Críticas

RAY

Leo con estupor que Ray ha sido una de las nominadas a la mejor pelí­cula en estos Oscar del 2004. Consideradlo un desvarí­o de la Academia: Ray es un film correcto, nada más, que está henchido de gloria por su duración (dos horas y media) y por su carácter pretendidamente épico. Nada más lejos de la verdad, la pelí­cula que nos ocupa aquí­ es tu telefilm habitual de la madrugada dirigido por  un Taylor Hackford falto de inspiración y protagonizado por un Jamie Foxx que no lo hace nada mal pero al que se nota que le falta mucho para adquirir el empaque y el lustre que Denzel Washington le dio a Malcolm X hace ya doce años.

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Ray Charles: el hombre, el músico… el DIVO.

A lo largo de casi tres interminables horas, Ray rivaliza con Alejandro Magno en la disputa al tí­tulo de “Pelí­cula coñazo de la temporada”. Y lo hace golpe por golpe. Para empezar, el film es un elogio sin discusión a la figura de Charles. Da igual que sea un heroinómano, un putero y un hombre que abandona a su familia y a sus amigos cuando está en la cúspide de su fama: al final tenemos que aplaudirle y, aún más, ADMIRARLE por su discapacidad. Al margen de que Ray Charles parece en algunos momentos Daredevil (ver la escena en la que aprende a utilizar su oí­do por primera vez: puro Disney), fastidia soberanamente compadecerse de un tí­o ciego que emplea la excusa de ser ciego para ligar con mujeres que son muy guapas (a Ray Charles no le gustan las gordas) y ponerle los cuernos a su mujer. De coña.

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Jeff Brown y Ray, en los buenos tiempos.

Se esperaba mucho más de un Taylor Hackford que se cascó un film entretenidí­simo con Pactar con el Diablo. Antes de que Charles se quede ciego contemplamos unas bellas imágenes en su Georgia natal que serí­an aún mejores si Hackford no se empeñara en saturar los colores para demostrarnos lo bonito que es poder disfrutar del sentido de la vista. A partir de ahí­, la vida de Ray Charles se nos relata casi sin el menor asomo de imaginación. Y digo casi, porque hay ciertos momentos del film en los que Ray Charles tiene alucinaciones con su hermano fallecido en un accidente del que fue involuntario responsable, que dan vida a la pelí­cula y permiten asomarnos al personaje torturado y siniestro que en realidad era. Pues no: lo que vemos las dos horas siguientes es el ascenso de Ray Charles a los primeros puestos del Billboard, su inestable relación con su mujer y sus amantes (algo que aburre muchí­simo) y su lento camino hacia la música más comercial para terminar convirtiéndose en el David Bisbal del soul.

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Las “Raionettes”, las fieles coristas del grupo.

De las interpretaciones se puede sacar una conclusión: es el show de Foxx y todos están para servirle. Su caracterización fí­sica es impecable, y se nota el gran esfuerzo que ha necesitado para ponerse en la piel del ciego. Sin embargo, con 26 años, o eres Christian Bale o no se le pueden pedir peras al olmo. Cuando no puede con el papel, Foxx tira de mueca y acento para salvar los escollos. Y cuando él flojea la pelí­cula sufre, a pesar de los esfuerzos de espléndidos secundarios como Clifton Powell en el papel de Jeff Brown, amigo y confidente de Ray, que es su capa y su espada durante muchos años hasta que el divo le tira a la basura. El reparto femenino es generalmente mediocre: su mujer (Kerry Washington) es una pánfila y sus amantes van desde histéricas (Regina King) a drogadictas.

Ray es la sombra de lo que pudo haber sido. El lastre principal de la pelí­cula está claro: la complacencia de todo el equipo hacia el personaje de Ray Charles, del que evitan enseñar su lado más amargo y lo convierten en un héroe de la ONCE. Con semejante material es muy difí­cil hacer algo interesante, y ni mucho menos una obra de la talla de Bird, una de las obras maestras de Clint Eastwood basada en el jazzista Charlie Parker. Aburrida y falta de inspiración, se entiende el éxito del film en los Estados Unidos por la importancia histórica del genial cantante (el primero en enfrentarse a la segregación racial). Pero fuera de esas fronteras, cada vez más restringidas, al público extranjero le hace falta que se enseñe la dimensión humana del personaje: un tema que, bien manejado, hubiera colaborado en gran forma a engrandecer la leyenda de Charles. Aquí­ no sucede eso.

LO MEJOR:

– El esfuerzo de Jaime Foxx y algunos aciertos aislados en la dirección de Hackford.

LO PEOR:

– Que no se atreve con nada. Por lo tanto, es más aburrida que el copón.


Taylor Hackford | James L. White | Jamie Foxx, Kerry Washington, Regina King, Clifton Powell, Harry J. Lennix, Bokeem Woodbine, Aunjanue Ellis, Sharon Warren | Pawel Edelman | Paul Hirsch | Craig Armstrong | Stephen Altman | Howard Baldwin, Karen Elise Baldwin, Stuart Benjamin, Taylor Hackford | William J. Immerman, Jaime Rucker King | Anvil Films, Baldwin Entertainment, Bristol Bay Productions | UIP | 5 |

Críticas

apostle

Otro ejemplo de buenas ideas diluidas en una puesta en escena adormecida y un protagonista sin sal.

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Caída en picado en el pozo de la corrupción.

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