Reportajes

STEVEN SPIELBERG: Y DIOS COGIÓ UNA CÁMARA

Dividir el cine de Spielberg por categorí­as no es muy difí­cil: hay una etapa dorada que se inicia con Tiburón y continúa con Encuentros en la Tercera Fase (Close Encounters Of The Third Kind, 1977), E.T. (1982) y la trilogí­a de Indiana Jones: En Busca del Arca Perdida (Raiders Of The Lost Ark, 1981), Indiana Jones y el Templo Maldito (Indiana Jones And The Temple Of Doom, 1984) e Indiana Jones y la íšltima Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989). Durante estos años, Spielberg alterna estas maravillas absolutas, estas obras maestras imperdurables con sus, llamémosles, desvarí­os: 1941 (1979), Always (1989) y Hook (1991). Mejor aún, tres lecciones. Primera: hacer una pelí­cula bélica compuesta de muchas secuencias muy graciosas no la convierte en una gran comedia (¿hay alguna historia debajo de ese film?). Segunda lección, aprendida esta vez con Always: sólo Frank Capra hace pelí­culas como Frank Capra. Tercera lección: deja las neuras en casa (Spielberg aseguró que rodó Hook porque no querí­a que muriera el niño que llevaba en su interior. Lo consiguió, pero a precio de horterada). Hasta las narices, cansado, hastiado de todo, terminó de verter el tarro de las esencias con Jurassic Park (1993). Y ésta sí­ que mola, un compendio de todo lo que habí­a aprendido en casi veinte años y una pelí­cula atrozmente masacrada por unos crí­ticos asustados por la creciente importancia del ordenador en el cine (algo que ya habí­a introducido James Cameron) y que negaron una de las mejores aventuras del cine reciente que conserva la cualidad de Spielberg de crear imágenes que perduran en nuestra memoria: el vaso de agua que vibra al ritmo de las pisadas del T-Rex, por ejemplo.

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“Yo me lo guiso y yo me lo como.”

Dentro de esta etapa se encuentran los dos gérmenes de un Spielberg mucho más maduro: El Color Púrpura (The Purple Color, 1985) y El Imperio del Sol (Empire Of The Sun, 1987). Si bien esta última esta lastrada por el exceso (y por un niño interpretado por Christian Bale que conforme pasa la pelí­cula se merece un par de hostiazos por repelente), hay que tener en cuenta que muchos fans de Spielberg consideran a la primera la mejor pelí­cula de la filmografí­a de su director. Es un film realmente impresionante y visualmente algo de otro planeta, con imágenes tan poderosas como los niños jugando en campos bajo un cielo púrpura o una violación expresada con unos cinturones de cuero moviéndose frenéticamente sobre el cabecero de una cama en una aproximación a la novela de Alice Walter que recuerda, en muchos momentos, al cine mudo. Es realmente un film a descubrir, si acaso por ostentar aún un record infame: 11 nominaciones, 0 Oscar.

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“¿No sabes que es de mala educación señalar así­ a la gente?”

1993 es el comienzo del nuevo Spielberg. Muchos creen que es una evolución, pero yo lo veo más como una fractura. Para empezar, Janusz Kaminski se convierte en su nuevo director de fotografí­a (una decisión, y perdonad que me vuelva a meter, que me parece muy discutible). Sus impresionantes panorámicas y suaves travellings desaparecen y la cámara en mano cobra una importancia determinante, así­ como la luz y los colores: se acabaron los colores cálidos y brillantes, ahora predomina el contraluz y los tonos frí­os. El cambio de estilo comienza a percibirse en La Lista de Schindler (Schindler’s List, 1993) o lo que es lo mismo, su reconciliación con la Academia tras el cataclismo de El Color Púrpura. Las neuras de Spielberg se reconducen para convertirse en salvador de la memoria histórica de la Segunda Guerra Mundial. La Lista de Schindler sorprendió a muchos por su violencia, como lo harí­a un lustro después Salvar al Soldado Ryan. No se por qué: Spielberg ha sido uno de los cineastas contemporáneos que más y mejor ha tratado el tema de la violencia, pues en En Busca del Arca Perdida un personaje muere empalado, otro achicharrado, a otro se le derrite la cara y al malo le explota la cabeza. No es muy light. Sí­ es sorprendente el impacto directo de sus imágenes, que perduran mucho más que la progresiva transformación del personaje interpretado por un tremendo Liam Neeson frente a un Ralph Fiennes en el papel de su vida: el ultrasádico coronel nazi Amon Goeth. La pelí­cula se rueda en blanco y negro y Spielberg se permite pocas concesiones a la galerí­a (esa niña de rojooooo), pero se mantiene el sentido del espectáculo de alto nivel antes mencionado: la (frustrada) ejecución del rabino o la escena de las duchas son y serán geniales modelos de suspense. Siete Oscar incluyendo el primero como mejor director.

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