Reportajes

STEVEN SPIELBERG: Y DIOS COGIÓ UNA CÁMARA

¿Empezamos con una anécdota? En 1970, mientras Steven Spielberg rodaba Galerí­a Nocturna, una más de las decenas de series “rumbo a lo desconocido” que terminaron por influenciarle de cara al futuro, el realizador regaló a Joan Crawford una botella de Pepsi con una rosa en su interior. En una entrevista posterior con la periodista Shirley Evert, Crawford señaló a Spielberg con el dedo y dijo: “Vete a entrevistar a ese chico, porque va a ser el director más grande de todos los tiempos”.

También se dice de él que guarda en una caja de metacrilato el primer dólar que ganó.

¿Quién es Steven Spielberg? Pongamos las cosas claras: es el cineasta más importante del mundo, el más respetado por la industria y el más influyente de los últimos 40 años. Es el director más grande de todos los tiempos según la revista Empire, el segundo cineasta más rico del mundo después de George Lucas, el hombre más poderoso del mundo de las pelí­culas según Entertainment Weekly. La suma total de la recaudación de sus films asciende a casi diez mil millones de dólares en todo el mundo. Todo lo que se ha escrito sobre él es cierto, es falso, es verdad a medias, es mentira cochina o verdad como un templo. Da igual.  Ese hombre, dentro de ese maremágnum de politiqueo, sexo, drogas, dinero y pelí­culas que es Hollywood es el Padre, el Hijo y el Espí­ritu Santo. Todo mezclado en uno.

Steven Allan Spielberg nació en Cincinatty, Ohio, el 18 de Diciembre de 1946. Empezar hablando de su etapa televisiva llevarí­a al tedio. Baste decir que Spielberg se presenta al mundo en 1971 con El Diablo Sobre Ruedas (Duel), un telefilm que, debido a su calidad, apareció reestrenado en formato cinematográfico un año después: una odisea interminable protagonizada por un hombre normal y corriente que se enfrenta a un camión empeñado de sacarle de la carretera. El producto en cuestión es una exhibición de técnica, narración y montaje, las marcas de fábrica que han definido a Spielberg como el gran director que es ahora. El segundo paso es Loca Evasión (The Sugarland Express, 1974), su primera pelí­cula-pelí­cula: este film, protagonizado por Goldie Hawn y quizás un poco más crudo de lo que le hubiera gustado al joven Spielberg (pues es la inicialmente cómica y posteriormente trágica huida de un desesperado matrimonio de paletos) se fue a hacer puñetas en taquilla, pero consiguió lo más importante. Que le dieran Tiburón.

 00041.gif

“Después de triunfar en el cine casi me paso la maquinita.”

Intentaré no extenderme demasiado acerca de la mirí­ada de films de este señor. La lista serí­a interminable y le reducirí­amos a una máquina de hacer pelí­culas, a un engranaje de la industria. No queremos hacer eso. Pero Tiburón (Jaws, 1975) marca una diferencia fundamental: por primera vez aparece el cine que los americanos, empeñados en etiquetar todo lo habido y por haber, definen como “High-Concept”: Se puede hacer una pelí­cula acerca de un tiburón asesino por cuatro perras, pero si la vamos a hacer, que sea espectacular, espeluznante y que en cada plano haya un sentido único y claro: flipar al espectador. Hagámosle reí­r, hagámosle llorar, hagamos que se muerda las uñas, hagamos que reaccione a lo que está viendo de una forma u otra. Pero sobre todo, hagamos que se emocione teniendo en cuenta que lo que está viendo es un espectáculo único e irrepetible en 35 milí­metros, un mundo donde todo es posible, un prodigio de creación técnica.
Tiburón es el comienzo del cine industrial contemporáneo y la recuperación de la gran pantalla frente a la televisión, que tanto terreno habí­a comido en los 50 y en los 60. Spielberg se erige así­ como el gran representante del mercado del cine frente a los niños terribles encocados como Scorsese, Coppola, Towne, Hopper, Meyer… que pretendí­an aprovechar la realidad turbulenta de un paí­s marcado por el Vietnam y el Watergate para instaurar un modelo de cine más centrado en la sociedad y en la polí­tica y que, fí­jate tú, sí­ que caló fuerte en nuestro paí­s. Tanto, que aún seguimos sufriendo las consecuencias de la revolución de los 70. Funestas consecuencias.

Y como no todo el público se iba a ver Alicia Ya No Vive Aquí­, se metí­a a ver Tiburón. Y mira chico, encantados de la vida. Además, viendo la monumental campaña publicitaria que se formó no es de extrañar que por primera vez los ejecutivos de Hollywood volvieran a creer en el producto, en la audiencia, en las encuestas, en la taquilla, en el dinero. En el centro de todo estaba Spielberg que, además de iniciar un fenómeno mediático, habí­a creado un peliculón como la copa de un pino en esta sencilla historia de tres hombres que se deciden a acabar de una vez por todas con un tiburón que está asolando una tranquila isla del noreste de los Estados Unidos. A partir de ahí­, el joven director comienza a mear oro, y el cine también.

Página 2

Críticas

liga de la justicia

Cuando el remedio es peor que la enfermedad.

marrowbone

La losa de la lógica.

fe de etarras

El retrato de la decadencia.

blade runner 2049

No es la secuela complaciente (replicante), sino la secuela merecida.

alix

Documental convertido en autorretrato de uno de los fotógrafos esenciales de nuestro país.

Twitter

Podcast