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Hero nos sitúa en la China del siglo III a.C., justo en la
época previa a la unificación de los siete reinos en que estaba dividida.
Precisamente el reino de Qin era quien buscaba la unificación, si era
preciso mediante la fuerza. En ese contexto encontramos al protagonista Sin
Nombre (el generalmente desastroso Jet Li), así le llamaron siendo huérfano, que se presenta en el
palacio del rey de Qin para notificar que ha acabado con los tres asesinos
más peligrosos que pretendían matar al monarca, Viento (Donnie Yen), Nieve (Maggie
Cheung) y Espada Rota (Tony Leung, uno de los mejores actores asiáticos). Sin Nombre es recibido por el rey como
un héroe y por ello es recompensado con fortunas, tierras y el derecho a
acercarse a diez pasos del rey. El rey le pide que le cuente cómo se deshizo
de sus enemigos y Sin Nombre relata su versión, una versión que sin embargo
no satisface al rey, que intuye que no está contando la verdad.
Con esta premisa, somos
testigos de diferentes versiones de la misma historia: la que cuenta Sin
Nombre, la que el rey considera cierta y finalmente la verdadera. Para
narrar estas historias Zhang Yimou, director merecidamente reconocido en
todo el mundo por películas como Ni Uno Menos o Keep Cool, se sirve de la
utilización de distintos colores de un modo muy semejante al que se empleaba
en Traffic, solo que en vez de utilizar un color para cada localización,
utiliza un color para cada versión de la historia. Zhang Yimou se centra en
lo poético de la historia, en los códigos de honor de los distintos
personajes y en sus relaciones personales y para ello se recrea en lo
puramente estético de la película, utilizando el contraste de los colores,
la cámara lenta, las espectaculares peleas, que más parecen una danza, y los
paisajes.
No se trata por tanto de una
película de suspense o de acción al uso, no es una historia al servicio de
la acción como la mayoría de las películas que incluyen artes marciales, ni
siquiera es como Tigre y Dragón, la película que a priori más se le asemeja, es mucho
más estética y menos "adrenalínica". Se trata de contar una antigua leyenda
mezclada con hechos históricos, contada a modo de un cuento épico y
evocador.
La mayor pega de la película
es su lentitud, que puede gustar o no, pero que va necesariamente unida a
una película de estas características. No olvidemos que se trata de una
película china al estilo más tradicional y basada en antiguos relatos épicos
donde la lucha se entiende como un arte, donde la destreza y la fuerza valen
tanto para la espada como para la caligrafía china (de la que se habla mucho
en la película), donde el honor y la lealtad son el motor de cada uno de los
personajes y donde todos estos aspectos parten de una concepción muy
espiritual de la vida y ya sabemos todos que eso implica "paz interior" y
toda esa serie de conceptos que al menos a mí, me resultan bastante confusos
a pesar de haberlos oído mil veces.
En definitiva, hay que ir
sabiendo que no vamos a ver una película tipo Matrix, repleta de acción
trepidante, que no es una película para el gran público y que más de uno
puede salir decepcionado si espera ver una película de palomitas. En cambio,
quien busque algo distinto, quien disfrute con todo el aspecto visual de un
filme, puede encontrarse con un regalo para la vista y una de las películas
más atractivas del año.
Nota:
  
7
Javier Ruiz de Arcaute. |