Críticas

CAPOTE

Capote es una de esas extrañas pelí­culas en las cuales su protagonista no despierta el menor asomo de simpatí­a en el público.

He tardado unos veinte minutos en volver a escribir porque la verdad, no sé muy bien por donde empezar. ¿Es Truman Capote una buena peli? Podéis apostar a que sí­: esta dirigida con mucha corrección, su guión es mas sólido que la caja fuerte del Banco de España y las interpretaciones son unánimemente sobrias, contenidas y de una precisión milimétrica, en particular, obviamente, la de su protagonista. Ahora bien, ¿es el tipo de pelí­cula que te hace seguir al protagonista hasta el fin del mundo porque, a pesar de sus pecadillos “oh, es un buen tí­o y, rayos, tiene sus defectos pero es un hombre por encima del resto de los mortales y, ¡eh!, ¡que se quede con la chica!”?. Bueno…

La Wikipedia os pone al dí­a con pelos y señales acerca de la figura de este notable escritor y creador de un nuevo género a medio camino entre la literatura y el periodismo al mezclar una narración realista de los hechos (el asesinato de una familia entera en Kansas y el posterior juicio de los culpables del crimen) con la descripción de los personajes que intervienen en el suceso. Os remito a la Wikipedia porque lo que se trata aquí­ es un perí­odo muy puntual en su vida: el proceso de creación de A Sangre Frí­a, una de las mejores obras del siglo XX (de verdad: tenéis que leerla) y su transformación al enfrentarse a hechos trágicos y violentos, muy alejados de su estilo habitual.

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Nunca he tenido la oportunidad de conocer personalmente a Truman Capote así­ que aceptaré el retrato que me brinda la pelí­cula, que describe al escritor, en términos sencillos como un vampiro, egomaní­aco, manipulador, superficial y bastardo hijo de puta. O de otra forma: este tí­o posee una necesidad innata de llamar la atención, de ser más listo que cualquiera de los presentes, de dar la nota, de sacrificar cualquier tipo de emoción a cambio de conseguir una comprensión más objetiva del ser humano y, por encima de todo, de intercambiar información personal a cambio de una buena historia. Ese intercambio es más falso que un billete de 7 euros: a él no le cuesta nada emitir juicios sobre su persona porque no existe. Para los afectados o los supervivientes, sin embargo, revelar sus sentimientos y su actitud respecto a la muerte de sus seres queridos termina destrozándoles. Justo lo que Capote quiere. Y, a pesar de todo, todo el mundo le adora precisamente por ello, porque son un puñado de seres humanos hechos pedazos y se encuentran con este señor pequeñito, con voz de jilguero y bufanda que, cada vez que abre la boca, parece dar justo en el clavo y se convierte en pilar, apoyo y hombro en el que llorar.

Ahora decidme si no es un personaje de la hostia.

Si hace un par de dí­as no hubiera visto Buenas Noches y Buena Suerte hubiera colocado a Phillip Seymour Hoffman en cabeza para el Oscar al mejor actor. Sin embargo, tras ver a David Strathairn impartiendo lección tras lección cada vez que aparece en la pelí­cula de George Clooney, tengo mis dudas. Hoffman es un actor extraordinario. Pero es que el personaje es perfecto. Es una de esas raras ocasiones en las que creo que incluso Steven Seagal con gafitas, caminando de rodillas y con los huevos estrujados podrí­a dar el pego, porque el trabajo ya está hecho antes de que llegue el actor, a través de los diálogos y la puesta en escena. Ray y En la Cuerda Floja son, en el fondo, inspirados actores intentado salvar guiones imposibles convirtiéndose en el personaje, no sólo fí­sicamente, sino metiéndose en su cabeza para aportar ideas nuevas sobre la figura a la que intentar representar para dar profundidad a lo que es en el fondo un telefilm de medio pelo. Aquí­ pasa justo al contrario. Hoffman sólo tiene que echarse para un lado la raya, afinar la voz y estar muy tranquilo a lo largo de todo el metraje, cosa que para un tí­o que es de lo mejor que hay ahora mismo en Hollywood es lo más fácil del mundo. Porque nosotros ya sabemos lo que pasa por su mente, ya sabemos por qué hace lo que hace y por qué se comporta de esa manera. Hoffman no tiene por qué explicarnos nada porque el film te lo dice todo (y si no, véase la soberbia escena en la que un revisor le halaga espontáneamente para luego, darnos cuenta de que le ha pagado por hacerlo. La repanocha).

Por si fuera poco, la pelí­cula ofrece unos apoyos imprescindibles para terminar de entender a Capote en su totalidad, colocando a los personajes por encima de todo: sus amigos y amantes. Catherine Keener es Harper Lee (que luego escribirí­a la genial novela Matar a un Ruiseñor), que ejerce de amiga y Pepito Grillo del protagonista. No es necesario que sea un bastión de la moralidad, sino una persona con sentido común y espí­ritu práctico (dos aspectos que hacen que Keener, del club anti-divas, vaya como anillo al dedo) y que se convierte en espejo de todos nosotros. También merece la pena destacar a Clifton Collins Jr. como Perry Smith, uno de los asesinos de la familia, que es un hombre de inteligencia extraordinaria pero que también es un apestado social, con lo cual Capote se hace coleguita suyo y despierta en él la ilusión de un rollete. Pero, de nuevo, da la sensación de que a pesar de que Collins lo hace muy bien, cualquier actor de talento hubiera conseguido los mismos resultados: es todo obra del guión, que se explica solo y se hace comprender perfectamente.

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Así­ que vamos a agradecer a los verdaderos creadores del personaje, que por una vez son el guionista Dan Futterman (que era el hijo de Robin Williams en Una Jaula de Grillos), y al autor original de la “biografí­a”, Gerald Clarke. A partir de ahora, cuando alguien diga “jo, crea personajes que parecen de carne y hueso”, que se lo piense dos veces, porque no estamos hablando de dar un toque humano a los estereotipos habituales que nos encontramos en una pantalla de cine. Lo que aquí­ se hace es crear a un verdadero ser aislado con el que es imposible simpatizar cuando se le conoce bien pero que en ningún momento se siente molesto con esa condición porque es genial estar por encima de todos los mortales. Es como la tí­pica chica que está buení­sima Y LO SABE. El aislamiento es el precio que tiene que pagar por ser como es. Y Capote está tremendamente dispuesto a hacerlo.

LO MEJOR: El guión.

LO PEOR: En un film tan basado en los personajes, a veces se pierde la conexión con la trama, porque estás más pendiente de los individuos. Ahí­ creo que la puesta en escena de Miller, que es demasiado frí­a, podrí­a haber animado un poco las cosas (a pesar de que las escenas de los asesinatos son bastante estremecedoras). Además, es una lástima lo que pasa con Bruce Greenwood, que es un actor que a mí­ me mola mogollón y que se diluye como amante de Capote. Pero claro, no es culpa suya. Es que el guión se olvida de él. Y otra cosa: recomiendo que no intentéis que Capote os caiga bien porque el tí­o es lo puto peor.


Bennett Miller | Dan Futterman | Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Clifton Collins Jr., Chris Cooper, Bruce Greenwood, Bob Balaban, Amy Ryan, Mark Pellegrino, Allie Mickelson | Adam Kimmel | Christopher Tellefsen | Mychael Danna | Gordon Peterson | Caroline Baron, Michael Ohoven, William Vince | Philip Seymour Hoffman, Kerry Rock, Danny Rosett | United Artists, Infinity Media, A-Line Pictures, Cooper's Town Productions, Eagle Vision | Sony Pictures | 8 |

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