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A principios del
siglo XIX y con Europa bajo el dominio del imperio napoleónico, el
comandante Inglés Jack Aubrey (Russell Crowe), su amigo y médico Stephen
Maturin (Paul Bettany) y su tripulación, todos a bordo de la fragata "Surprise",
deberán dar caza al extraordinario barco de guerra francés "Acheron",
también apodado "el fantasma" que se encuentra rondando por aguas
sudamericanas con la intención de llevar la guerra a cualquier territorio
Inglés.
Master and Commander,
que está basada en las novelas de Patrick O´brian, no es la típica película
de barquitos en la que los oficiales del barco van siempre vestidos de gala,
con sus casacas de guerra relucientes, "los buenos" siempre nobles y
honestos y "los malos" viles y despiadados, pelis que únicamente nos
muestran batallas con una gran cantidad de barcos dándose cañonazos a tomo y
lomo o espectaculares abordajes dignos del mejor trapecista estilo Burt
Lancaster y su enano saltarín con mayas apretadas (todos lo hemos visto).
Master and Commander va más allá y con esto no quiero decir que no haya
cañonazos ni abordajes, que los hay y muy buenos, pero sencillamente no
depende de ellos para que se desarrolle la película, y es que también hay
otras cosas interesantes que contar, por ejemplo cómo se desarrolla la vida
de un grupo de marineros en medio del océano, dentro de un cascarón de
madera y durante innumerables jornadas sin pisar tierra firme, o también la
manera en que se relacionan los marineros con su capitán, la disciplina
militar, las supersticiones de los hombres de mar, las historietas de
oficiales curtidos en mil batallas, etc. Otro aspecto interesante es la
figura del doctor naturalista Stephen Maturin (Paul Bettany) que nos da una
visión del panorama científico de la época, de las inquietudes de los
naturalistas, de su afán por aprender más sobre el mundo natural que les
rodea y del que quedaba mucho por descubrir; además algo curioso es que el
médico no es un marinero y en alguna ocasión le tienen que explicar algún
concepto náutico, lo que sirve para que nosotros, los espectadores, también
nos enteremos. Se puede ver también que no hay personajes marcadamente
"buenos" y perfectos o tremendamente "malos" y viles sino que son sólo
hombres en guerra, que no siempre se comportan de la manera correcta como
cabría esperar y que no siempre toman las decisiones acertadas. Todo esto le
confiere a la película un gran aire de realismo que te hace pensar que era
así como se vivía en un barco de guerra y así como se luchaba.
En cuanto a
aspectos más técnicos, se puede decir que la película tiene una fotografía
preciosa, saben sacarle mucho partido al mar en sus distintos estados, ya
sea un inmenso océano azul, un mar negro totalmente embravecido, aguas
tranquilas bajo una espesa niebla o aguas completamente en calma bajo un sol
abrasador, todo esto con un precioso barco de madera como protagonista del
plano. Por si no teníamos suficiente con la fotografía, la banda sonora no
se le queda atrás con sencillos pero muy bonitos temas de violín que
acompañan muy bien sin recargar de música la película, de hecho la presencia
de la música creo que es bastante escasa en comparación con el estilo que se
lleva últimamente donde la música no deja de sonar. En las escenas de acción
no hay música, únicamente los efectos sonoros propios de la batalla (estilo
Heat) lo que las confiere una gran crudeza y realismo, esto se
agradece. Como curiosidad un amiguete me ha comentado que el último tema de
música, que se repite alguna vez durante la peli es de Joaquín Rodrigo.
En el aspecto de
interpretaciones Russell Crowe (Gladiator, L.A. Confidential)
como el capitán Jack Aubrey está magnífico y es que éste tipo de papeles le
vienen como anillo al dedo, aunque para interpretar éste papel haya tenido
que engordar unos doce kilos y lleve el pelo casi blanco y con coleta. Paul
Bettany como el doctor Stephen Maturin realiza una interpretación genial e
incluso suena para los Oscar®. Los secundarios excepto Billy Boyd (El
Señor de los Anillos) no son muy conocidos pero lo hacen muy bien
destacando a los jóvenes oficiales (Max Pirkis y Max Benitz). La dirección
corre a cargo de Peter Weir (El Club de los Poetas Muertos, El
Show de Truman) que se caracteriza por ser un director todoterreno,
capaz de hacer películas sobre temas totalmente distintos y con estilos
diferentes, pero que siempre las hace bien, lo que es digno de admiración.
Peter Weir dirige esta película muy bien, tanto en las escenas de batalla
(ya le gustaría a Michael Bay, que se supone que es un director de acción y
efectos especiales, rodar algo así) como cuando tiene que representar las
relaciones entre un colectivo de personas (ya lo demostró en El Club de
los Poetas Muertos), se le ve que sabe tratar con los actores y sacar lo
mejor de ellos.
En definitiva la
película presenta un estilo inusual para tratarse de una película de
batallas navales en el siglo XIX, por eso a veces puede resultar un poco
extraña, pero es lo que le da un encanto especial. Desde luego lo mejor del
año.
Nota:
   
9
Daniel Rayado. |