Reportajes

TIM BURTON: UN MUNDO PARA ÉL SOLO

PASITO A PASITO…

Entra Stephen King. Tras ver Frankenweenie, King se pone en contacto con Bonnie Lee, ejecutiva de Warner Bros., estudio con el que Burton ha estado muy unido durante casi dos terceras partes de su carrera como director, la cual se lo presenta al actor Paul Reubens, que pensaba llevar a la gran pantalla una adaptación de su famosí­simo personaje televisivo para niños Pee-Wee Herman. La pelí­cula La gran aventura de Pee-Wee (Pee Wee’s Big Adventure, 1985) fue un éxito sorpresa, pero se ha convertido, con el paso de los años, en otra pelí­cula de la que Burton prefiere no oí­r mucho, en parte gracias al sr. Reubens, que no entendió la sutil diferencia entre ver pelí­culas porno en tu casa a la luz de la luna y verlas en un cine porno mientras te masajeas los güitos. La verdad es que era una chorrada, pero a Reubens le cayó un paquete (je) de los que hacen historia: su show fue cancelado y fue condenado a servicios comunitarios. Sin embargo, Burton y Reubens mantuvieron su amistad durante largo tiempo, volviendo a colaborar juntos en Batman Vuelve (1992). Tras este film, Burton habí­a comenzado su meteórica carrera: solo faltaba que su segundo paso fuera acertado.

Y así­ llegó Bitelchus (Beetlejuice, 1988), una muestra de lo que podí­a hacer Burton con el control creativo completo. Bitelchus es la historia de los Maitland (Geena Davis y Alec Baldwin), un joven matrimonio que, tras un incidente con un puente, un rí­o, un coche y un perro un poco cabrón, se convierten en fantasmas en su propia casa. Lo malo es que la casa es adquirida por el matrimonio Deitz (Jeffrey Jones y Catherine O’Hara), unos verdaderos cagamandurrias de ciudad que pretenden hacer del apacible y clásico hogar de los Maitland un esperpento Neo-Rock de neón y acero. Para echarles de la casa, dada su absoluta inutilidad para asustar a sus actuales ocupantes, los Maitland “contratan” a Bitelchus (Michael Keaton), un especialista en el arte de aterrorizar a los pobres seres vivos.

Este film supone, con todos sus fallos (para empezar, que es una comedia que no divierte), un momento importante de definición para Burton: no sólo conocerá a su primer actor fetiche, Michael Keaton (¿dónde estas, Michael? ¡Te queremos!), sino que estableció una relación especial con la que pudo haber sido su musa y fuente de inspiración, una jovencí­sima Winona Ryder, que interpretaba a Lydia, la oscura y depresiva hija de los Deitz, y la única que puede ver al matrimonio de fantasmas. La pelí­cula mantiene el ritmo, y las influencias que marcaron a Burton (el expresionismo de la UFA alemana, la Hammer y el surrealismo de Dalí­, entre otros) hacen que visualmente sea muy atractiva, pero el guión no termina de mantenerse a la altura, a pesar de los esfuerzos de Keaton por mantener el interés del público con sus muecas. Sin embargo, a pesar de no ser un éxito, Bitelchus confirmo a Tim Burton como un talento visual a tener en cuenta. Así­ llegamos a 1990. Así­ llegamos a Batman.

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Críticas

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Todos pasamos al otro lado con las manos vacías.

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El amor nos salvará a todos.

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Caída en picado en el pozo de la corrupción.

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