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Sin
duda Matrix Revolutions será un éxito de taquilla, es posible que sea una de
las películas que más expectación haya causado este año, pero eso no
significa que necesariamente tenga que ser una maravilla. Tras el sermón
filosoficointelectualinformático que nos soltó el Arquitecto al final de
Reloaded, tan interesante como desesperante, y que dejaba muchas cuestiones
en el aire (por ejemplo, cómo Zion podía pertenecer al mundo real, y por lo
tanto todos sus habitantes, si antes había habido otras 5 versiones) que
podían dar lugar a un enrevesado e interesante final, los Wachowski optan
por olvidarse de todo eso y centrarse únicamente en el desenlace de la
guerra entre hombres y máquinas, y por tanto, a la disputa entre Neo y Smith.
Con eso han conseguido dos cosas, evitar los rebotes de aquellos que sólo
buscan un buen rato de entretenimiento por darles tanta paliza mental y por
otro lado dejar decepcionados a todos los que se esperaban un sorprendente
final donde nada es lo que parece.
La película comienza donde acabó la anterior, con un ritmo más que lento en un cúmulo de escenas que pretenden resolver las motivaciones de los personajes
(el amor es el tema estrella) para lo que en la segunda mitad va a suceder, la gran batalla. Es la parte en la que Neo debe salir de su aparente coma, y en la que los humanos agotan las posibilidades ante la inminente batalla. Toda esta primera mitad se hace demasiado lenta y simplona por lo que el espectador pierde el interés.
La segunda mitad en cambio, es todo lo contrario, no trata de explicar nada, sino que sólo se centra en lo que a los Wachowski se les ha dado mejor en la saga, la acción. Primero hay una espectacular y mareante batalla entre humanos y máquinas en Zion. Pero mejor aún es la lucha final que Neo y Smith están condenados a realizar, una pelea tremendamente sorprendente y estéticamente perfecta. Sin duda esta segunda mitad es lo mejor de la película, y eso implica lo que ocurre muchas veces, sustitución de la historia por el artificio, pero al menos, ese artificio es de los mejores que se han visto.
Todo eso se remata con un final extremadamente empalagoso que deja un sabor de boca no muy bueno, eso sin contar con que no hay
una explicación definitiva a la historia y que parte del desenlace no resulta
creíble sabiendo por qué los humanos estaban en guerra (para liberarse de las máquinas). En definitiva, una película floja, que compensa sus carencias
con las escenas más espectaculares de la trilogía.
Como anécdota cabe destacar que el Oráculo es distinto en esta película, lo que explican con un ya habitual "pasó lo que tenía que pasar", pero que en realidad se debió a la muerte de la actriz original, Gloria Foster, a mitad del rodaje de las dos secuelas.
Nota:
 
6
Javier Ruiz de Arcaute. |