

Woody Allen regresa con una nueva película como cada año. En los últimos tiempos se ha centrado más en la comedia y aunque en esta película no prescinde de ella también tiene su parte dura y dramática.
Lo cierto es que Melinda y Melinda es precisamente la demostración de que la vida es una mezcla de drama y de comedia y de que todo depende del ojo con el que se mire. Así Allen nos sitúa en un restaurante, en una cena en la que dos guionistas, cada uno especializado en un género (drama y comedia), narran una historia real que les cuenta un tercero según el punto de vista de cada uno. Esa historia es la de Melinda, una treintañera bastante desequilibrada a la que persigue un pasado tormentoso, y la gente que le rodea cuando vuelve a su Nueva York natal.

Los dos guionistas introducen algunas variaciones en la historia para llevarla más a su terreno pero sin que la cosa pierda sentido. Es casi como ver dos películas en una. La historia dramática, llena de tragedias y pesimismo resulta más contundente por la crudeza de lo que cuenta y por cómo lo cuenta. La parte cómica en cambio sirve para rebajar la dureza de le primera historia y desata las carcajadas en más de una ocasión. Las dos partes son igual de buenas y gustarán más o menos según el tipo de historias que atraigan al espectador.
Como de costumbre el estupendo guión de Allen se ve muy beneficiado por el gran trabajo de los actores. Radha Mitchell, a la que hemos visto en Pitch Black o más recientemente en El Fuego de la Venganza, cumple su papel con creces y soporta casi todo el peso de la película. Digo casi todo, porque en la parte cómica el protagonismo se centra en Will Ferrell, actor que normalmente no hace más que mamarrachadas pero que demuestra ser un estupendo actor cómico si se le pone a las órdenes del director adecuado. Chloë Sevigny, Johnny Lee Miller y Chiwetell Ejiofor realizan unos grandes secundarios y las breves apariciones de Vinessa Shaw y Josh Brolin son realmente descacharrantes, en especial la de éste último en su papel de pijo chulopo cuya presentación con zoom Lazarov y sonrisa profident aún me produce escalofríos.
Personalmente siempre he preferido a Allen como director de comedia y puede que por eso, a pesar de reconocer su buen hacer, la película no me ha gustado tanto como Todo lo Demás o la que para mí es su mejor película, Annie Hall.
Una crítica de: Javier Ruiz de Arcaute
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