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SAMSARA

Direción: Pan Nalin

Guión: Pan Nalin

Reparto: Shawn Ku, Christy Chung, Neelesha BaVora, Lhakpa Tsering, Tenzin Tashi, Jamayang Jimpa

Productores: Karl Baumgartner, Christoph Friedel

Productora: Fandango, Pandora Filmproduktion, Paradis Films

Distribución: Karma Films

Samsara dura dos horas y veinte minutos. De esas dos horas y pico, diríase que media hora (o más) carece de diálogos o banda sonora alguna. Hay escenas en las que esos silencios llegan a prolongarse durante cinco minutos. Es decir, es lenta. Es EXASPERANTEMENTE lenta. El mayor desafío del director, Pan Nalim, no era lograr transmitir su mensaje al público, sino conseguir que semejante ladrillo fuera medianamente soportable. 

Y lo ha conseguido.

En realidad, la película es más que soportable. En realidad, es bastante correcta. Lo es porque Nalim podría habernos metido entre pecho y espalda el ABC de la filosofía budista, como hizo Scorsese en esa chorrada (admitámoslo, cuando el realizador de Taxi Driver y Uno de los Nuestros se pone a hacer pelis budistas, a eso no se les llama películas, se les llama chorradas) llamada Kundun, pero lo que nos explica es una historia muchísimo más mundana, más ingenua, y más accesible (aunque no deje de ser un poco delirante, no por la idea inicial en sí, sino por la puesta en escena de la misma). 

Tashi es un monje budista que se ha pasado tres años, tres meses, tres semanas y tres días meditando en una cueva en la recóndita región del Ladakh, situada en el Tibet a unos 3000 metros de altura. Como se puede imaginar, el estado de Tashi es realmente lamentable. Tras una dura recuperación, Tashi, en vez de haber alcanzado el Nirvana, el séptimo cielo o como se llame, comienza a fijarse en unos seres humanos, que aparentemente no había visto antes, llamados “mujeres”.  Esa repentina fijación no se nos termina de explicar muy bien, pero la verdad es que poca falta hace. El extraño comportamiento de Tashi (que se masturba compulsivamente y que casi llega a arruinar una actuación por ver a una madre dar el pecho a su hijo) provoca malestar en el monasterio hasta que el joven monje decide abandonarlo, formar una familia y dedicarse a los placeres de la vida mundana.

Todo esto que acabo de explicar es cierto, lo juro. Pero, a diferencia de otras películas de su género, Samsara se distingue por su afán de mostrarnos el conflicto, cual Richard Chamberlain en El Pájaro Espino, entre llevar una vida santa o entregarse a los placeres de una vida familiar. Es decir, es más humana y más agradecida. Nalin es un hombre inteligente y eso se nota en el ritmo de la película: cuando hay cinco minutos de silencio, no es que al director le de la vena experimental, es que, realmente, son necesarios e importantes. Nalin se apoya, además, en una fotografía fascinante (parece que hay momentos en los que estamos delante de un documental de National Geographic). No sólo eso, su dirección de actores es impecable: la película, como humana que es, posee momentos de gran intimidad, y funcionan a la perfección porque los actores se sienten a gusto. La historia no requiere grandes alardes interpretativos, y sólo bastan dos profesionales (Shawn Ku y Christy Chung, muy correctos ambos) para cumplir con los momentos más dramáticos. 

Nalin, incluso, introduce momentos de humor que funcionan a la perfección y alivian mucho el tono dramático del film, que durante la mayor parte del metraje no llega a acercarse a ningún género en particular. Sencillamente, adquiere un tono documental que es de lo más agradecido. También es de agradecer la fuerza de los papeles femeninos, que nunca llegan a ser estereotipos al ciento por ciento. 

Muchos pondrán pegas a la película por ser demasiado lenta. Suena lógico y comprensible. Fácilmente se le podrían eliminar unos diez minutos de paisajes y planos fijos, pero si se ve con la intención de aprovecharla al máximo (lo que requiere cierto grado de esfuerzo: esto no es Armaggeddon), el resultado es bastante satisfactorio. La falta de pretensiones de la película y su sencillez juegan en su contra a la hora de subirle puntos, y no es apta para todos los paladares, pero todos aquellos que se dispongan a verla hasta el final, no se sentirán defraudados.

Nota:   6,5

Rafael Martín.

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