

Ruanda, 1994. El presidente del país, miembro de la etnia Hutu, está a punto de firmar un acuerdo con los rebeldes Tutsi que pondrá fin a una guerra civil que lleva años asolando la población. Mientras tanto, los líderes de la Interhamwe, una milicia civil integrada por miembros de la etnia Hutu, exhortan a través de la radio a la población y al presidente a desconfiar de los rebeldes y a exterminar a todos los Tutsi. Una vez el presidente es asesinado en extrañas circunstancias, la Interhamwe comienza con la limpieza étnica para acabar a machetazos con sus conciudadanos Tutsi.
Hotel Rwanda cuenta esos mismos hechos desde el punto de vista de Paul Rusesabagina, el encargado de un Hotel de máxima categoría en Kigali, capital del país africano, miembro de la etnia Hutu pero casado con una mujer Tutsi. Una vez el genocidio comienza, Paul tratará por todos los medios de salvar la vida de su mujer y de sus más allegados albergándolos en el Hotel donde trabaja.

La temática es bien conocida por el público occidental, acostumbrado a películas sobre el exterminio judío. Es el mito de Schindler trasladado a la terrible realidad sufrida por los ruandeses. Una película que invita a la reflexión sobre la inutilidad del cainismo ficticio que usa como base argumentativa la existencia de diferencias étnicas inapreciables. Además, el director y guionista del film se encarga de aderezarlo con alguna puyita a la pasividad de la comunidad internacional, que permitió la matanza a pesar de su conocimiento.
Pese al cierto tufillo a telefilme que emana en algunos momentos, hay dos aspectos muy reseñables en este título. Uno, el reparto: Don Cheadle (Paul), Nick Nolte (Coronel canadiense de las fuerzas de la ONU) o Joaquin Phoenix (en un papel magnífico de periodista británico) son algunos de los rostros conocidos que aportan una labor interpretativa francamente destacable (salvo en el caso de Nolte, totalmente desaprovechado e incapaz de conferir profundidad a un personaje que podría haber dado mucho juego), pero no hay que olvidar el trabajo de Sophie Okonedo (la mujer de Paul), Cara Seymour (la cooperante de Cruz Roja) o Tony Kgoroge (Gregoire), menos conocidos pero que confieren credibilidad a sus personajes. El otro, la historia: cruda y salvaje en su conjunto, pero que deja momentos para la esperanza e incluso para el humor; muy creíble en todo momento, lo que quizá constituya la principal baza de la película.

Sin embargo no pasa de eso, de documento más o menos fiel a los hechos acaecidos con una elección poco arriesgada en el planteamiento visual (me pregunto cuánto hubiera ganado si se hubiera hecho uso de la “cámara en mano”, se hubiera elegido el “falso documental” como medio de narración o si se hubieran añadido imágenes reales sacadas de archivo), y un uso muy infantil de la música (que a veces ejerce un trabajo en plan Barrio Sésamo: ahora toca llorar, ahora toca reír). Tras verla, entendemos que público y crítica de la Berlinale saliera tan desencantada.
LO MEJOR:
- El guión apoyado con una buena documentación sobre los fatídicos acontecimientos, y la interpretación de Don Cheadle, Cara Seymour (enfermera de la cruz roja) y Joaquin Phoenix (cámara inglés).
LO PEOR:
- Maniqueísmo con que se trata a los bandos, Nick Nolte y el uso de la música.
* Bibliografía sobre el genocidio en Ruanda y Burundi: Cuadernos Africanos de Alfonso Armada.
José A. Huertas.
Una crítica de: Colaborador
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