Críticas

CÓDIGO 46

William (Tim Robbins) viaja a Shanghai para investigar la emisión de seguros falsos en la compañí­a Esfinge. Allí­ conocerá a Marí­a (Samantha Morton), una atractiva trabajadora con la que entablará una extraña relación en la que ambos intentarán escapar de las ataduras del futurista y controlador mundo en el que viven.

Todos sabemos que Winterbottom suele ser bastante cultureta pero en este caso deja un poco de lado ese estilo que le caracteriza para adentrarse en una trama futurista. Ésta a su vez puede resultar bastante creí­ble, es decir, que el mundo que plantea podrí­a ser bastante parecido a nuestro mundo futuro, dominado por grandes empresas privadas y en el que el ciudadano de a pie cada vez tiene menos libertad para tomar sus decisiones.

La primera parte de la pelí­cula me pareció tremenda, adornada con una fotografí­a espectacular y una banda sonora impresionante, un conjunto que hace que el público experimente agradables sensaciones. A todo esto hay que añadir el papelón de Samantha Morton que al principio se nos presenta como un personaje enigmático pero muy atractivo, además la intensidad en su interpretación no disminuirá en toda la pelí­cula. Borda el papel, que como en Minority Report vuelve a estar inmerso en una trama futurista, aunque en esta ocasión su peso es mucho mayor.

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La pelí­cula a pesar de no ser tan gafapasta como las anteriores de Winterbottom, tiene ciertos rasgos culturetillas porque plantea muy buenas e interesantes ideas pero un tanto difusas ya que no acaba de concretarlas. Por ejemplo el tema los virus o la trama relacionada con la genética, que es la que da nombre a la pelí­cula. Este estilo me gusta mucho porque no trata al espectador como si fuera tonto dándole las cosas masticadas, sino que le permite hacer sus propias cábalas y desarrollar mediante su imaginación las ideas planteadas buscando soluciones lógicas. El problema es que hay aspectos en los que la explicación que da es tan mí­nima que las cosas quedan un poco sueltas o cogidas con pinzas. Esto ocurre sobre todo en la segunda mitad de la pelí­cula donde la historia se enrevesa más y surgen algunas dudas.

Por su parte Tim Robbins ofrece la interpretación más seria e inquietante que jamás le haya visto, estamos acostumbrados a verle en papeles de hombre frágil, más tierno que el dí­a de la madre (menos en Alta Fidelidad donde interpretaba al genial Ian). Esta vez, además de ser el protagonista, su papel tiene mucha más fuerza y él sabe estar a la altura. Además esta pelí­cula es de ésas que dependen mucho de la interpretación de los actores y la verdad es que los dos están francamente geniales.

No se cómo traducirán la pelí­cula, yo la vi en versión original y me resultó curioso porque hay una mezcla de distintos idiomas. Hablan principalmente en inglés pero introducen palabras en francés, español e italiano, supongo que la idea de Winterbottom es una especie de idioma del futuro mezcla de todos los actuales (ahí­ le salió la vena cultureta).

Toda esta mezcla de ideas futuristas me parece muy refrescante ya que no es la tí­pica visión del futuro que nos han mostrado en las pelí­culas hasta ahora. A mucha gente le parecerá una pelí­cula extraña pero yo salí­ muy contento y con la sensación de haber visto una pelí­cula cercana y plausible, no creo que deje indiferente a nadie. Estoy deseando verla por segunda vez.


Michael Winternottom | Frank Cottrell Boyce | Tim Robbins, Samantha Morton, Om Puri, Jeanne Balibar | Alwin Kuchler, Marcel Zyskind | Peter Christelis | The Free Association | Mark Tildesley | Andrew Eaton | Robert Jones, David M. Thompson | BBC, Revolution Films | Manga Films | 8 |

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