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Tras ver Crimen Ferpecto uno se podría
preguntar si Alex de la Iglesia puede ser el mejor director de cine español
en activo. Si puede ser mejor que Alejandro Amenábar. Si puede ser mejor que
Pedro Almodóvar. Si puede ser mejor que Fernando León de Aranoa.
Crimen Ferpecto es una bestia parda.
Es su mejor película después de La Comunidad, y es también una
esperada recuperación tras la algo decepcionante 800 Balas. Es el
retorno del realizador vasco a su terreno, al lugar que mejor conoce: a la
España grotesca y exagerada. Pero esta vez, y en cuestión de ritmo, va a
toda pastilla. Crimen Ferpecto es un tiro de película.
Rafael (Guillermo Toledo) es el rey de los
grandes almacenes Yeyo’s. Su dominio sobre la sección de ropa de señoras es
absoluto. Aparte de tirarse a todas las dependientas y vender casi cualquier
cosa que a uno se le puede pasar por la cabeza con una facilidad increíble,
vive la vida como Dios, a la espera de convertir su sueño en realidad: ser
jefe de planta y accionista de la empresa para la que trabaja… claro está si
su máximo rival, el repelente Don Antonio (Luis Varela) no le quita el
puesto. Cosa que al final sucede. Fatalidades del destino, un triste
accidente pondrá el futuro de Rafael en manos de Lourdes (Mónica Cervera),
el callo malayo de las dependientas de señoras y enamorada del pobre chaval
desde hace mucho tiempo. Para Rafael los días de vino y rosas se han acabado
y la neurosis comienza a hacer efecto. Es la hora del Crimen Ferpecto.
Alex de la Iglesia vuelve a estar en forma.
Regresa a los espacios cerrados (la acción casi nunca se separa de los
grandes almacenes, mezcla de Disneylandia y mazmorras) y machaca sin piedad
el consumismo y los medios de comunicación, pero nunca sin perder el ojo en
la historia que nos cuenta, que es, como casi siempre, una mezcla donde el
thriller y la comedia negra se dan la mano. Como comedia es hilarante (las
escenas en casa de Lourdes, con su familia, ejem, “disfuncional” son para
partirse). Como peli de suspense es brillante. De la Iglesia pone la quinta
y, apoyado por un espléndido trabajo de cámara, mantiene a la historia y a
los personajes a todo tren sin perder nunca el sentido del ritmo a través de
múltiples giros de guión, sorpresas, sustos y mucha sangre.
Los actores están genial, en particular
Guillermo Toledo y Mónica Cervera, pareja imposible unida por el azar y las
circunstancias. Pero son los secundarios los que ponen la salsa: desde
Fernando Tejero como repugnante pelota hasta Luis Varela como encarnación
del Anticristo en forma de dependiente de sección de caballeros. Ellos son
la España “rara” que tanto le gusta al director.
Entonces: ¿es el mejor?. Sí, por lo menos en
mi opinión. Ahora mismo, Alex de la Iglesia es el mejor director de cine que
hay en España. El más completo. El que mejor maneja la cámara. El que mejor
controla a sus actores, y el que mejor y mas ácidamente refleja la sociedad
de nuestros días. Es el rey del dificilísimo género de las comedias
esperpénticas. Cuando estas pelis las hacía Berlanga, nadie se atrevía a
quitarse su condición de genio indiscutible del cine. No hagamos ahora lo
mismo con este señor.
A verla.
LO MEJOR:
- La labor de Alex de la Iglesia, destacada
una y mil veces en esta crítica. Te puedes hacer una idea de por donde van a
ir los tiros, pero siempre te sorprende y te gana por la mano. Nunca sabes
lo que va a suceder, y llega un momento en el que todo puede ocurrir. Eso
provoca una sensación rara vez vista en el cine español: entretenimiento.
- El fenomenal trabajo de Guillermo Toledo y
el anuncio de que, a la espera de que vuelva a mostrarnos su peor cara en la
secuela de Al Otro Lado de la Cama, este hombre se ha ganado mi
perdón y mi respeto. El tío esta bestial. Como casi todos los secundarios.
- La música de Roque Baños.
LO PEOR:
- Nada. La Comunidad sigue siendo la
mejor película de De La Iglesia porque quizás Crimen Ferpecto es un
poco menos enfermiza, y menos terrorífica, y, por mucho que cueste creerlo,
tiene más los pies en la tierra. Es más ligera y el final deja contentos a
todos. Pero sigue siendo un peliculón.
Nota:
   
8,5
Rafael Martín. |