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EL FANTASMA DE LA ÓPERA

Escrita por: Colaborador | 15 diciembre | 8:04 PM

Joel Schumacher | Andrew Lloyd Webber, Joel Schumacher | Gerard Butler, Emmy Rossum, Patrick Wilson, Miranda Richardson, Minnie Driver, Ciarán Hinds, Simon Callow, Victor McGuire, Jennifer Ellison, Murray Melvin, Kevin McNally, James Fleet | | Terry Rawlings | Andrew Lloyd Webber | Anthony Pratt | Andrew Lloyd Webber | Jeff Abberley, Julia Blackman, Keith Cousins, Louise Goodsill, Paul Hitchcock, Ralph Kamp, Austin Shaw | Really Useful Films, Joel Schumacher Productions, Scion Films Limited | Aurum


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Siguiendo con la corriente de musicales en la gran pantalla, nos llega de la mano de Joel Schumacher la esperada adaptación al cine de El Fantasma de la Ópera.

La adaptación la ha supervisado el propio Andrew Lloyd Webber, creador de la obra teatral, y figura fundamental en el mundo del musical. Este gran mago de los musicales, que lleva a sus espaldas obras como Cats, Evita o Jesucristo Superstar, ha logrado junto con Schumacher, plasmar su obra de teatro en la gran pantalla, de eso no cabe ninguna duda. El problema es que, entrando con la mente en blanco en el cine, es difí­cil no comparar la lí­nea de El Fantasma de la Ópera con la que marcó de forma casi perfecta, el director de Moulin Rouge.

La historia, más o menos, la conocemos todos. En un teatro parisino ocurren cosas extrañas. Una serie de accidentes y notas enviadas por el autor de los hechos, el llamado “Fantasma de la Ópera”, colocan a Christine, una simple corista, en el papel protagonista de las obras. Esta corista es la pupila del “Fantasma”; él le ha enseñado a cantar e, inevitablemente, se ha enamorado de ella. Entonces aparece en escena el nuevo mecenas del teatro, antiguo amor de Christine. El conflicto está servido. Tenemos la historia de amor correspondido, el misterio del origen del “Fantasma”, el amor no correspondido… Y la música cómo hilo de unión de todo esto; canciones inolvidables, como The Phanton of the Opera, The Point of No Return, o Masquerade. Hasta aquí­, bien. Narrativamente, tenemos ingredientes muy interesantes; la música ya resuena en los oí­dos de muchos, y a nivel técnico, Schumacher no decepciona. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Qué es lo que falla? Bien, pues varias cosas.

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En primer lugar, que nos faltan elementos para creernos la historia. Schumacher nos presenta un amor eterno y maravilloso entre el nuevo mecenas del teatro y Christine, al más puro estilo Moulin Rouge, con frases emblemáticas que se acercan peligrosamente al “Come what may” de la pelí­cula de Luhrmann. Pero sólo nos presenta esto, no existe ninguna evolución en los personajes, ni asistimos al flechazo, ni nada de eso. Schumacher se queda con el clí­max, sin presentar nada más alrededor que lo convierta en clí­max. Del mismo modo, tampoco se nos presentan argumentos secundarios o paralelos, y los personajes que están en un segundo plano apenas se perfilan. Esto era de esperar, teniendo en cuenta que ni siquiera los personajes protagonistas están bien trazados del todo.

La intención probablemente sea buena; lo que el director nos quiere contar queda en cierto modo plasmado en la pelí­cula; lo que desde luego no consigue Schumacher es meternos en la historia. Esto puede ser causa o consecuencia de la insí­pida actuación de Patrick Wilson como mecenas del teatro y, sobre todo, de Emmy Rossum (a la que ya pudimos ver en Mystic River) como pupila del “Fantasma”. Personalmente, me inclinarí­a a pensar que son las debilidades de la narración y una dirección de actores bastante floja lo que hace que Christine sea un personaje etéreo, anodino, que no logra transmitirnos ninguna emoción, a pesar de soportar gran parte del peso del film. Como consuelo, tenemos a Gerard Butler en el papel del “fantasma de la ópera”, y algunos momentos cumbre en su actuación, como la escena en la que Christine debe elegir entre quedarse con él para salvar a su amado mecenas, o morir junto a su enamorado.

Pero no todo es malo. Existen puntos fuertes en la pelí­cula que consiguen sostenerla. Estéticamente, se sigue en algunos momentos la lí­nea de Moulin Rouge, de un modo algo más sobrio, y bastante interesante. Schumacher hace uso de una cámara ágil, rápida, y con muy pocas limitaciones, para describirnos los distintos espacios. En este sentido, resulta bastante interesante el comienzo de la pelí­cula, la estructura de presentación en forma de flashback, y el uso del blanco y negro y el color para diferenciar entre presente y pasado. El mayor acierto podrí­a ser el paso del blanco y negro al color y la descripción visual del teatro parisino y de su grandiosidad, mediante el coloreado de imágenes; si bien este mismo recurso puede llegar a parecernos demasiado tí­pico y forzado a medida que avanza la pelí­cula.

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Los decorados son uno de los puntos fuertes de la pelí­cula de Schumacher. Él y Andrew Lloyd Webber no han escatimado en gastos; tan sólo la enorme lámpara del teatro, protagonista de la primera escena de la pelí­cula, cuesta varios millones de dólares. Los bajos del teatro están ambientados como un auténtico pasadizo del terror, en el que el “Fantasma” pasa sus dí­as y escribe sus obras. Si bien pueden resultar un poco exagerados en ocasiones, logran sin ninguna duda reforzar el argumento.

En conjunto, una pelí­cula que se deja ver, con una estética agradable, con aciertos como el dinamismo visual y la fotografí­a, y con debilidades a nivel narrativo y actoral, estas últimas con nombre propio: Emmy Rossum (de quien Schumacher ha dicho que será “la nueva Julia Roberts”. En fin…) Una pelí­cula que intenta seguir la misma lí­nea que otros musicales, pero sin acabar de sacarle todo el partido que se le podrí­a sacar a la historia, y descuidando un poco la emoción.

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LO MEJOR: La estética, la agilidad de la cámara de Schumacher, el ritmo de la última parte de la pelí­cula, y la actuación de Gerard Butler.

LO PEOR: Con nombre y apellidos, Emmy Rossum. Y las debilidades de la narración en la primera parte de la pelí­cula.

Ainhoa Andraka.


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