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Está claro a estas alturas que Tiburón es un
clásico más que consagrado y que supuso el primer exitazo de Steven
Spielberg a pesar de que la catastrófica producción auguraba la ruina.
La película, por si aún hay quien no la ha
visto, nos sitúa en la tranquila población de Amity, un pequeño pueblo
costero que vive del turismo playero y que está a punto de abrir la
temporada de verano en el que parece que será un buen año. Martin Brody (Roy
Scheider) es el nuevo jefe de policía y un buen día se ve de bruces con los
restos de un cuerpo que parece haber sido atacado por un tiburón. Al poco
tiempo la muerte de un niño de igual modo desata el caos y a pesar de querer
cumplir con su cometido verá la oposición de las autoridades del pueblo más
preocupadas por hacer dinero que por la seguridad de la gente. Así Brody
deberá encargarse personalmente y con ayuda de un viejo pescador y un
oceanógrafo de dar caza a la enorme alimaña que atemoriza a Amity.
La película provoca un constante aumento de
la tensión durante la primera mitad, la parte en la que Brody está
prácticamente solo atosigado por el alcalde y por otro lado con una realidad
tan rotunda como un animalaco empeñado en disfrutar de su bufete de
bañistas. Nos sentimos tan solos e indignados como él. Spielberg, como quien
no quiere la cosa nos retrata perfectamente el funcionamiento de una pequeña
localidad como esa y el interés de las autoridades por proteger celosamente
sus beneficios políticos hasta que la situación se les va de las manos
(seguro que hoy lo sucedido con cierto huracán nos suena exactamente a lo
mismo).
La segunda mitad pasa a ser la misión de tres
hombres completamente distintos que deberán dar caza a la bestia y que
deberán limar asperezas para lograr su objetivo, algo que para cada uno de
ellos representa cosas muy distintas, pero que se convertirá en una obsesión
para todos. En esta parte Spielberg cuenta casi una historia de marineros,
casi a lo Moby Dick donde uno no sabe si la mitificación del animal
supera a la realidad o es a la inversa. Hasta que por supuesto, llega el
enfrentamiento final, asfixiante y terrorífico entre los hombres y el
tiburón.
La película es lo que es gracias sobre todo a
Spielberg. Es un ejercicio de dirección perfecto que además consiguió
dignificar un género (el de hombres contra "monstruos", si se le puede
llamar así) que hasta entonces no había sido más que una forma de los
estudios de hacer dinero a bajo coste con historias muchas veces absurdas.
Más mérito tiene la cosa cuando siendo su primera gran película se las dio
de bruces más de una vez con la realidad (el tiburón se oxidaba, el
presupuesto se disparaba...). No hay un sólo momento en la película en la
que uno despegue su culo del asiento.
La única pega de la película es que el tiempo
no ha hecho justicia a los efectos especiales, el tiburón, de aspecto muy
real, se mueve sin embargo de forma muy torpe y donde menea la boca cual
cocainómano pasado de vueltas. Aún así es algo que se deja pasar porque
Spielberg sabía que ni la máquina que tenía en sus manos funcionaba como el
quería y porque hasta los 20 minutos finales (y qué veinte minutos, señores)
no se ve al tiburón y el miedo te lo mete con esos planos subacuáticos que
se han convertido en indispensables para cualquier peli de similares
características.
En lo que respecta a esta edición hay que
empezar diciendo que el doblaje del DVD es totalmente nuevo. Se trata de un
estupendo doblaje, pero puede chirriar a los amantes de la película
acostumbrados al original. La imagen y el sonido son perfectos, aunque en la
versión original el sonido sigue sonando a viejo a pesar de ser un 5.1, algo
que dependiendo de la importancia que uno de a la nostalgia o la calidad
hará subir o bajar puntos en este aspecto.
El segundo disco es el que tiene todos los
extras. No es que el contenido sea espectacular pero sólo por el documental
Dentro de Tiburón merece la pena. Repasa, a partir de conversaciones
con Spielberg, los productores, guionistas o el escritor de la novela todo
el desarrollo de la película desde que se editó la novela hasta que el
estreno. Otra pieza interesante es Desde el Plató en 1974, donde
vemos el seguimiento del rodaje de la película en aquella época. El resto de
extras son más modestos y corrientes.
La edición merece la pena sólo por la
película, pero gracias a los extras podemos ser conscientes de lo que la
película supuso en su momento y de cómo la ven hoy día sus creadores.
Película:
    9,5
Extras:
  
7
Javier Ruiz de Arcaute.
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