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La recta final de la
temporada cinematográfica nos trae la mejor película de Ridley Scott desde
Gladiator. Muy superior a Hannibal y a, válgame Dios, Black
Hawk Derribado, Los Impostores supone el
regreso del director británico a su etapa más reposada, como cuando hacía
Thelma & Louise o Los Duelistas. Si me apuráis un poco, esta
película, por muy menor que sea, supone uno de los mayores triunfos
recientes para Ridley Scott: su labor tras las cámaras en combinación con la
actuación de la pareja principal (Lohman y Cage) supera las limitaciones y
las deficiencias del material original (que no es sino una actualización de
decenas de películas de timos que se han realizado antes).
Roy Waller (Cage) es un
timador de primera y un neurótico de cuidado, poseído por ataques de tics
compulsivos que sobrelleva a duras penas gracias a la ayuda y la compañía de
su socio Frank Mercer (Rockwell). El timo de sus vidas se presenta cuando
tienen la oportunidad de estafar a un magnate pardillo, Chuck Frechette
(Bruce McGill, felizmente recuperado de su etapa juvenil como compañero de
andanzas de MacGyver. Argh.).
El problema viene en forma de niña de 14 años, Angela (Alison Lohman), la
hija de Waller a la que éste no ha visto en su vida. El encuentro entre la
niña y el padre es el eje central de la película y el mayor acierto. Cage y
Lohman están espléndidos, particularmente el primero, que logra superar el
estereotipo de maníaco compulsivo para dejarnos ver a un hombre que
realmente disfruta de la vida cuando su hija esta al lado.
Puede que Johnny Depp se
haya ganado el título de rarito oficial de Hollywood, pero es que lo lleva
en las venas. Cage se lo gana a pulso. Puede que durante años Cage haya sido
un “quiero y no puedo” en lo que se refiere a capacidades interpretativas,
con tanto exceso de por medio (Leaving Las
Vegas, eh, so modernitos???), pero poco a poco va
encontrando el equilibrio y la calma en sus composiciones. Lohman, por su
parte, está llena de energía y se adapta al personaje como un guante. Los
impostores no solo mantiene el suspense en su parte de intriga, sino también
en los momentos que se centran en la relación padre-hija, de una gran
sinceridad y emoción. Ridley Scott supera con habilidad visual los momentos
más endebles de la historia gracias a una puesta en escena que prescinde en
su segunda parte de artificios y efectitos visuales que pueden llegar a
incomodar en los primeros minutos del film. El resto de los actores se
encuentra a un nivel aceptable. Lástima que Sam Rockwell esté a veces, un
poco desaprovechado: entre Cage y Lohman, su personaje parece una quinta
rueda que sirve para que avance la acción de la película.
Scott puede que carezca
de la inspiración que le llevó a regalarnos hace veinte años Blade Runner,
pero el talento sigue ahí. Lo que sucede es que es el material el que no
está a la altura. El giro final se encarga de demostrarnos que, a pesar de
todo, Los impostores sigues siendo una película de timos y argucias varias,
pero Scott, en un epílogo de los que sientan cátedra, aprovecha para dar la
puntilla final en una escena que por sí sola merece el visionado de la peli,
dando un giro positivo y optimista donde antes sólo había desesperación.
Pero por si nada de lo que he dicho aquí os atrae a verla, un par de apuntes
más: es muy, muy entretenida y es moderadamente cortita. Obra menor de Scott
pero que, no os quepa duda, ganará con el paso del tiempo.
Nota:
  
7
Rafael Martín. |