|
Steven Spielberg realiza
su particular exorcismo del 11-S con una película que se mantiene al mismo
nivel que el resto de sus últimas producciones. O sea, excelente. La
invasión de La Tierra por los extraterrestres es un asombroso ejercicio de
economía narrativa y, sobre todo, una vuelta a los clichés de un género que
siempre ha apostado por las escenas de destrucción masiva y el heroísmo de
unos pocos en medio de la histeria de las masas. Aquí no. Spielberg narra la
invasión desde el pequeño punto de vista de Ray Ferrier, un humilde
trabajador y desastroso padre de familia encargado de cuidar de sus dos
hijos. El panorama global de la invasión desaparece y nos quedamos con una
sencilla historia de supervivencia de una familia en medio del caos, la
paranoia y el miedo elevados a un grado superlativo en correspondencia con
la situación provocada por el ataque de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva
York.
Como es acostumbrado en
las obras del Maestro, los efectos especiales dejan con la boca abierta a
pesar de que no exista un especial afán por darles importancia, sino que se
integran como un elemento más de la historia. El film es lo suficientemente
rico en situaciones como para no aburrir al espectador pero el hecho de
convertir la película en una revisión de La Lista de Schindler con
marcianos en vez de nazis puede echar para atrás al espectador ansioso de
contemplar un blockbuster veraniego, cosa que el film no es ni por asomo. En
realidad, el punto más débil del film es su actor principal y por motivos
ajenos a su labor. Tom Cruise realiza una interpretación muy esforzada pero
el papel juega en su contra: un actor desconocido, fresco e incluso gordo y
feo hubiera conseguido una identificación total con el espectador de a pie,
el espectador al que Spielberg siempre intenta llegar con sus películas pero
que en esta ocasión no termina de decidir si está viendo un soberbio
documental sobre las consecuencias de una guerra planetaria o un vehículo
para el lucimiento del protagonista de Misión: Imposible
(particularmente en el momento en el que Ferrier consigue lo que no han
hecho veinte aviones y treinta tanques en todo el film: cargarse un trípode
de 45 metros de altura el solito). Sin embargo, a pesar del bajón de ritmo
que registra el film durante el momento en el que los protagonistas se
refugian en el sótano de un lunático (Tim Robbins), La Guerra de Los
Mundos gana conforme se ve en casita, Tito Steven sigue demostrando que
es uno de los mejores narradores contemporáneos, pleno de ideas y energía y
cada vez más asentado en su nuevo estilo “in your face”, cámara en mano y en
constante evolución, sin signos de estancamiento.
LOS EXTRAS:
Los que adquieran la
edición especial no se sentirán decepcionados. Más que en anteriores films
de Spielberg, el segundo disco incorpora unos fenomenales diarios de
producción donde se sigue día a día el desarrollo del film, y en los que
podemos ver a Tito Steven en acción, generando ideas nuevas a cada momento y
manejando a su equipo con mano maestra en una producción realizada en un
tiempo muy reducido, deficiencia solventada gracias a una planificación
ejemplar. Se echa de menos la presencia de Tim Robbins en los comentarios
del film y la verdad es que a excepción de los Diarios antes mencionados, el
resto de extras son muy normalitos y algunas veces, hasta aburren un poco,
sobre todo con las múltiples referencias a la película original de George
Pal. Como dato curioso, las escenas de “animática” (storyboards realizados
por ordenador para apreciar mejor como quedará una escena) cada vez se
acercan más a Toy Story, por precisión y realismo.
Película:
   8
Extras:
  
7
Rafael Martín.
|