Opinión

EL PíšBLICO EN LOS CINES

Estoy seguro de que la mayorí­a de vosotros, en algún momento o en otro, os habéis fijado en la clase de gente que acude al cine, en el tipo de pelis que ve cada persona y en como se comportan en la sala. Al menos yo me he fijado y debo reconocer que hay una inabarcable variedad de espectadores, aunque es cierto que existen unos cuantos modelos generalizados. En la gran mayorí­a de casos la diferencia se debe sobre todo a una cuestión generacional, así­ que trataré de ceñirme a eso en la medida de lo posible.

El público infantil: A mi parecer los niños pequeños sobran en los cines, al menos en pelí­culas que no sean especí­ficamente orientadas hacia ellos, y aún así­ tengo mis reservas. No es que todos los niños sean iguales, pero es cierto que en un cine con niños siempre hay alguno que se pasa la pelí­cula preguntando en voz alta, o dando patadas a tu asiento porque los pies no le llegan al suelo o directamente se han desentendido de la pelí­cula y se dedican a pasar el rato molestando todo lo que les resulte posible.

Está bien introducir a los niños en el mundo del cine, pero creo que hasta los 6 o 7 años eso deberí­a ser algo que los padres tendrí­an que reservar sólo al ámbito doméstico. Para eso Disney saca DVDs como churros que encima pueden ponerse una y otra vez con el fin de que el niño no moleste mientras los padres hacen cosas de mayores. La niña puede entretenerse viendo cantar a Pocahontas con su melena al viento mientras papá y mamá engendran un nuevo vástago.

No es culpa de los niños, es normal que se desesperen si la peli no les interesa, pero es en ese caso cuando los padres deben coger al niño y sacarlo del cine en vez de hacer como que no existe (caso muy habitual) o dirigirles un inofensivo “Antoñito, estate quieto” cuando todo el mundo está mirándoles con cara de psicópata mientras el niño pasa de sus progenitores porque sabe que no va a recibir castigo alguno.

Mención a parte merecen los bebés. Esos si que deberí­an estar prohibidos en las salas, porque a veces uno se los encuentra en ellas. No se llevan recién nacidos a los cines, no saben de que va nada, lloran y meten ruido y estoy seguro que el cine no es el lugar idóneo para amamantar a una criatura. Dani, Rafa y yo nos vimos en un caso de estos en Blade II. ¡Blade II! Así­ salen luego que ya llevan navaja a los 5 años.

Los adolescentes y preadolescentes: Tienen cantidad de pelí­culas cocinadas expresamente para ellos. Sagas enteras de comedias sobre el despertar sexual y toda clase de chistes de tetas, culos y apéndices corporales variados. También hay pelí­culas de acción de tres al cuarto con protagonistas macarras y graciosetes. En estas edades el comportamiento de chicos y chicas se disocia por completo.

Los chicos suelen consumir bazofia del estilo de A Todo Gas o Torque y superhéroes variados para liberar testosterona. De vez en cuando alternan eso con alguna comedia adolescente con ración doble de pechuga. Comentarios como “qué coche más guapo” o “vaya berzas” suelen ser tí­picos del sector, no en vano desfilan toda clase de coches “tuneados” y chicas florero frotándose contra cualquier objeto del mobiliario. Incluso a veces se unen ambos elementos con la tí­pica escena del grupo de tí­as que limpia un coche tuneado mientras frotan sus tetas de goma contra la luna del coche. Es la catársis de cualquier chaval en edad de satisfacer a Decker (de Black & Decker, como los taladros). La discreción no es su fuerte pero mantienen, por lo general, un mí­nimo de silencio y de compostura.

Las chicas en cambio son más dadas a las romanticonadas de instituto y algunas pelis de terror con asesino en serie del tipo Halloween o Scream. Es habitual oí­r toda clase de jadeos y suspiros si el protagonista es un muchacho bien formado y con cierto aire de delincuente. Pero a veces no pueden reprimirse y se oye algún “tiobueno” acompañado de grititos y risas histéricas que ponen de mal humor a cualquiera. A eso se puede añadir la maní­a de muchas de andar enredando con el puñetero móvil durante la pelí­cula, de forma que aunque no llegue a darse una llamada, si que se oye el sonido de las teclas y a verse la luz de la pantalla que en una sala a oscuras da el cante de forma descarada.

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Las chicas enloquecen cuando Paul Walker sale en pantalla.

Jóvenes (17 – 35 para dar amplitud a la cosa): En este caso ambos sexos ya llegan a un comportamiento correcto aunque los gustos siguen bastante diferenciados. Es el grupo que más cine consume porque son los que mejor aúnan tiempo, dinero y ganas.

Los chicos siguen apostando por el cine da acción, ciencia ficción y similares mientras que las chicas siguen gustando de romances épicos y comedias de pareja. Aún así­ los gustos empiezan a compatibilizarse un poco más, aunque sólo sea por la buena salud de las parejas cediendo a veces uno y otras otro. La gran diferencia como espectadores aún así­ empieza a ser no tanto una cuestión de sexo como de grupo social o estilo de vida.

Así­ gran cantidad de universitarios de rollo gafapasta frecuentan cualquier cosa que no se haya realizado en Hollywood, aunque sea un coñazo insoportable, ya que responden al tópico “si es americano es caca”. Von Trier, Kusturica, Kiarostami, o cualquier otro director de apellido extraño suele ser adulado sin ningún tipo de moderación. Según ellos sus pelí­culas son siempre una “obra maestra”. Si eso no se sostiene se decantan por el tí­pico discursito cultureta-absurdo-inaguantable sobre la introspección del ser y la emancipación de bla, bla, bla… Tanto tecnopop no puede ser bueno. Es incluso normal que vayan a ver las pelí­culas en versión original, algo que tiene cierto sentido cuando se tiene un conocimiento básico del idioma original (inglés por lo general), pero ¿para qué ver una pelí­cula coreana en V.O.? ¿alguien habla coreano en este paí­s?. Algunos dirán que por disfrutar del trabajo de los actores, pero eso no tiene demasiada lógica si en vez de mirar a la pantalla te dedicas a leer los diálogos ¿no?.

Hay otro grupo, quizás el más minoritario, que sólo ve cine de terror y de ciencia ficción. Se conocen todos los tópicos del género y suelen ser gordos, con barba, visten con camisetas viejas de Leche RAM y zapatillas y tienen la habitación (porque viven eternamente con sus padres) llena de muñequitos de Star Wars, cómics de coleccionista y papel higiénico (para los momentos de intimidad). Si no sabes hacer el saludo de los vulcanos de Star Treck no mereces ni besar el suelo que ellos pisan, así­ que cuidado con meter la pata en con un comentario desafortunado.

Luego está el público “de todo un poco” que van al cine según las apetencias del dí­a, no por ninguna clase de imposición moral o prejuicio cultureta. Así­ uno satisface sus necesidades según su ánimo o bien va a ver esa clase de pelí­culas que por un motivo u otro tienen en mente desde hace tiempo.

Finalmente está el público de consumo rápido, aquel que es menos exigente y utiliza el cine para matar el rato antes de ir a la discoteque de turno a bailar reguetón (o como se escriba). Es habitual por tanto que consuman toda la morralla de la cartelera siempre que haya explosiones, sexo o ambas cosas a la vez. Suelen ser más de videoclub y por tanto son los que menos van al cine salvo para las superproducciones catastrofistas y cosas así­. Y es que ¿para qué gastar dinero en cine si luego no te llega para alcohol y pastis?.

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¡Weeee tronch! Kiero ser como Vin Diesel.

Si hubiese que hacer un sí­mil de cada grupo en otro campo, como la literatura, el primer grupo leerí­a a Bukowski y autores culturetas que hacen crí­tica social y se miran al ombligo. El segundo grupo serí­a el que lo mismo se lee el bestseller de turno que lo último de Garcí­a Márquez y el tercero serí­a el de Don Balón, Hola y Teleindiscreta.

Por edad a mí­ me toca este grupo, aunque no sabrí­a bien en cual de las clasificaciones meterme. Debo ser del “de todo un poco” con el añadido de las peculiaridades de las dos anteriores. No es que quiera etiquetarme pero es que nadie escapa a las garras de los estereotipos de la sociedad en la que vive, aunque sea haciendo una mezcla de varios de ellos.

Los que se ganan la vida o casi (35 – 60): Estos consumen ya menos cine y acostumbran a ir en pareja a ver la pelí­cula del director famoso de turno. Es habitual verlos comprando entradas para cualquier peli de Oliver Stone, Spielberg, Coppola o Polanski y otros directores de renombre, siempre que la pelí­cula venga precedida de una buena promoción y de cierto respaldo de la crí­tica.

Algunas veces, en cambio, las parejas no acuden juntas al cine. Es normal que un domingo de fútbol las mujeres vayan en grupito a ver aquellas pelí­culas que el marido o pareja no quiere ver. Así­, en un Barí§a-Madrid podemos encontrar grupos de mujeres en pelí­culas musicales, dramas sobre la mujer del tipo de Las Horas y Frida o cualquier peli de Almodovar.

Los hombres en cambio pueden hacer alguna escapada con algún hijo para ver aquellas pelis que su mujer o pareja no quiere ver, es decir, cualquiera de Bruce Willis, Clint Eastwood o de suspense y acción en general.

Pensionistas: La llamada edad de oro proporciona también un público caracterí­stico a las salas de cine. Generalmente las parejas abarrotan cualquier estreno de Garci, ambientado en sus años mozos.

Pero también se dan casos muy peculiares y es que a veces uno va a ver una pelí­cula de terror, generalmente orientadas a un público joven y aficionado al género y ahí­ te encuentras a un señor mayor tosiendo y echando pollos en su pañuelo que piensas que se ha equivocado de sala, pero no es así­. Ve la pelí­cula y a menudo la comenta en voz alta mientras se suceden las escenas (caso verí­dico en 21 Gramos y Llamada Perdida).

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Señora ahuecando el oí­do a ver si se entera de algo.

Algo similar me ocurrió al ir a ver (en un Madrid-Barí§a) el montaje del director de El Exorcista, una de mis pelí­culas favoritas. En esta ocasión el cine estaba lleno de una mezcla de gente joven y bandas de señoras con la permanente dispuestas a aguarme la pelí­cula. Cuando hablaba el demonio comenzaban a reí­rse como quinceañeras histéricas (las que he descrito como adolescentes) mientras que si se daba algún susto en la pelí­cula parecí­an no inmutarse (y eso que habí­a alguna nueva como la de la araña).

Es curioso por tanto ver que el público más adulto de todos, al que se le presupone la mayor seriedad a la hora de acudir al cine, se termina a veces por comportar como si estuviesen viendo Salsa Rosa en el salón de su casa.

Javier Ruiz de Arcaute

Realizador audiovisual, protoguionista y co-fundador de esta santa web.

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