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Cuando creas una obra capital en la cultura de los 90, si
eres lo suficientemente inteligente, haces todo lo posible para que las
expectativas sobre tu siguiente película no acaben por devorarte. Ante esa
situación puedes hacer dos cosas: o rompes con tu estilo anterior y haces
una película mas seria, o sigues tus principios, pisas el acelerador y subes
el listón unos centímetros más. Jackie Brown, estrenada en 1997, es un
intento de hacer una obra más seria, más madura, al margen de lo que la
gente espere de ti. A mí me encantó Jackie Brown. El problema es que fue
superada por las expectativas creadas. Entonces, me imagino que a Quentin le
quedó claro que ese no era el camino a seguir, al menos para seguir
manteniendo el estatus comercial que tanta fama le dio.
Así que hizo Kill Bill. Y Kill Bill no solo sube el listón
unos centímetros más: lo coge, le pega una patada y lo manda hasta la luna. No solo es la película norteamericana más violenta jamás vista. Es la
película friki que Tarantino siempre quiso hacer: una exageración de las
películas japonesas de los años 70, con millones y millones de referencias a
films de Hong Kong que Tarantino habrá visto en no se que oscuro videoclub.
Tenemos a la Novia (Uma Thurman), una ex-asesina que despierta
de un coma de cinco años tras ser apaleada, machacada y disparada el día de
su boda por sus antiguos compañeros de armas, liderados por Bill (David
Carradine, al que nunca se le ve la cara). Privada del bebé que se
encontraba en su vientre y abusada sexualmente durante su estancia en el
hospital, la Novia, cuyo auténtico nombre es ocultado deliberadamente por
Tarantino con un beep, se lanza a una brutal venganza contra sus
antiguos compañeros, el escuadrón D.I.V.A.S., para culminar con la muerte
del hombre que la privó de todo lo bueno que ha conocido en su vida, y para
ello deberá contar con la ayuda del más grande creador de espadas de todos
los tiempos: Hattori Hanzo (el legendario actor de artes marciales Sonny
Chiba). Sus dos primeros objetivos: Vernita Green (Vivica A. Fox), ahora
reformada en ama de casa; y O-Ren Ishii (Lucy Liu), la dueña y señora de
imperio criminal de los Yakuza.
Y este es el resumen general de la trama. Ahora bien, si esto
os parece trillado mil y una veces, la manera en la que Tarantino nos
desarrolla la historia no tiene nada de convencional. No sólo vuelve a hacer
virguerías con el tiempo narrativo (cosa que no creo que sea necesaria en
una película de estas características) sino que pone, por primera vez, toda
la carne en el asador en cuanto a trabajo de cámara se refiere. Y es un
verdadero triunfo: la fotografía de Robert Richardson, habitual colaborador
de Scorsese y el montaje de Sally Menke son sencillamente espectaculares, y
el ritmo de Tarantino se adapta con igual virtuosismo a un diálogo que a una
batalla, aprovechando las posibilidades del panorámico en todo su
esplendor. Resultaba curioso preguntarse acerca de las habilidades del
director en el ámbito del cine de acción puro y duro, pero la verdad es que
pasa la nota con mucho. En ningún momento la acción resulta confusa o
mareante y los últimos 20 minutos, en los que Thurman se enfrenta a los
ochenta y ocho (¡) guardaespaldas de O-Ren Ishii, (una de sus antiguas
compañeras) son una buena muestra de ello. Y más: empleo del blanco y negro,
iluminación en violeta, cámara superlenta, dessaturaciones, planos secuencia
de cinco minutos (el recorrido que hace la novia por “La casa de las hojas
azules”, el restaurante de O-Ren), picados, contrapicados…en fin, un delirio
visual.
Pero lo que hace de Kill Bill lo que es vuelve a estar en el
guión. A lo largo del camino, la novia se encontrará con sus antiguos
compañeros, unos reformados y con familia (Vernita Green), otros
alcoholizados (Michael Madsen, en el futuro Volumen 2) y otros que han
seguido su camino al lado de Bill, como Elle Driver, con el rostro de Daryl
Hannah, o la propia O-Ren (Lucy Liu, pasándoselo en grande y por fin,
interpretando un personaje como es mandado). Cada uno de ellos es una
oportunidad para hacer examen de la venganza desde diversos puntos de vista.
Y cada uno de ellos se encontrará al final con La Novia, o lo que es lo
mismo, Uma Thurman en el papel de su vida, porque es pura dinamita:
seductora, implacable, vulnerable, cínica y lo que le echen. Ningún actor
parece sobrar en esta película, y Tarantino se encarga de dar una relevancia
y un enfoque especial a cada uno de ellos.
Sin embargo, esta producción no está exenta de problemas: el
corte brusco al que se ha visto sometido la película afecta en gran medida a
las relaciones que se establecen con los personajes, al pasado de la novia y
su relación con Bill. Inevitablemente, todo el mundo pensará en algún
momento que “aquí falta algo”. Además, por una vez, el montaje no lineal,
fragmentado de Tarantino juega en su contra: la batalla final sucede ANTES
que lo que se nos enseña al principio de la película, con lo que Uma Thurman
se pasa veinte minutos intentando matar a uno de sus compañeros cuyo destino
es revelado al espectador avispado casi al comienzo mismo del film. Y por
último, lo peor que se puede decir de Kill Bill es su mayor virtud: es
sádica, cruel y asquerosamente violenta. Hay decapitaciones, miembros del
cuerpo volando como si fuera confeti, ríos de sangre, disparos en la cabeza,
asesinatos realizados por niños (en la asombrosa parte anime del film) y
delante de niños, ligeras referencias a la pedofilia, y, por si fuera poco,
aparece el bote de vaselina más asqueroso de la historia del cine. Es tan
excesiva, que la pérdida de toque humano es inevitable. Pero eso es porque,
al final, Kill Bill es entretenimiento puro y duro, una reinvención del cine
de acción norteamericano bajo una combinación de ironía, humor, ternura y
sadismo como no he visto antes. Si tomamos en serio a la película, podemos
salir a) muy enfadados o b) vomitando de asco a los cuarenta minutos. La
decisión es nuestra, pero sinceramente, es una película para mayores de 18
años como la copa de un pino. Advertidos quedáis.
Entonces, al final, ¿qué pasa?. Pues que he mentido. Lo peor
de Kill Bill no es la violencia. Lo peor es que después de los 96 minutos de
aplastante violencia y fascinante narración más hechizantes del año, Kill
Bill termina. Hasta
dentro de unos
meses.
Nota:
   
9
Rafael Martín. |