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Hace precisamente
cosa de un año una niña totalmente desconocida era nominada al Oscar a la
mejor actriz por una película casi desconocida. Ella era Keisha Castle-Hughes
y la película por la que había llegado a ese lugar era Whale Rider,
una pequeña película neocelandesa.
Whale Rider cuenta
la historia de una niña descendiente de una importante familia de jefes
maoríes. Al nacer su hermano gemelo murió, el que se suponía que iba a traer
la fortuna a los maoríes, y sólo quedó ella, casi rechazada por su abuelo,
que esperaba un sucesor más que nada en el mundo. Eso hace que el padre de
la niña llame a su hija Paikea, igual que el ancestro de la familia que
según cuenta la historia llegó hasta Nueva Zelanda a lomos de una ballena.
El abuelo no lo consiente, pero años más tarde es él el que cuida de ella
mientras el padre trabaja como escultor en Estados Unidos. Cuanto más cariño
hay entre Paikea y su abuelo, mayor es el deseo de éste de encontrar un
sucesor y es aquí, junto con una visita del padre, donde empieza el
conflicto y una historia sobre una niña que conoce su destino pero que es
rechazada por quien más la aprecia.
La película está basada
en una novela del también maorí Witi Ihimaera y ha sido llevada al cine de
una forma inmejorable por Niki Caro. Es una de esas películas muy
atmosféricas (algo que se ve sustancialmente realzado por la música de la
impagable Lisa Gerrard) y que aun estando ambientada en el presente tiene
mucho de leyenda épica ancestral, melancólica y de cuento mágico.
Niki Caro consigue algo
muy complicado y es mantener ese aspecto casi fantástico y a la vez no
despegarse del suelo, porque si algo tiene esta película a parte de una
atmósfera que te envuelve por completo es unos personajes geniales y
totalmente reales y creíbles. A fin de cuentas la protagonista es una niña
tenaz enfrentada a un abuelo cascarrabias y machista que no es capaz de ver
más allá de sus prejuicios.
Keisha Castle-Hughes es
sencillamente impresionante (algo que se confirma al ver las pruebas que
hizo antes del rodaje) y el reparto que la rodea está al mismo nivel que
ella. El abuelo está interpretado por Rawiri Paratene, un actor que nada
tiene que envidiar a nuestro Fernando Fernán Gómez cuando se pone en modo
"abuelo entrañable y quejica". Con un papel más está el único que nos es
algo familiar de todo el reparto, Cliff Curtis, que da vida al padre de
Paikea y que hemos visto haciendo de árabe, colombiano y toda clase de
papeles que requiriesen un malo moreno. Resulta que es otro actorazo
desaprovechado por Hollywood donde lo han encasillado como secundario étnico
(esos que hacen de cualquier cosa menos de norteamericano, como Banderas o
Cruz).
Cuando la vi fue una
película que me fascinó y al revisitarla se ha convertido en una de mis
favoritas que recomendaré sin cesar a todo el mundo.
Los extras son algo
peladillos pero también es cierto que no es una película sobre la que se
puedan hacer cantidad de documentales sobre los aspectos técnicos. Lo más
interesante es ver como eligieron a Keisha Castle-Hughes en un colegio, ya
que no era uno de esos niño/artista que se pasean en series y anuncios de
televisión. Salen las pruebas que ella realizó para el papel y es fascinante
ver como se lagrimea sin sobreactuar, dando la réplica a otro actor cuando
se lo ordenan. Tremendo.
Película:
   
9
Extras:
 
6
Javier Ruiz de Arcaute. |