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Raccoon City (Ciudad Mapache). 8 de la
mañana. Lo que parecía una idílica ciudad con un parecido más que sospechoso
a Toronto se ve invadida por una plaga de zombis que causan caos y malestar
donde quiera que pasan. La malvada corporación Umbrella (Sombrilla) es la
responsable de la propagación del virus T, un compuesto que provoca la
resurrección de los muertos con fines militares. En medio de este caos, un
grupo de personas intentan salir de una ciudad sitiada por los cuatro
costados y rodeada de zombis. Encima, un bicharraco llamado Némesis (que
pretende dar miedo, pero parece un Lunni con resaca) va en su busca. ¿La
solución para escapar?: Salvar a una niña, hija de un científico, que posee
más de una respuesta para la propagación del virus. Liderando al grupo se
encuentra Alice (Milla Jovovich), una chica con habilidades físicas
extraordinarias.
Esta película es absolutamente defecable. Lo
que no sé es quien es más responsable: si su guionista, Paul W.S. Anderson
(director también de la primera) o su director, Alexander Witt, uno de la
quinta de Ed Wood y Uwe Boll. El Sr. Witt, no contento con hacer uso de una
particularmente molesta cámara lenta cutre que da a la película una
sensación de video de boda, se las arregla para que en ningún momento el
espectador tenga la mas mínima idea de que está pasando exactamente ni donde
se encuentran los, ejem, ejem, “personajes”. La cámara en mano parece
manejada por un borracho y parece claro que en los ensayos para mejorar la
actuación de los interpretes... bueno, que no hubo ensayos.
De remate Anderson, recordemos, actual pareja
sentimental de Milla Jovovich, por razones que solo Dios sabe, rellena la
pantalla de acción en situaciones realmente absurdas (como la de que los
protagonistas vayan a refugiarse a un cementerio, en medio de una invasión
de zombis. Espléndida idea.) y diálogos de retrasado mental. A este hombre
se le ha visto realmente el plumero con esta película, amén de lo cafre que
es cuando de escribir se trata.
La característica que siempre a marcado a la
saga de Resident Evil, esa mezcla entre terror gótico y
ultratecnológico está presente aquí, pero con las limitaciones que dan las
cuatro perras de presupuesto con los que ha contado la película: de una
iglesia (fase 1), pasamos a un cementerio (fase 3), de ahí a un colegio
(fase 4) para culminar en el mega edificio de los malos con pelea final
incluida (la "final mission" esa). Por supuesto, todo es la leche de
espectacular ya que Alice cuenta con poderes especiales cojonudos que le
permiten dar leches como panes. Por desgracia, todo lo que hacía visible a
la primera parte se reduce aquí a un conjunto de tiroteos, maquillaje y
suspense nulo. Si acaso, destacar que la película no pierde el tiempo y que
para lo breve que es, no se anda con rodeos y empieza y termina a tiros. Yo
siempre he pensado que la vida es muy corta, así que me limitaré a agradecer
a los productores que hayan dejado el metraje en unos justitos 87 minutos
(que, por otro lado, parecen 120).
Una película, en definitiva, lamentable e
infame.
LO MEJOR: 87 minutos. Ah... sí, y hay chicha
(todos sabemos a que me refiero).
LO PEOR:
Penosa de principio a fin. No es de cero porque por lo menos, una peli
parece, pero yo no tendría las cosas tan claras después de ver escenas como
las de la iglesia, donde el poder de Cristo acaba con una de las criaturas
de mal (metáfora que he extraído libremente: en realidad, tiran al pobre
bicho un Cristo en toda la cabeza. Pero algo de contenido hay que sacar.). Y
Nemesio es un muñecoplástico de agárrate y no te menees.
Nota:
1,5
Rafael Martín. |