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Por fin llega el episodio
final, el capítulo que todo el mundo espera, el que hace que la crítica del
mundo entero se estremezca de puro placer, ha llegado El Retorno del Rey.
No descubriré gran cosa si
digo que ésta es la parte en la que Frodo finaliza su viaje al Monte del
Destino y en la que Aragorn asume el trono de Gondor. Para ello Jackson sabe
perfectamente como guiarnos. Se nota que el director ha sabido evitar los
bruscos cambios de ritmo de las dos primeras partes, en las que uno pasaba
de la tensión máxima a momentos lentos y largos, necesarios, pero largos.
Esta película por tanto evita eso al menos hasta la media hora final, que se
hace tremendamente larga.
Se trata de la película más
espectacular de las tres sin duda alguna, de la más divertida y la que goza
de las batallas más espectaculares, aunque en mi opinión la mejor escena de
la trilogía es la que enfrenta a Gandalf con el Balrog. Pero en conjunto es
la mejor en lo que a entretenimiento se refiere, no hay tiempos muertos, no
hay escenas que parecen metidas con calzador, y es que aunque algún forofo
de los libros me acribille hay que decir que no es lo mismo una película que
un libro y que algunas cosas no casan bien en el cine. Esto se notaba sobre
todo en Las Dos Torres, donde la parte de los Ent cortaba totalmente
con el ritmo de la batalla en el Abismo de Helm.
Jackson consigue impregnar la
pantalla con un aura épica inigualable, consigue dar la heroicidad perfecta
a cada uno de los protagonistas, sin caer en lo baboso. Otro de los fuertes
es Gollum, que si bien no es el centro de atención como en Las Dos Torres,
si que tiene un papel destacado desde el comienzo de la película en el que
se cuenta en un prólogo muy interesante el nacimiento de Gollum a raíz de su
encuentro con el anillo.
Es sin duda la película más
redonda de las tres, en la que mejor casa todo. La única pega, que es
sustancial, es como ya he dicho un final excesivamente largo. Se sucede un
final tras otro, los cuales acaban con fundidos en negro que te hacen pensar
que ya terminó todo, pero no. Si ya resulta pesado una ristra de finales,
más pesado es que los pongan a cámara lenta con música emotiva y con el
personaje de turno haciendo pucheros por las circunstancias. Y es que el
querer ser fiel al libro hace que Jackson quiera hacer un final perfecto y
mostrar que pasa con cada uno de los protagonistas cuando todo ha terminado
y en vez de hacer un final de diez minutos, nos planta uno de media hora que
se hace interminable.
También es importante valorar
la trilogía como un todo, ya que así fue concebida en los libros, no
hablamos de secuelas sino de capítulos y eso es importante para casar todo
el conjunto. Partiendo de esto, uno de los aciertos de Peter Jackson ha sido
conseguir que cada una de las películas funcione por separado, cada una con
su comienzo y su final, para lo cual tuvo que poner el límite entre parte y
parte distinto al que hay entre libro y libro, o como en esta ocasión,
añadiendo un prólogo que aclara parte de la historia y evita poner al
espectador directamente en donde terminó la película anterior.
En definitiva, estamos ante
la aventura épica perfecta, seguramente la mejor que se ha hecho nunca, pero
a la que le pesa un final que podía haber sido más breve.
Nota:
   
9
Javier Ruiz de Arcaute. |