|
El auge del cine de terror oriental no ha
tardado en tener su repercusión en Hollywood. Al principio fue The Ring,
que en 1998 fue toda una sorpresa y que fue merecidamente vencedora en el
Festival de Sitges de aquel mismo año. En el 2002 ya pudimos ver el remake
americano que, aunque siendo bastante calcado, introducía novedades tanto argumentales como técnicas que lograron superar a su predecesora. Desde
entonces lo de los remakes de taquillazos de terror asiático está a la orden
del día y el título que nos toca aquí es el segundo que llega a las
pantallas.
Al igual que la original (Ju-On: La
Maldición) esta película nos sitúa en Japón aunque en este caso la
protagonista es una norteamericana de intercambio, Karen (Sarah Michelle
Gellar). Karen debe cumplir parte de sus créditos en prácticas, y en el lugar
en el que trabaja le toca sustituir a Yoko, una chica que no ha ido a
trabajar ese día. La tarea de Yoko, como se ve nada más empezar la película,
consiste en ir a cuidar a una anciana senil de una familia, también
norteamericana, recién trasladada a Japón. Pero la casa en la que realiza su
trabajo esconde una maldición que será su fin y el motivo por el que no
acuda a su trabajo.
Sin duda es un comienzo no muy original pero
en principio bastante prometedor como película de terror. El problema de la
película es que es un calco exacto a la original. Cuando digo exacto no me
refiero al caso de The Ring, que era muy parecida pero con cambios considerables en la historia, me
refiero a que es un "corta y pega". Misma casa, mismos fantasmas, mismos
sustos... La única diferencia es que la protagonista es Sarah Michelle
Gellar (la cazavampiros karateka de ese engendro de serie que es Buffy)
y que tiene un novio que sale en un par de escenas. Si la película original
fuese buena, al menos tendríamos una copia de una buena cinta, pero no lo es.
Tanto esta como la original han tenido un muy notable resultado en la
taquilla pero cometen los mismos fallos, son un batiburrillo de historias
que han llenado de sustos porque no saben que más contar.
El director es Takashi Shimizu, el mismo de
la original, y eso hace comprensible que la película se asemeje tanto a la
primera, pero por otro lado no se entiende como no ha revisado seriamente
el material original conociendo de primera mano los fallos y puntos flacos
de aquella película. Shimizu ha dado el salto a Hollywood de la forma más
floja posible, copiándose a si mismo.
Pero sería injusto decir que la película no
cumpla hasta cierto punto su cometido principal, que es asustar. Tenemos a
dos fantasmas haciendo de las suyas y una banda sonora típica de terror, de esas que suben el volumen de
los violines justo antes de darte el susto, algo muy típico que por otro
lado no había en La Maldición y que hacía que ésta fuera bastante más
sosa que su remake.
Los fantasmas y las escenas que interpretan
son exactamente iguales, de hecho son los mismos actores los que hacen de
"el niño que maúlla" y "la mujer que hacer aire para dentro". No me he
vuelto loco, es lo que hacen estos fantasmas, ruiditos.
Al final no es más que una copia totalmente
innecesaria, pero rentable, de una muy floja película de terror de la que ya
se prepara el remake de la secuela. Para los
amantes del género poco exigentes.
Nota:

3
Javier Ruiz de Arcaute. |