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Curioso cambio de aires
el que ha dado el director irlandés. Si bien es considerado unánimemente
como un director mucho más efectista y hollywoodiense, por así decirlo, que
colegas suyos como Ken Loach o Mike Leigh, casi nadie podría esperar que el
director de The Boxer o En el Nombre del
Padre entrara de lleno en el terreno del realismo
mágico, un género en el que es muy fácil hundirse en el barro.
En América es la
historia de la familia Sullivan: el padre, John (Paddy Considine), la madre,
Sarah (Morton), y sus dos hijas, Ariel y Christy (Emma y Sarah Bolger,
respectivamente). A todos ellos les acompaña el recuerdo de Frankie, el
pequeño de la familia, fallecido a causa de un lamentable accidente. Una vez
llegados a la tierra de las oportunidades, el relato de sus vidas se
extenderá durante todo un año, a través del cual veremos América de una
forma idealizada a veces, terriblemente realista en otras.
Que quede claro que En
América no es una mala película. Ya quisieran
muchos cuentistas de dramas varios tener una décima parte del talento de
Sheridan para manejar el ritmo de la película. Pero lo que ocurre es que
podría haber sido mucho mejor, y para empezar todo comienza con los actores,
que por desgracia, restan bastantes puntos a la película, por la frialdad de
Samantha Morton (que no se diferencia mucho de Agatha, su gélido personaje
en Minority Report) y por la incapacidad de Considine en hacernos
llegar un personaje que lleva Daniel Day-Lewis escrito en la frente.
Por desgracia, uno no llega a acercarse del todo a la familia ni a vivir las
experiencias que tienen como propias, por esa frialdad y distanciamiento que
nos produce la pareja principal. Sin embargo, menos mal que ahí están las
hermanas Bolger, en especial la pequeña Emma, que nos proporciona los
momentos más divertidos. El feroz Hounsou (actor de gran talento y tremendo
carácter) hace lo que puede con su estrambótico papel de pintor brujo
agonizante de ¿sida?, ¿cancer?, vecino de la familia en el cochambroso
edificio donde viven, pero tampoco es suficiente.
En América
es demasiado pastelazo para mi gusto. Demasiadas emociones a flor de piel
que le restan intensidad por acumulación: se suceden una detrás de otra sin
parar y cada actor tiene sus cinco minutitos para demostrar lo que es capaz
de hacer aunque la historia no lo requiera. El ambiente mágico de Sheridan
funciona a ratos, (como la secuencia del muñeco de E.T.,
por muy increíble que ésta sea), pero muchas veces resulta excesiva y mal
integrada en la historia (el momento en el que John y Sarah se acuestan
juntos en medio de una tormenta que parece sacada de Master And Commander
– inciso por si mi amigo Javi hace la crítica de la película de Russell
Crowe, en dos palabras: obra maestra). Eso sí, la fotografía de Declan Quinn
es muy buena y la música de Gavin friday y Maurice Seezer, habituales
colaboradores del director acompaña sin estridencias. Yo la recomendaría
frente a otras opciones tipo película familiar kleenex con Julia Roberts,
pero no se pierden nada si esperan a que salga en video.
Nota:
 
5,5
Rafael Martín. |