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Hollywood sigue en su línea de pocas ideas
recurriendo ya no a novelas o cómics sino a películas ya hechas, como es
este caso. Ya he dicho en alguna ocasión que no soy contrario a los remakes
siempre que se hagan mejorando el original, y no me refiero a lo técnico,
sino en general, en lo que se refiere a historia, personajes, estilo visual,
etc. La Matanza de Texas no es este caso.
En esta ocasión la película comienza con un
narrador contando la atroz historia de Leatherface, el mítico asesino de la
motosierra, y su enferma y paleta familia tejana (así uno entiende lo de
Bush) junto a imágenes que simulan viejas grabaciones, periódicos y demás,
para luego dar paso a la recreación de la historia, la película como tal.
En la nueva versión hay varias novedades,
como el comienzo. Si en la primera los protagonistas se dirigían a Texas a
ver si la tumba de unos familiares había sido objeto de una serie de
profanaciones, en ésta, el grupo de amigos (entre los que no hay ningún
paraplégico como en la primera) se dirige a un concierto de Lynird Skynird.
En ambas películas recogen a un inquietante personaje en la carretera, si en
el primer caso era un chalado que se rajaba la mano en pleno viaje, aquí se
trata de una joven en estado de shock. En este momento empiezan los
problemas, la chica se vuela los sesos con una pistola que llevaba escondida
y hace que los cinco amigos (la chica buena y sensata, su novio macarra de
buen corazón, el amigo listillo, el amigo cachas simplón y la chica
salidorra) deciden buscar ayuda y llaman al sheriff desde un mugriento bar
de carretera. Quedan con el sheriff en un viejo (y de nuevo mugriento)
molino. Como no llega, dos de los chicos deciden ir a su casa, indicados por
el típico niño deforme que hay en todos los pueblos. Evidentemente en la
casa del sheriff todo se tuerce definitivamente y comenzará el verdadero
terror para los protagonistas.
En general la película no presenta grandes
variaciones respecto a la original, salvo en actualizar un poco a los
jóvenes protagonistas y cambiar algunos personajes, pero la historia, como
es lógico, es la misma. Los personajes, que presentan más relevancia que en
la original, no dejan de ser meros estereotipos y resulta algo complicado
llegar a identificarnos con alguno, aunque tampoco importa mucho, la
sucesión de muertes ya nos irá diciendo a quien tenemos que seguir. A pesar
de que los protagonistas son estos chavales el actor que se lleva la palma
es R. Lee Ermey, que da vida al sheriff tarado y al que muchos recordarán
por su papel del cruel Sargento Hartman en La Chaqueta Metálica y al
que invito a ver en Willard, una película muy recomendable. A
Leatherface, el gigantón asesino de la motosierra, le da vida Andrew
Bryniarski, cuyo mejor papel es el del defensa metalero de Un Domingo
Cualquiera y al que muchos recordaran como Zangief en ese montón de
basura que es Street Fighter.
Marcus Nispel, el director, que debuta con
esta película en el mundo del largometraje, consigue solventar su tarea sin
problemas pero sin aportar nada nuevo. Al igual que en la primera película,
se pretende dotar del máximo realismo posible a la película y para ello se
da mayor importancia a unos macabros y sucios escenarios mientras se rehuye
todo lo posible de efectismos baratos, aunque si que nos encontraremos con
el inevitable "bicho escondido que da un susto". La película entretiene,
inquieta lo suficiente, da un par de sustos y no abusa de la sangre. Pero al
compararla con su predecesora de 1974, que a pesar de ser una película de
culto tampoco es nada del otro jueves, pierde en intensidad. La película de
Tobe Hooper conseguía mayor realismo y su primera mitad era mucho más
inquietante con el autoestopista chalado y la primera aparición de
Leatherface.
La película merece comentar también el
interés que se pone en que Jessica Biel aparezca bien mojada para que en el
caso de que la peli no interese, al menos entretenga al público masculino de
la sala, que tal y como dicen los productores es el público potencial de la
película. La anécdota friki es que podemos ver a Harry Knowles de
Aint It Cool (una de nuestras
fuentes de noticias) en una de las escenas, decapitado sobre un plato.
Nota:
 
5
Javier Ruiz de Arcaute. |