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Personalmente
soy de la opinión de que cuando una película logra tratar un tema de manera
insuperable, cualquier otra revisión del mismo tema, aunque hayan pasado los
años o se sitúe en otro ámbito geográfico, sobra. De cumplir a rajatabla
este planteamiento, el cine habría copado ya sus metas. Pero no es mi
intención acabar con el cine. Pero parece que algunos productores si que lo
quieren malgastando dinero en producciones que cuentan lo que ya nos han
contado antes, y por supuesto, mucho peor que aquellas.
Hablamos de
Spun, cuyo título en realidad viene a significar nada. Spun
viene a ser una especie de remake del éxito que fuera Trainspotting
hace 8 años. Para intentar repetir el éxito de crítica y público que fue la
obra de Danny Boyle, se decidió plagar la película con reputados jóvenes
actores (Britanny Murphy, John Leguizamo, Patrick Fugit, Mena Suvari) y
otros ni tan reputados ni tan jóvenes (Mickey Rourke).
Y a pesar de
existir buenas intenciones y buenos actores, el resultado es catastrófico.
Primero porque la dirección corre a cargo de un excelente realizador de
videoclips (U2, Moby, Smashing Pumpkins, Madonna...) pero que anda justito
de ideas en el largometraje. Y segundo porque la historia no se sostiene por
ningún lado.
El filme cuenta
con el dudoso mérito de haber entrado en el Libro Guinness de los Records
por ser la película que más cortes de edición ha realizado en toda la
historia (5435 ni más ni menos). Y es que el director se empeña en
mostrarnos una y otra vez el efecto que causa la droga en la mente de quien
la consume. Siempre la misma secuencia y la misma idea repetida cada 10
minutos. Para que no perdamos el hilo...
Trainspotting nos contaba el efecto marginal y social que la
drogadicción causaba. Spun quiere intentar reflejar la miseria de los
personajes pero en vez de conseguir el drama, se queda en una comedieta
ligera y sin sentido. Los personajes carecen de toda motivación y
profundidad y se limitan a repetir los estereotipos del colgado, del chulo
putas, y del chico inocente que sin quererlo se ve superado por el agujero
de mierda en el que está metido.
De lo
único rescatable del film, la combinación de escenas reales con secuencias
de animación y por supuesto la banda sonora. Billy Corgan, líder de los
desaparecidos Smashing Pumpkins, se encarga de incluir temas de Zwan, Ozzy
Osbourne, Motley Crue y The Caesars entre otros. Por si fuera poco, hay
varios cameos aparte del propio Corgan. Deborah Harry, cantante de Blondie,
o Rob Halford, cantante de Judas Priest aportan el tono heavy a una película
sin historia cuya promoción se atreve a afirmar que va donde
Trainspotting no se atrevió. Y tanto... directa al videoclub.
Nota:
2
Juan Ignacio Herrero Vicente (colaborador).
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