Las Horas Perdidas

7

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: EL RETORNO DEL REY

Peter Jackson
Peter Jackson, Philippa Boyens, Frances Walsh, basándose en la obra de J.R.R. Tolkien
Viggo Mortensen, Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Bernard Hill, Miranda Otto, Liv Tyler, Hug Weaving, Andy Serkis, Karl Urbam, David Wenham
Andrew Lesnie
Jamie Selkirk
Howard Shore
Grant Major
Peter Jackson, Barrie M. Osborne, Frances Walsh
Michael Lynne, Mark Ordesky, Robert Shaye, Bob Weinstein, Harvey Weinstein
New Line Cinema, WingNut Films, The Saul Zaentz Company
Aurum

Ya está. Se acabó. Tres años de saga llegan a su fin con el último capítulo de la trilogía más importante de la historia de Hollywood. Tres horas y veinte minutos donde Jackson termina de poner todas las cartas sobre la mesa con el objetivo de poner el broche de oro a su más acariciado proyecto.

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El Retorno del Rey no debería llevarse el Oscar a la mejor película. Ni siquiera una nominación. De las tres películas, es la que menos funciona por separado ya que supone el climax de una historia que ha durado (dejadme ver…contando las ediciones extendidas…) unas 9 horas, a ojo de buen cubero. Es, sin lugar a dudas, la más floja en cuanto a interpretación y ritmo. Vale que tenga las escenas más espectaculares que se pueden ver en el cine reciente, lo que parece increíble es que, tras tomarse semejante tiempo en explicarnos una historia, Jackson termine por meterse una prisa del diablo a partir de la segunda mitad de la película.

Ahora bien, desde luego, cuando se trata de poner la puntilla, Jackson cumple y a lo grande. Su talento para las imágenes épicas se aprecia con claridad en la llegada de Frodo y Sam al monte del Destino, donde el ambiente está tan logrado que la temperatura en la sala se caldea varios grados. Por desgracia, hablamos de una trilogía que funciona como un solo film, y esta ultima entrega convierte en errores los aciertos acumulados del episodio anterior: Faramir aparece unos cinco minutos, al igual que Barbol. Saruman, al que tanto bombo habían dado en el capítulo precedente, está desaparecido. El punto clave de la película, la transformacion de Aragorn de montaraz con greñas a rey de todos los hombres, está manejado mal y con prisas.

Pero aciertos la peli los tiene a patadas. Para empezar, Sean Astin, en el personaje de Sam se convierte por derecho propio en el heroe indiscutible de la historia, ya sea por su labor en los últimos momentos del film o por su tremenda batalla contra Ella-Laraña, una, ejem, araña gigante que da verdadero asco y pavor y que es, junto con Gollum, el mayor triunfo digital de la película.

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Lo de Gollum es que es tremendo. Mejorado incluso sobre la película anterior, hace olvidar que estamos delante de un personaje generado por computador. Maquiavélico y perverso, su viaje al lado oscuro, el triunfo de su mitad malvada es uno de los aspectos mejor manejados de la película.

Pero hablemos claro. No se puede hacer una critica de esta obra ateniéndonos a aspectos meramente formales. Es demasiado grande. Demasiado esfuerzo por parte de unos profesionales que han dedicado decadas de su vida y meses de sueño perdido en llevarnos esta adaptación a nuestras pantallas como para encima putearles con memeces acerca de problemas de ritmo o interpretación. La clave de toda adaptación es preservar el espíritu y el mensaje de la obra original. El Señor de los Anillos, de Peter Jackson, lo consigue plenamente, a pesar de los cientos de minutos que se han quedado en la sala de montaje y de los que disfrutaremos, casi con toda probabilidad, en la edición extendida que aparecerá el próximo año.

De esta forma, si alguien se desespera al ver que este film se alarga en exceso debido a los doscientos finales que nos meten, que entienda que hablamos de 9 horas de metraje, sólido, serio, espectacular y trabajado; no solo para mantenerse fiel al mundo creado por Tolkien, sino para dar ciento y raya a cualquier película de aventuras moderna. El primer punto lo consigue con creces. El segundo punto ya es cuestión de gustos. Puede que a mí, particularmente, no termine de llegarme el mundo de la Tierra Media, pero soy un devoto del trabajo bien hecho, con esmero y cuidado. Y El Señor de los Anillos es un ejemplo perfecto de lo dicho, aún con todos sus peros. En definitiva, este último capítulo puede que escasee en momentos reposados, pero gana en imágenes épicas (el asalto a Minas Tirith hay que verlo para creerlo). Te guste o no te guste la obra de Tolkien, hay que quitarse el sombrero ante lo que es, en definitiva una gran, gran hazaña. FIN.

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Una crítica de: Rafa Martín

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