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Antes de ponerme
realmente serio y empezar a crucificar esta película por todos los lados
creo que es conveniente señalar que The Punisher es un hallazgo. También
debería indicar que resultará obligatorio para cualquiera con ganas de verla
que deje el cerebro a la puerta del cine y se dedique a disfrutarla en el
estado anímico más cachondo posible, con un cubo de palomitas y un tanque de
Coca-Cola.
La película es un
hallazgo porque resulta difícil creer que hoy en día, en un panorama en el
que incluso la película de acción más
repugnante tiene pretensiones de ser una película con “contenido”, se haya
lanzado un film como este, que es un truño pero que, por lo menos, no
esconde que es caca de la vaca. Y olorosa.
Punisher es
divertido. Ojo, que no entretenido. La primera hora del film es,
narrativamente hablando, un coñazo de agárrate y no te menees. Lo que sucede
es que te partes el culo de risa cada dos escenas. Ya sea viendo a matones
de negro entrar a saco en una reunión familiar o escuchando frases del tipo
- “Dios está contigo” -
“Dios se puede quedar al margen”, el espectador asistirá atónito a una
colección de sandeces propias de la gloriosa época Charles “Yo soy la
justicia” Bronson. En serio, tíos: Punisher es tan, pero tan carca,
que Steven Seagal parece cine de acción del siglo XXI.
La historia, esa trama,
ese telar de finos hilos hará las delicias de aquellos degustadores de
argumentos originales y con chispa: Frank Castle (Tom Jane) es un agente
encubierto. Durante su última operación, el hijo del poderoso magnate y
mafiosillo Howard Saint (John Travolta) saldrá, más
o menos, mal parado. O sea, muerto. Así que Saint decide cargarse a Castle,
a su familia, a su casa y hasta su perro. Castle, que recibe una tremenda
solfa de hostias, sobrevive a una explosión de gasolinera (¡) y encaja un
tiro en el pecho(¡!), se recupera en una semana y jura venganza a los cuatro
vientos, empezando por los típicos matones de tres al cuarto hasta llegar al
trío maravillas: Howard Saint, su mujer, Livia (auténtica instigadora de la
matanza, interpretada por Laura Harring) y su consigliere gay, Quentin Glass,
interpretado por Will Patton. En su camino a la perdición, Castle contará
con la ayuda de sus extraños compañeros de piso: Spacker Dave (Ben Foster),
Joan (Rebecca Romjin Stamos, tremenda) y Bumpo (John Pinette).
Y a partir de ahí todo
va pues eso: a tiros. La historia en general es una chorrada. Los mejores
detalles los toma Hensleigh del cómic, a partir de la soberbia saga
Bienvenido a Casa, Frank escrita por Garth Ennis y dibujada por Steve
Dillon: la relación que establece Castle con sus vecinos y la monumental
pelea contra “El Ruso”, un descomunal asesino enviado por Saint. El resto
sale de la fértil imaginación de un tío que escribió Armageddon (y
que también escribió Jungla de Cristal. La Venganza,
pero como en esa sale Tito Bruce pues a callarse todos). El resto hace
aguas. Howard Saint no se entera de nada mientras el Punisher le hace
pirulas por todos los lados hasta que los dos se ven cara a cara en el
típico enfrentamiento final donde muere hasta el apuntador y Travolta es
ejecutado de una forma tan retorcida y disparatada que levanta los aplausos
del público.
Los actores elevan como
medio punto la calidad general de la película, particularmente la pareja
protagonista: Jane aguanta el tipo muy bien como héroe
de acción sin tener que ponerse rimmel debajo de los ojos ni hacer el pirado
ni convertirse en hombre lobo (por si no lo habíais notado, es un toque de
atención a Johnny Depp y Hugh Jackman). Muy serio y con mucha cara de
circunstancias. Travolta, para variar, se lo pasa pipa (“¡Quiero a Castle
muerto!”, no deja de repetir, el tío, como si fuera un loro). Y el resto,
actores competentes como Samantha Mathis, como la mujer de Castle, y un
escuálido Roy Scheider (ay, Tiburón, Tiburón) como su padre.
Pues lo ya comentado. Es
una mala película pero te echas unas risas. No engaña a nadie y sabes a lo
que vas. No te lías con el argumento y cada vez que un matón muere a)
aplastado, b) acuchillado, c) tiroteado, d) empalado, e) achicharrado o f)
reventado, te queda esa ligera nostalgia de las películas de los 80: “muere,
malo cabrón” y cosas por el estilo. Si su guión no tuviera las lagunas del
tamaño de Andalucía, hasta realmente valdría la pena verla. Diversión
descerebrada asegurada. Y violenta.
Lo mejor:
- Que es involuntariamente divertida y, por lo menos,
no engaña a nadie.
- Todo lo que hereda del
cómic de Dillon y Ennis: Castle y sus vecinos y la genial pelea contra "El
Ruso", con "La donna è mobile" de fondo.
- Es violenta.
Lo peor:
- Prácticamente lo demás: al
principio aburre un poco, no hay guión, la banda sonora es de culebrón
sudamericano y Jonathan Hensleigh no es Ridley Scott, es decir, que la
dirección es un poco chusca, tirando a pelín cutre, como toda la película en
general, que ha costado como que cuatro perras.
Nota:

4
Rafael Martín. |