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En la primera escena un hombre desnudo
contempla la televisión, de pie, en la habitación de un hotel. Es Chuck
Barris, posiblemente el creador de los concursos de parejas contemporáneos
(del tipo Vivan los Novios, Contacto con Tacto, y cosas así).
Vendernos la historia de que este hombre fue, durante veinte años, uno de
los mejores asesinos profesionales de la historia de la CIA debería ser la
principal dificultad con la que se enfrentan George Clooney, en su debut en
la dirección, y el superguionista Charlie Kaufman (Adaptation,
Como Ser John Malkovich).
He dicho debería porque una vez vista la
película no da en ningún momento la sensación de que haya existido alguna
vez el problema de combinar esos dos mundos tan dispares. Ahí está la clave
que convierte a Confesiones… en la peli que es. Porque es muy buena.
No es genial, pero es muy buena. En realidad, sufre del tremendo problema
que tienen muchas de las películas de Kaufman: es tan inteligente, tan
astuta, tan creativa, que muchas veces se pierde el contacto con los
personajes, con el toque humano. George Clooney equilibra la balanza con una
dirección que, a pesar de ser visualmente bastante impactante, presta mucho
cuidado a los detalles y a la evolución de los personajes.
En mi opinión, lo mejor de Clooney es lo bien
que marca el tono del film. No es una comedia, pero tampoco es un drama, ni
mucho menos. Es la historia de un hombre que no es realmente peligroso, pero
sí tremendamente complicado, como el resto de personajes que le rodean. Sam
Rockwell, en el que es posiblemente la mejor interpretación en lo que vamos
de año, realiza una creación que supera las limitaciones del personaje, y
devora la película. El resto de actores, deliberadamente, se encuentran en
un perfil bajo para dejar que se luzca a lo grande.
Desde la década de los 40 a los 60, con la
explosión de la tele, Barris no solo desarrolla una nueva forma de entender
las relaciones de pareja, sino que las hará públicas, al alcance de todo el
mundo con su programa “El juego de las citas”: parejas que se entremezclan
entre sí de una forma tan arbitraria y fría como las relaciones que tiene el
propio Barris con las mujeres. Un hombre tan vacío por dentro que se
convierte, debido a su personalidad infantil y a su carencia de escrúpulos,
en el asesino ideal. Ambas líneas narrativas están muy cuidadas, y Kaufman
las relaciona de una forma brillante: Barris acompaña a las parejas
ganadoras a destinos “exoticos” mientras realiza sus encargos para Jim Byrd
(George Clooney), su jefe y mentor.
Cuando es una comedia, es muy divertida (lo
mejor, el período de entrenamiento de Barris). En su trama de espionaje, es
relativamente interesante (sobre todo con la aparición de un doble agente
que amenaza la vida de Barris) pero obstaculizada por la presencia de Julia
Roberts, que no lo hace mal pero esta un poco metida con calzador. Y cuando
es un drama romántico, los intentos de convertir a Barris en un ser humano
con problemas emocionales solo se resuelven con la presencia de Drew
Barrymore en pantalla, en su mejor papel… desde E.T. En definitiva,
una de las mejores propuestas del verano cinematográfico. Clooney promete
maneras.
Un último apunte, atención a los cameos de
Brad Pitt, Matt Damon y a la breve, pero espléndida interpretación de Rutger
Hauer, que muy pronto puede volver a estar arribita del todo.
LO MEJOR:
-
Sam Rockwell y Drew
Barrymore.
- El guión.
- La puesta en escena de
Clooney.
- O sea, casi todo.
LO PEOR:
-
Una mezcla de géneros que confunde al espectador: es una mezcla de drama
romántico, pero sórdido; una comedia elegante, pero guarra; una trama de
espionaje inteligente y sutil, pero violenta. No apta para todos los
públicos.
Nota:
   
8,5
Rafael Martín. |