|
Para muchas personas nos es
obligada la cita anual con Woody Allen, que a pesar de contar siempre una
historia muy similar es de los pocos capaz de hacerlo siempre con eficacia.
Este caso no es la excepción y Todo lo Demás no defraudará a sus
incondicionales.
Esta película es posible que
sea la más cómica que ha realizado en los últimos años, al menos desde
Desmontando a Harry, pero además retoma la temática y el aire sencillo
de películas como Annie Hall que es la más similar. De hecho en esta
ocasión la mayor diferencia es que el personaje principal no lo hace Allen,
sino Jason Biggs, actor conocido entre el público joven norteamericano por
protagonizar comedietas de medio pelo como la saga Américan Pie, que
son justo lo contrario a Todo lo Demás, es decir, nada inteligentes,
burdas y que pecan de momentos pasteleros y muy "americanos". Coincide con
Annie Hall en casi todo, el protagonista es el típico neurótico
inseguro sabedor de su talento pero incapaz de hacer frente a las cosas
cotidianas, la protagonista es una chica atractiva, desinhibida pero que no
sabe lo que quiere y que por ello se convierte en la lacra del protagonista,
incluso el protagonista cuenta con un "mejor amigo" que es quien le aconseja
como resolver sus problemas, solo que en vez de ser un ligón y guaperas como
el de Annie Hall, se trata de un chalado que a la vez es muy cuerdo
al que da vida Woody Allen. Precisamente esta relación entre Jerry (Biggs) y
Dobel (Allen) es uno de los pilares de la película. Jerry, cuya vida es un
desastre gracias a una novia poco receptiva y llena de pájaros en la cabeza,
a un representante de bruscas maneras que le sablea el sueldo y a un
psiquiatra que es como hablarle a una pared, todo esto sin contar a la
peculiar madre de de Amanda (Ricci) a la que da vida Stockard Chaning y que
es una mezcla entre Sara Montiel (con algunos años menos y mejor gusto) y
Diana Krall (que aparece en la película), comienza a hacer caso de los
consejos de Dobel. El personaje de Allen es una de las grandes bazas de la
película y del que salen los mejores momentos, se trata de un veterano
guionista bastante agresivo ante los abusos y totalmente paranoico (tener un
kit de supervivencia al estilo del ejército es uno buen ejemplo).
La película goza de varios
momentos estupendos en los que uno no puede evitar la carcajada y el resto
en los que se mantiene una sonrisa satisfecha. En alguna ocasión hace uso
del gag fácil, pero son las menos y Allen sabe que no es cuestión de cargar
la película solo con gracias intelectuales que por otro lado son la mayoría.
En definitiva, hace un uso perfecto de la comedia.
Desde luego Jason Biggs puede
estarle agradecido a Allen porque le ha descubierto como un gran actor que
sabe hacer mucho más que meterla en una tarta de manzana caliente (todos
sabemos de que hablamos). Puede que sea repetir lo que ya han dicho muchos,
pero Biggs es perfectamente capaz de mimetizar las manías, tics y carisma
que el propio Woody Allen desprende en pantalla. Christina Ricci, actriz que
hace ya mucho que dejo de ser la niña rara para convertirse en una actriz de
renombre que ha sabido labrarse una carrera inmejorable para los 23 años que
tiene. Estos dos actores están arropados por el propio Allen y un surtido de
expertos actores como De Vito o Channing.
Lo único que se le puede
echar en cara a esta película es que como ya he dicho, viene a ser la misma
historia de siempre, pero también es cierto que a quienes nos gusta este
director, nos gusta por esta clase de películas. Siempre será mejor un
director que haga muy bien una cosa (véase Hitchcock, Scorsesse o Spielberg)
que otro que haga muchas de forma mediocre (la gran mayoría).
Quede como anécdota que esta
película se vendió en EE.UU. como una película de Jason Biggs y Christina
Ricci y no de Allen (cuyo nombre a penas aparece como actor en el cartel),
allí son injustos hasta con un director de esta categoría.
En fin, es de agradecer que
de vez en cuando nos lleguen comedias de calidad y cuyo máximo valor es un
guión sencillo pero excelente y que toman al espectador por una persona con
dos dedos de frente (tampoco hay tantos) que sabe reírse con algo más que
con un reguero de chistes de sal gorda (que a veces también gustan, pero hay
que variar).
Nota:
  
8
Javier Ruiz de Arcaute. |