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Difícil de plantearse
esta crítica es... Pongámoslo de esta forma. Desde 1999, con el estreno de
La Amenaza Fantasma, George Lucas ha luchado contra un icono
cinematográfico que ha pervivido hasta nuestros días de la mano de una
legión de millones de fanáticos de todo el mundo. Es difícil estar a la
altura: cada pequeño fallo es aumentado hasta límites incalculables, cada
personaje mal dibujado es una afrenta para el orgullo de aquél que ha
crecido con mitos de la pantalla como Han Solo. Algunas de las críticas han
sido ciertas: las precuelas de Star Wars empezaron con más de un
detalle para la galería y, por que no decirlo, concesiones al puro
marketing. Pero por encima de todo, la nueva saga de La Guerra de las
Galaxias ha estado plagada de dos problemas entrelazados que la han
perseguido hasta esta última y definitiva película: Lucas ha estado tan
enamorado de las posibilidades de la nueva tecnología que se ha olvidado del
toque humano: todas las conversaciones “emotivas” parecen forzadas y los
diálogos, a veces, son de puro culebrón sudamericano. El segundo problema es
la imposibilidad de identificarse con nadie. El público apoya al héroe.
Punto. Darth Vader puede ser un personaje fascinante, pero no ha nacido para
ser el preferido de la audiencia, a pesar de que su transformación
definitiva al lado oscuro se vea motivada por al menos media docena de
motivos distintos, todos ellos relacionados con el amor que siente por su
mujer. Al público le mola ese punto de maldad, pero con una bolsa de
palomita en la mano apoya al héroe, al bueno, al guapo. ¿Os imagináis a
Indiana Jones matando a un niño en defensa propia? No, ¿verdad?.
La Venganza de los
Sith es la mejor película de la nueva trilogía. De largo. El viciado
mundo que Lucas nos presentaba en los dos primeros films desaparece y
volvemos al blanco y negro: los Jedis, los buenos; los Sith, los malos. Sin
políticos, senadores, conflictos fronterizos, bloqueos comerciales o
mercachifles apostadores. Con esa base, imprescindible para hacer una peli
de aventuras, el Episodio III se libra de las ataduras de sus
precedentes y es, sencillamente, acción a saco. Por un tubo, y potenciada
por el aspecto de la historia más importante de todos: en este film, más que
nunca, se aprecia la evolución de los personajes que llevaba gestándose
desde La Amenaza Fantasma. Por eso creo que el visionado de los tres
primeros episodios juntos va a hacer que la saga gane. Ahora si que hay un
conflicto. Ahora sí que hay un motivo, un peligro y una razón. Hay algo en
juego.
Muchos han considerado
que los actores han mejorado considerablemente desde la última vez que nos
los encontramos. Desde luego, Hayden Christensen tiene más chicha a la que
agarrarse, su personaje está mucho más trabajado y le permite jugar un poco
más con la ambigüedad que desprende. Natalie Portman, por desgracia, poco
tiene que hacer: ésta no es su película y sabe que, al igual que Samuel L.
Jackson, su personaje es meramente accesorio (y por accesorio me refiero al
“bombo”) para que se desarrolle la trama. Sin embargo, Ian McDiarmid saca
petróleo. Repito. Petróleo, de un papel que ni mucho menos es un mero “malo
malvado”. O bueno, sí que lo es, pero al menos está orgulloso de serlo. Y a
Palpatine, gracias a McDiarmid y a su porte aparentemente apocado capaz de
transformarse en una máquina de destruir, a hijoputa no le gana nadie.
Sin embargo, digámoslo
ya, Ewan McGregor emerge como triunfador absoluto. Es el único que da forma
a un personaje clásico como Obi-Wan Kenobi y, lejos de imitarlo, lo
extiende, lo moldea y se regocija en los mejores puntos de este individuo:
en el 99 era un adolescente impetuoso, en el 2002 un detective privado
dispuesto a desentrañar el secreto del plan de los malos, ahora es una
figura paternal y un héroe de acción, y todo sin perder de vista a su
modelo, al gran Alec Guiness. A lo largo de estos seis años, McGregor ha
hecho un homenaje en toda regla en la que ha sido, durante más de media
década, su mejor interpretación (y sin ayuda de nadie, y menos de Lucas).
Así que Star Wars
comienza aquí... Por primera vez desde la carrera de vainas, las secuencias
de acción están bien diseñadas, con suspense, energía y garra. Y a pesar de
que las secuencias donde se supone que se desarrollan ideas siguen siendo
tan mediocres como en el Episodio II (y, por qué no decirlo, tan
mediocres como en El Retorno del Jedi), de algún modo se puede
percibir que la tensión crece y el peligro aumenta hasta culminar en la
última media hora de film, donde Lucas ya no se limita a dar vida y
emoción a sus personajes: los convierte de nuevo en héroes y mitos del cine.
Y como muestra un botón: el momento en el que suena, por primera vez la
respiración de Darth Vader y podemos decirnos a nosotros mismos: “Vaya, pues
es justo como me imaginaba que sería, pero mejor”.
LOS EXTRAS:
- Escenas eliminadas:
Empezamos bien, con una presentación alternativa del general Grievous y
Anakin y Obi-Wan escapando de la nave empleando señas propias de un partido
de béisbol para planificar la estrategia (frotar la ceja, mover el
mostacho...). Sin embargo, el resto está bien borrado: interminables
discusiones políticas que aburren al espectador y protagonizadas por Natalie
Portman (cuyo personaje ha sido reducido al 10%). Quizás, lo mejor para los
nostálgicos, sea la llegada de Yoda a Dagobah. Los doce segundos que dura.
-
En Menos de un Minuto: Posiblemente, uno de los mejores making of
jamás concebidos. Un repaso a Lucasfilm Ltd., desde el guión hasta el
resultado final pasando por, incluso, el catering; y todo centrado en una
secuencia, el duelo final de sables en el planeta Mustafar. Todos los
miembros que han participado en el film son incluidos en títulos de créditos
adicionales, y todo se nos explica de forma clara pero inteligente, de una
manera que los que se dedican a esto del cine podrán sacar provecho (o, en
el peor de los casos, comerse las uñas de envidia). En cualquier caso, este
documental se prolonga durante más de una hora y la cantidad de gente que
trabaja es infernal.
-
El Elegido: O cómo el inocente Anakin Skywalker se transforma en el
malvado Darth Vader. En realidad, te explican lo que has visto en la peli,
pero puede ser interesante ver a Lucas dando instrucciones a los actores,
una verdadera rareza, si escuchamos todos los rumores que se dicen de
Barbapapá...
-
Son Auténticas: aquí se nos comenta el entrenamiento de McGregor y
Christensen para las secuencias de acción, no sólo en relación a las luchas
con sable, sino a los saltitos, piruetas y caídas que adornan el film.
Interesantillo... y Samuel L. Jackson es un cachondo. Je, je.
- Documentales web: lo
siento pero no me pagan lo suficiente. 15 documentales cortitos que exploran
TODOS, TODOS los aspectos que quedaban por explorar del universo Star
Wars. Ahora bien: si creíais que el Making Off del film exploraba los
complejos entresijos técnicos del film, aquí vais a salir licenciados en
cine y artes mayores.
-
Chorraditas varias: video musical, pósters, demos jugables, trailer… lo
normal, vamos.
En general, mucho más
orientado a la información especializada que otros DVD’s de la saga, destaca
sobre todo por su Making Off central. El film presenta una calidad
magnífica, manteniendo perfectamente los detalles que en el cine no pasaban
desapercibidos (aunque aquí vais a tener que esforzaros mucho para ver el
Halcon Milenario). Las sombras hace mucho que dejaron de ser un problema y
el efecto de integración de los personajes en el fondo está prácticamente
solucionado. Iba a decir que es una adquisición obligatoria para los amantes
de la saga, pero a esas alturas esas cosas sobran, ¿no os parece?.
Película:
   8
Extras:
   
8,5
Rafael Martín.
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