Críticas

BUSCANDO A NEMO

Atención a todos los amantes del cine de animación tradicional. Buscando a Nemo supone la sentencia de muerte del dibujo animado clásico Disney. ¿Es eso una mala noticia?. No, en absoluto. Sencillamente quiere decir que las cosas en el mundo del cine se van aclarando un poco, gracias a hechos que se expresan en frases sencillas y cortas, como ésta, a ver que os parece: nadie hace pelí­culas animadas como Pixar. No me refiero al empleo de técnicas modernas de animación, sino que nadie es capaz de recrear la fantasí­a y el espí­ritu de las clásicas pelí­culas Disney como la compañí­a de John Lasseter. Muchos lo han intentado, como Don Bluth, y han fallado miserablemente porque en cada producción independiente pulula el fantasma de clásicos como El Rey León, Pinocho, La Bella y la Bestia o Merlí­n el Encantador.  Ahora bien, no deja de resultar paradójico que sea una compañí­a instalada plenamente en el mundo del cine del siglo XXI la que haya sabido rescatar esa combinación de ritmo, emoción y excelencia técnica de la que gozaban las pelí­culas que he mencionado antes. Sólo El Gigante de Hierro lo ha conseguido, y no es de extrañar que su director, Brad Bird, haya sido elegido por Pixar para desarrollar su nueva pelí­cula Los Increí­bles, que se estrenará en el 2004, con un poco de suerte.

Buscando a Nemo narra la historia de Marlin, un pez payaso que asiste a la masacre de su familia (mujer y 400 hijos incluidos). Sólo hay un pequeño embrión superviviente, su hijo Nemo, al que tiene completamente superprotegido. Pixar no tiene que recurrir a enormes requiebros de guión para atraer al público, así­ que el punto de partida de la acción es bien sencillo: mientras intenta demostrar a su padre que es capaz de valerse por sí­ mismo, Nemo es secuestrado y enviado a la pecera de un dentista. Para Marlin, que nunca ha salido a mar abierto, es hora de rescatarle, y lo hará con la ayuda de Dory, (a la que habrí­a que dedicar una pelí­cula entera),  un pez incapaz de recordar nada durante más de dos minutos.

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Buscando a Nemo es un peliculón como la copa de un pino. Los que estamos acostumbrados a tragarnos unas veinte pelí­culas a la semana establecemos un combate particular con la pelí­cula, la desafiamos a ver cuando pierde el ritmo, cuando se hace monótona, pesada, incongruente, pastelazo o lo que queramos ponerle en contra. Durante el noventa por ciento del metraje, nuestra derrota es total, más que nada porque los primeros tres cuartos de hora son apoteósicos. Puede que Marlin y Dory no hagan nada más que buscar al pequeño Nemo durante toda la pelí­cula, pero la sucesión de aventuras que atraviesan no tiene parangón en el cine reciente: escapar de un barco hundido mientras te persigue un tiburón vegetariano que se ha vuelto loco con el olor de la sangre no es algo que le ocurra a nadie todos los dí­as. Lo mismo vale para la secuencia de las medusas, o la del pez abisal, o la de las tortugas, o el momento en el que Nemo inicia un plan de escape desde la pecera del dentista. La historia de Nemo tampoco tiene desperdicio, acompañado por peces domesticados que rápidamente le integran dentro de su comunidad sin asomo de recelo alguno. Ese conjunto arrollador de escenas da forma a la pelí­cula.

El fondo es el océano, como nunca se ha visto representado en pantalla. De una hermosura sin igual. Los pequeños detalles se suceden continuamente, y los gags visuales aparecen en el momento justo, la mayorí­a de ellos referidos al mundo donde se sucede la acción, un océano exageradamente humanizado, con tiburones que se reúnen en plan Alcohólicos Anónimos, por citar un ejemplo. ¿Queréis más? Sigamos con los personajes, destacando, como no, a Marlin y a Dory (con la voz de Anabel Alonso en un doblaje español que no tiene desperdicio alguno) como la mejor pareja de colegas que he visto en mucho tiempo. Si bien Dory y esa tara que lleva sobre sus aletas producen las mejores risas de la pelí­cula, Marlin está a punto de comerse la pantalla, debido a que por primera vez en mucho tiempo la madre no es la protagonista de la pelí­cula.

Marlin es el padre viudo que debe superar sus propios temores, desprovisto de la fuerza y el tesón que le otorga el instinto animal a la madre, y se gana desde el primer momento la simpatí­a del espectador cuando comienza a tomar conciencia de su verdadero papel en la historia: el de héroe a la fuerza. El Marlin que empieza la pelí­cula (deprimido, tí­mido, antisocial, excesivamente protector con su hijo) no tiene nada que ver con el que nos encontramos noventa minutos después, liberado de todo exceso de responsabilidad y con las baterí­as dispuestas para formar otra familia. En un momento en el que todas las pelí­culas “familiares” exaltan continuamente el valor de la familia tradicional como institución (todos juntos de la mano y cogiditos como hermanos, a pesar de que éstos te caigan como el culo), Buscando a Nemo tiene las narices de atreverse a decir que lo que importa de verdad es estar con los que uno realmente confí­a, ya sea tu familia o tus compañeros de pecera (la confianza, y no el amor, es el tema central de la pelí­cula), a pesar de las deficiencias que puedan tener (y hay muchas: Nemo tiene una aleta atrofiada como consecuencia del ataque que acaba con su madre y sus hermanos y Dory bueno, es sencillamente Dory – su monólogo sobre la soledad le parte a uno el corazón, de veras).

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Conste aquí­ que el merengue lo estoy poniendo yo, que soy un tí­o muy sensible con estas pelí­culas (cuando veo El Gigante de Hierro, Kleenex me manda un enví­o especial de diez cajas de pañuelos). Nemo no es descaradamente enternecedora, ni tampoco tan descaradamente incorrecta como Shrek. Nemo es casi perfecta a nivel narrativo, (porque, a nivel técnico, es que no tiene parangón. Punto.) ya que solo se le podí­a echar en falta ese climax final que acompañaba hasta este momento todas las pelí­culas de Pixar y termina de saciar completamente al espectador. Pero a esas alturas del espectáculo a un servidor eso le importa un bledo. Un alarde de imaginación extraordinario. Junto con Mystic River y Kill Bill, de momento,el trí­o maravillas del año (a ver que sorpresas nos deparan Master And Commander y Lost in Translation, de próximo comentario). A verla YA.


Andrew Stanton, Lee Unkrich | Andrew Stanton, Bob Peterson, David Reynolds | Albert Brooks, Ellen DeGeneres, Alexander Gould, Willem Dafoe, Brad Garrett, Allison Janney, Austin Pendleton, Stephen Root | Sharon Calahan, Jeremy Lasky | David Ian Salter | Thomas Newman | Ralph Eggleston | Graham Walters | John Lasseter | Pixar Animation Studios, Disney Enterprises, Walt Disney Pictures | Buena Vista International | 10 |

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