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Esta es una de esas películas que llega
precedida por su mala prensa. Todo empezó con el rodaje de Paul Schrader,
que una vez acabada la película la presentó a los productores y estos
rechazaron su trabajo, al parecer por tener poca casquería, contratando a
Renny Harlin que rehizo la película por completo. Luego nos llegaron las
nefastas críticas de la película de Harlin desde USA. Ahora, por fin,
podemos comprobar que hay de cierto en todo esto.
La película nos sitúa en la región de Turkana,
en Kenia, donde acaba de aparecer enterrada una iglesia cristiana de una
época mucho anterior a la llegada del cristianismo a esa zona de África. Un
coleccionista contrata al Lancaster Merrin, de los Merrin de toda la vida,
para que recupere una reliquia que parece estar dentro de la iglesia. Merrin
llega a la zona y ve que desde que se han iniciado las excavaciones un
montón de hechos inexplicables y terribles están teniendo lugar. Aún así su
falta de fe le hace no abrir los ojos ante la evidencia.
OK. La premisa no es demasiado novedosa
respecto a la película original, pero tiene suficientes elementos para dar
lugar a una historia interesante. La película empieza estupendamente, la
primera secuencia es brutal y muy impactante y la primera mitad de la
película consigue mantener el interés porque aún estamos descubriendo unas
cuantas cosas. Aún así empezamos a ver la falta de ideas de Harlin o del
guión que dirige, que desde el principio nos fotocopia unos cuantos recursos
del primer filme (la ciudad con el martilleo de los herreros, el reloj que
se para de repente...). Una cosa es hacer un guiño o un homenaje y otra cosa
es hacer veinte.
Según avanza la película la cosa empieza a
flojear, se bloquea porque ya desde el principio está todo dispuesto para
que venga el demonio y empiece a hacer de las suyas. Así que Merrin se va y
viene de la excavación a la residencia de la doctora donde se van sucediendo
sustos variados que te tienen en vilo, pero tampoco mucho.
Como en muchos guiones mal resueltos no falta
ese giro final donde las cosas no son lo que parecían, el recurso ideal para
sorprender al espectador cuando la cosa no da más de sí, solo que no
sorprende a nadie. Así la cosa llega al necesario y previsible exorcismo
(que es de lo que va la peli), sólo que en vez de en una cama tiene lugar en
un entramado de galerías subterráneas y donde Harlin saca tajada del juego
que da siempre tener un entorno sin luz: 360 grados desde los que el demonio
puede sorprender al padre Merrin.
La película tampoco es que sea el patatón que
pensábamos que se avecinaba, pero no llega ni a la suela del zapato de la
original. Harlin deja de lado la atmósfera de terror para centrarse más en
los sustos a base de efectos de sonido o de la banda sonora. Posiblemente
ese sea el fallo principal de la película, que al dejar de lado el clima y
centrarse en los sustos, resta carisma, por decirlo de algún modo, al
demonio que posee a uno de los personajes. Ese fallo se ve rematado con el
abuso de unos efectos digital realmente mierderos (esa es la palabra) para
los tiempos que corren, no hay más que fijarse en las hienas y las moscas de
la película que parecen propias de telefilme chungo de sobremesa en Antena
3. Dan auténtica vergüenza, más aún pensando en que posiblemente sean así de
malos porque se ha querido ahorrar a la hora de repetir la película.
El resultado final es una película
entretenidilla, que da dos o tres buenos sustos y que tiene una correcta
interpretación de Stellan Skarsgard, pero que decepcionará a cualquiera que
haya visto la primera parte o que simplemente sepa apreciar el buen cine de
terror.
Nota:

4
Javier Ruiz de Arcaute. |