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El Día de Mañana, como todos sabéis,
nos cuenta básicamente como medio planeta se va a tomar viento por un
repentino cambio climático debido al consumo incontrolado de combustibles
fósiles (petróleo y carbón para entendernos). Así que como es lógico,
tenemos unas cuantas escenas de destrucción masiva aseguradas.
Roland Emmerich ha estado vendiendo la
película como una historia con mensaje ecologista, pero después de vista
puedo decir que eso es lo que menos importa de todo el metraje (¿alguien lo
dudaba?). Ya desde el comienzo vemos a Dennis Quaid en medio del hielo
haciendo un estudio paleoclimático, cuando se raja medio polo justo por el
campamento en el que se han instalado (eso es mala suerte). El tito Dennis
advierte a su gobierno de que hay que tomar medidas ya que en unos 100 años
puede producirse una glaciación, pero claro, todo ocurre antes de lo
previsto. Tornados, tormentas y una subida del nivel del mar arrasan medio
planeta, seguidos por unos huracanes gigantescos que producen una glaciación
en el hemisferio norte.
Esto ocurre casi en la primera media hora, al
menos toda la parte espectacular. Edificios y coches por los aires, muertes
absurdas y todos los tópicos del género de catástrofes que podamos imaginar
aparecen en pantalla. Muy espectacular pero breve, porque no da para más.
El problema es que queda otra hora y media de
película por contar, así que nos plantean una historia en la que Dennis
Quaid debe ir a rescatar a su hijo, Jake Gyllenhaal, desde Wahington a Nueva
York. Aquí la película se convierte en un tostón en el que, para mantener al
personal entretenido, introducen unas cuantas escenas y situaciones de
suerte absurda. Me explico, suceden todas esas cosas que resultarían
estúpidas en cualquier otra peli pero que aquí las ponen como muy normales
(lobos, persecución de escarcha o caídas inesperadas = suerte absurda).
Por otro lado eso no es suficiente, así que
hay que amenizar todo aún más con escenas supuestamente graciosas
interpretadas por los personajes más tópicos, como el listillo, el
imprescindible vagabundo, el vejete con botella de güisqui o el compañero
torpón y majete. Todo ello bastante penoso y sin gracia.
A pesar de todos estos intentos por mantener
el interés en la película, ésta sigue siendo un coñazo. Pero entonces, ¡oh
milagro!, nos llegan las escenas de moralina, que son muchas y variadas y
con las que Emmerich parece disfrutar como un niño ya que nunca faltan en su
cine. Es con estas escenas con las que realmente uno se divierte si presta
atención. Tenemos a los turistas en peligro, el niño con leucemia, la amiga
herida o los culturetas con sus libros enseñándonos los valores de un buen
americano en un guión digno de "capítulo de acción de gracias" de cualquier
serie americana (de esos en los que invitan a un mendigo a comer pavo para
quitarse los remordimientos ese año). Pero hay una escena que supera al
resto con diferencia, y que inevitablemente desató la carcajada de la sala
entera: Los americanos deben ir a México para salvarse, literalmente lo
invaden, pero claro, los usamericanos son grandes personas y por tanto
deciden condonar la deuda externa a los países pobres. Como si les quedase
otra solución. Realmente insultante esa actitud perdonavidas.
El bochorno y el absurdo se completan con el
discurso final del presidente (Emmerich demuestra ser un americano rancio
camuflado en un apellido europeo) dando las gracias a los "países del tercer
mundo" por ayudarles a ellos, los reyes del universo civilizado, y pide
perdón por haber jodido el planeta y haber condenado a muerte a casi todo su
país con una tremenda sonrisa en la cara porque han encontrado algunos
supervivientes en Nueva York.
Así que nadie se eche las manos a la cabeza
si después de salir del cine se siente engañado. La película es aburrida,
simple hasta la estupidez (eso sin hablar de la pseudociencia de este tipo
de películas), con personajes planos y tópicos, absurda y encima llena de
una moralina que lejos de concienciar da risa e incluso puede resultar
ofensiva. Lo peor de Emmerich sin duda alguna. Ni siquiera los actores están
bien porque sus papeles son una memez (el científico incomprendido y el hijo
desatendido). Daría lo mismo cambiar a Dennis Quaid por Steven Seagal (que
lo hubiese resuelto todo con hostias y meditación) y a Jake Gyllenhaal por
Jonathan Brandis (que en paz descanse). Sólo se salva la banda sonora del
principio y final de la película y algunas escenas también del principio y
el final en las que se ven paisajes espectaculares.
Nota:

3
Javier Ruiz de Arcaute. |