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El año pasado Michael Moore sacudió la
conciencia americana y la de medio mundo con su documental Bowling for
Columbine, en el que se investigaban las posibles causas que hacían de
un país como Estados Unidos, adalid del mundo "civilizado", el que más
muertes violentas tenía del mundo, o al menos del mundo "moderno". Michael
Moore, un hombre crítico y de fuertes convicciones iba con una idea
premeditada, lo cual no le quitaba legitimidad y menos aún razón en sus
argumentaciones, que justificaba con testimonios y hechos.
Capturing the Friedmans, galardonado
como mejor documental la semana pasada en el festival Documenta Madrid, es un
documental muy distinto en muchos aspectos, el protagonista no es el
director (Andrew Jarecki), ni tampoco hace ningún planteamiento o testimonio
sobre el tema que analiza, simplemente se limita a recoger testimonios. Pero
por otro lado tiene algo que lo asemeja mucho al documental de Moore, la
capacidad de poner en tela de juicio el sistema de valores y la sociedad
norteamericana en general.
Capturing the Friedmans recoge los
hechos que tuvieron lugar durante el arresto, juicio y condena de dos de los
miembros de la familia Friedman, el padre de familia, Arnold, y el hijo
menor Jesse. Estos dos hombres fueron condenados a sendas penas de prisión
por haber cometido numerosos abusos a menores durante las clases
particulares de informática que Arnold daba a distintos niños de la
ostentosa comunidad en la que vivía.
Durante toda la película veremos como se
sucedieron los hechos y como evolucionó la investigación. Sentiremos y
veremos lo que en aquellos años observó la opinión pública americana hasta
que se nos muestra que no todo es lo que parece, que es muy fácil hacernos
una idea previa de todo sin tener pruebas. Los testimonios, las pruebas y un
juicio mediatizado tuvo fatales consecuencias para los Friedman y también
para las familias de los alumnos de Arnold Friedman.
Es un excelente documental que narra en
perfecto paralelismo el juicio de la familia (tanto legal como social) y el
desmoronamiento de la misma, con una esposa huidiza ante tal situación y
unos hijos que apoyaban a su padre a la vez que se iban desquiciando más y
más, sobre todo David, el mayor. Un trabajo, que tal y como lo define el hijo
menor, que pasó 13 años en la cárcel, "es el juicio que
nunca tuvimos". Una gran obra que merece la pena ver porque incluso hace
replantearse a uno mismo hasta que punto se puede ser imparcial cuando
tienes delante de tu cara a unos posibles "culpables" de un delito tan
horrible, hasta que punto los prejuicios de uno mismo (ante este u otros
temas) pueden acabar por imponerse a la realidad.
Nota:
   
9
Javier Ruiz de Arcaute. |