Críticas

DOGVILLE

Dogville es un pueblo al que llega Grace (Nicole Kidman) una mujer que huye de una banda de gangsters y de la policí­a con la intención de ocultarse en las Montañas Rocosas durante la época de la depresión. Sin embargo, Tom (Paul Bettany), un joven aprendiz de escritor se enamorará de ella y la integrará poco a poco en un pueblo donde sus habitantes, un poco reacios al principio, terminarán por ocultarla a cambio de tenerla de chacha de los recados, algo que la chica acepta gustosa y de buen grado. El mayor problema es que  Dogville es uno de esos pueblos donde sus habitantes se guí­an por el refran “dar la mano y coger el brazo”, algo que no tardará la propia Grace en comprobar en sus propias carnes (literalmente).

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La gracia de todo este asunto es que Dogville se desarrolla í­ntegramente en un enorme escenario teatral donde la mayor parte de los edificios no existen, y solo unas piezas de mobiliario sirven par dar un carácter reconocible a cada casa: las paredes están señaladas en el suelo con tiza, así­ como el nombre de las calles, los arbustos, e incluso el perro oficial del pueblo. Las estaciones del año, el dí­a y la noche se representan a través del sonido y la colocación de pantallas blancas y negras, con lo que en definitiva, podemos observar todo el lugar y a sus habitantes en su más estricta intimidad. Si bien los primeros minutos resultan algo chocantes, la gran labor de fotografí­a y sonido posibilitan que el público se acostumbre rápidamente y se integre con facilidad en la historia. Es un ambiente mágico, irreal y muy claustrofóbico, y a primera vista parece una idea magní­fica a la hora de contar una historia, pero Von Trier no la aprovecha en ningún momento de la pelí­cula: mientras se desarrolla la acción principal podemos ver simultáneamente lo que realizan los demás personajes en otros puntos del pueblo, pero como no hacen absolutamente nada interesante, tanto da haber quitado las paredes como haber colocado muros de hormigón armado.  Fallo número uno. Mal empezamos.

Éste fallo, que no deja de ser una tonterí­a ya que no afecta para nada a la pelí­cula, se ve fácilmente compensado con los mayores aciertos del film, que son sin duda la puesta en escena de Von Trier y la labor de los actores, en especial Kidman y Skaarsgard. Dogville es un pueblo recóndito, cerrado, donde sus habitantes mantienen una unión casi espiritual entre ellos: más que una familia son una colmena. La llegada de Grace, una extraña, les obligará a replantearse su postura cerrada y a tomar una decisión en común para tratar el futuro de la chica. Esto provoca una tensión creciente que se aprecia a lo largo de unos (larguí­simos) 177 minutos de duración. Grace es un verdadero caramelo para cualquier actriz, y Kidman lo aprovecha en todo su esplendor, poniendo toda la carne en el asador por mucho que juegue en su contra ese 1,85 de altura, esas columnas griegas que tiene por piernas, esos ojos, ese estilazo y esa aureola de megaestrella que lucha por quitarse de encima durante toda la pelí­cula (algo a lo que no ayuda ese PERFECTO maquillaje Max Factor que lleva encima). Sin embargo, la constante voz en off del narrador no deja espacio para la interpretación del espectador acerca de lo que está viendo, con lo cual no sacamos nuestras propias conclusiones, ya que se nos explica absolutamente todo lo que pasa por la cabeza de los personajes, y eso a mí­, particularmente, me aburre mucho.

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Pero veréis, el problema de Dogville es un problema de base: el guión no funciona, y el director es un puñetero pedante y un manipulador de primer nivel. Sencillamente, porque por mucho que Von Trier nos hable (y mucho) de la moral, la arrogancia, el entregarse a los demás, el individualismo y demás valores, no es más que una mera excusa para mostrar la idea principal del film. Los crecientes abusos a los que Grace se ve continuamente sometida son una constante a lo largo de la pelí­cula, y culminan con un bárbaro estallido de venganza que satisface las ansias del espectador que ha sufrido con la pobre chica durante tres interminables horas: Grace, que durante ese tiempo ha sido una especie de Betty la fea, se convierte por arte de magia en EL ANTICRISTO y el espectador lo ha pasado tan mal que no puede sino aplaudir su reacción (insisto: excesiva, sanguinaria y sádica) a las vejaciones que ha recibido, lo que hace sentir verdaderamente mal a la audiencia, no porque haya sacado las conclusiones ella misma, sino porque ha sido conducida y manipulada con guante de seda. En definitiva: vale la pena ver Dogville, aunque solo sea por contemplar algo diferente a lo que ya estamos acostumbrados a ver. Pero ni por lo más remoto he pensado en algún momento que la pelí­cula sea la obra maestra que media crí­tica europea dice que es, por muy visualmente fascinante que sea. La verdad es que he visto pelí­culas de Steven Seagal más honestas. Hasta la próxima.


Lars Von Trier | Lars Von Trier | Nicole Kidman, Paul Bettany, Stellan Skaarsgard, Ben Gazzara, Phillip Baker Hall, Lauren Bacall, James Caan, Patricia Clarkson, Chloí« Sevigny | Anthony Dod Mantle | Molly Marlene Stensgí¥rd | Peter Grant | Vibeke Windelov | Peter Aalbí¦k Jensen | Zentropa Entertainments | Golem Distribución | 4 |

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