Críticas

9 SONGS

Uy, uy, uy… basurilla cultureta habemus… La pelí­cula polémica del festival de Venecia es eso… mucho ruido y pocas nueces. Bueno… en realidad como pelí­cula no tiene ningún sentido. Hay nueve canciones (con grupos como The Von Bondies, Primal Scream, Franz Ferdinand, Black Rebel Motorcycle Club) y entre ellas vemos a dos personas copular, fornicar, tener acceso carnal y/o enterrando el hueso. Ya está. No hay más.

De estos dos nada se sabe. Salvo que por los pocos diálogos que hay en el film se quieren mucho y viven un amor genial y maravilloso basado prácticamente en el sexo. No hay guión y todo se deja a la improvisación, lo que tampoco es mucho decir, porque nadie hace o dice nada. Una vez pasado el nivel “atletismo sexual” te das cuenta de que la parejita es muy desagradable. O eso o piensas que son robots porque aparte de poner cara de gozo, no expresan gran cosa. Pero Winterbottom cree que todo lo arregla con cámara en mano y cochambroso estilo Dogma que arruina la fotografí­a, lo mejor de la peli, cortesí­a de Marcel Zyskind.

Bien, ahora, dado que no queremos que nos cierren la página por guarros, os ofrecemos un textito protagonizado por el ya conocido y amado por todos.

Sí­, hay penetraciones explí­citas. Sí­, hay eyaculaciones. Sí­, hay “que te lo como tó”. Pero es que no aportan nada. Em, poniéndonos en plan pornócratas… poco imaginativas (menos una masturbación con los pies, cosa fina. Por cierto, se la hace la tí­a al tí­o. En una bañera. El colmo de la dificultad). ¡Ah!, y se ve rajita con… VERRUGAAAAAA. También hay momento que quiere ser muy sado, ya que implica cinturones de cuero y vendas en los ojos (a cualquier cosa le llaman masoquismo…). En fin, de lo más normal, pero eso sí­, muy que “salta a la vista”. Además, ruiditos varios por doquier: chofs, chofs; mmmmms; slurps, slurps… y ese curioso sonidito que hacen las gónadas masculinas cuando chocan con… eggggg… vamos a dejarlo, anda, que hay niños que leen esto. En definitiva, que cuando ves una porno güena con Jenna Jameson, sabes donde está LA DIFERENCIA entre la clase y el glamour profesional y el vulgar sexo amateur. Nótese particularmente en la escena de la oral performance, que aburre mogollón.

Por mi parte ha sido una experiencia interesante porque ha sido lo más cercano a visitar un cine porno. Incomoda bastante ver un pepino de veinte centí­metros en el cine porque parece un misil balí­stico intercontinental QUE SE ACERCA A MATARTE. Con gafas 3-D en plan Spy Kids el Samur se planta en medio de la sala. El tí­o es una mezcla de Orangután etí­ope + Policarpo Dí­az y a la tí­a la rellenaba digitalmente, porque es que se le notan las costillas que da gusto y los pechos se le han caí­do por el camino. Pero es guapa. Mejor verla en casita que asusta menos. La sala, llena a rebosar, no mostraba el menor aplomo, pero parecí­a como si todo el mundo estuviera a un tris de: a) partirse el culo de risa o b) salir corriendo… sobre todo en el momento de la eyaculación. En una pantalla de doscientas pulgadas, es como un susto de peli de terror de las buenas.

Manubriopuntuación: 3/10

No se muy bien que ha querido hacer el realizador británico (también creador de buenas pelis, como In This World o 24 Hour Party People) pero desde luego, esta pelí­cula frí­a, sin alma, aburrida y muy antipática no es la mejor manera de ganarse al espectador. Además, nota aparte: lo de las canciones no funciona. Dura diez minutos menos que Antes del Atardecer (prontito en nuestros cines, y ya podemos decir que es un peliculón) y cansa un millón de veces más. Evitadla si podéis. Puro morbo vací­o.

LO MEJOR: Primal Scream con Movin’ On Up en directo. Moooola. La fotografí­a.

LO PEOR: Es insulsa. Si quiere mostrar lo distante que puede llegar a ser una relación, lo consigue de pleno, pero no creo que ese sea su mensaje. Ninguno de los actores lo hace muy bien, la tí­a irrita mazo y no hay ningun desarrollo de personajes ni humor, ni nada que la haga atractiva. Todo parece superimportante, pero no lo es. Es como ver una carta de ajuste. Por lo menos, hay que agradecer a Winterbottom que haya creado un nuevo género: el Pornomusical (más o menos a la altura del Cine de sudor y cerveza). Franz Ferdinand en concierto son moderadamente asquerositos. Y la letra de sus canciones es un poco lousy. O sea, piojosa.


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