las
distancias, un Anthony Hopkins en El Silencio de los Corderos).
Y poco
más. Una expedición de submarinistas pierden la barca en la que viajan y
quedan perdidos en el océano. Encuentran el susodicho “barco maligno” y
deciden ocultarse allí hasta que lleguen a la costa sin ser vistos por la
calaña que lo tripula. La historia no da mucho más de sí y se estira
innecesariamente aunque sin perder la lógica. Una película que debería ser
de 0, pero que se salva en momentos puntuales.
Nota:

3
Juan Ignacio Herrero Vicente (colaborador).
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