Reportajes

CENTENARIO WILDER

DIOS CUMPLE 100 AÑOS.

El 22 de junio Billy Wilder habrí­a cumplido cien años, desde este pequeño rincón del ciberespacio queremos aportar nuestro granito de arena uniéndonos a los múltiples homenajes de los que está siendo objeto el genial cineasta austriaco artí­fice de auténticas obras maestras del celuloide como Perdición, Con Faldas y a lo Loco, El Crepúsculo de los Dioses o El Apartamento.

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Bienvenidos.

APUNTES BIOGRÁFICOS

Samuel Wilder, o lo que es lo mismo Billy Wilder, nació el 22 de junio de 1906 en Sucha, en ese momento formaba parte del Imperio Austrohúngaro y en la actualidad está integrada en Polonia. Hijo de Max Wilder, director de una cadena de cafeterí­as, y de Eugenia Dittler, su madre fue quien comenzó a llamarle Billy ya que cuando era joven asistió en los Estados Unidos a un espectáculo de Buffallo Bill. Durante su infancia ya empezó a cultivar su mala leche, sus familiares, vecinos y amistades son los primeros en sufrir los embistes de la criatura así­ que era evidente que de mayor tendrí­a un oficio en el que destilar toda su bilis el de periodista, aún así­ ingresarí­a en la Universidad de Viena para estudiar Derecho, carrera que abandonó porque lo que él querí­a era escribir de hecho ya comenzaba a trabajar como redactor en varios periódicos austriacos, tras dar por terminados sus estudios se trasladarí­a a Berlí­n, allí­ trabajarí­a en otros oficios, destacando uno en especial, el de chico de baile de alquiler como bien dirí­a nuestro protagonista. Pronto encontrarí­a trabajo como cronista de sucesos y de deportes en un periódico local.

En Berlí­n se aficionó al cine tras ver diversas pelí­culas que le impresionaron, una de ellas fue El Acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein, esto le llevó a trabajar, en el año 1929, como guionista para la UFA donde conoció a los grandes directores del momento. El ascenso de Hitler era inevitable y Wilder que era judí­o tuvo que abandonar Alemania, pero desgraciadamente su familia no le acompañó, su madre, su abuela y su padrastro fallecieron en los campos de exterminio de Auschwitz.

Su primer destino fue Parí­s, donde realizó su primera pelí­cula Curvas Peligrosas – no es esa serie calentorra que programó Antena 3 durante sus tardes hace unos cuantos lustros – el director reconoce que la realizó por pura necesidad y sin experiencia y no disfrutó mucho haciéndola. Finalmente en el año 1933 se trasladarí­a a Estados Unidos ví­a México donde conseguirí­a el visado, allí­ vivió en un cuchitril junto al actor Peter Lorre (M, el Vampiro de Dusseldorf), ambos compartieron hambre y momentos muy difí­ciles durante una temporada. Wilder comenzó a trabajar como guionista a sueldo para la Paramount, donde tuvo la ocasión de colaborar con su gran maestro Ernst Lubitsch, para quien escribirí­a Ninotchka por el que logró su primera candidatura al Oscar o La Octava Mujer de Barbazul, o Howard Hawks con quien colaboró en Bola de Fuego, cinta por la que serí­a candidato al Oscar en la efí­mera categorí­a de mejor argumento. También coincidirí­a con alguien que fue determinante en su carrera, el guionista Charles Brackett con quien colaborarí­a estrechamente en la escritura de gran parte de sus guiones y serí­a uno de sus productores. Durante este perí­odo a base de tesón logra convencer a los dirigentes de la Paramount de que estaba lo suficientemente capacitado para dirigir sus propias pelí­culas.

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“Charles, me aburro de escribir para otros.”

Su debut en serio como realizador vendrí­a con la cinta El Mayor y la Menor (1942) protagonizada por Ginger Rogers y Ray Milland una deliciosa comedia con la que encandila a los crí­ticos. Tras ella llegó Cinco Tumbas al Cairo (1943), con Anne Baxter, Franchot Thone y Eric Von Stroheim como principales intérpretes, en ella se atreve a contar en tono de comedia la Segunda Guerra Mundial, motivo por el que esta cinta no fue bien aceptada por la crí­tica en el momento de su estreno. Un año después llegarí­a su primera gran obra maestra como realizador, Perdición, una cinta con la que revolucionarí­a el cine negro, algo de lo que fueron conscientes los crí­ticos de la época, de la mano de Fred MacMurray y Barbara Stanwyck llegarí­a su primera candidatura como director y su segunda como guionista. Su próxima pelí­cula serí­a Dí­as sin Huella (1945) en donde por primera vez se muestra en el cine toda la crudeza del alcoholismo, por ella ganarí­a finalmente el Oscar, por el guión y la dirección y su protagonista Ray Milland lograrí­a el galardón al mejor actor. Tras ella y por favor a los estudios rodarí­a El Vals del Emperador (1948), protagonizada por Bing Crosby, una cinta de la que no se sintió satisfecho, ese mismo año rodarí­a Berlí­n Occidente, protagonizada por Marlene Dietrich una comedia que levantó las ampollas del cuerpo diplomático estadounidense en Alemania y que no gustó tampoco a los crí­ticos. Dos años después llegarí­a una nueva obra maestra, El Crepúsculo de los Dioses, en donde contaba la crueldad de Hollywood con sus antiguas estrellas, por esta cinta serí­a de nuevo candidato al Oscar al mejor director y guionista, consiguiéndolo en este último apartado, sin duda la historia de Norma Desmond se ha convertido en la mejor pelí­cula que ha contado las miserias de la meca del cine. En 1951 con El Gran Carnaval contarí­a una sátira sobre el periodismo, mundo que conocí­a bien de sus inicios como cronista de sucesos en un periódico local berlinés, la cinta protagonizada por Kirg Douglas supuso el primer gran fracaso de la filmografí­a del realizador. De nuevo encontrarí­a el éxito gracias a Traidor en el Infierno (1953) en la que William Holden, ganador del Oscar por esta cinta, interpretaba a un soldado norteamericano recluido en un campo de concentración nazi que lucha por la supervivencia, por esta cinta serí­a de nuevo candidato al Oscar en el apartado de dirección, de nuevo fue aplaudido por la crí­tica. Un año después llegarí­a una de sus comedias más recordadas, Sabrina, protagonizada por Audrey Hepburn, Humphrey Bogart y de nuevo William Holden, las crí­ticas fueron entusiastas y de nuevo serí­a candidato al Oscar en las categorí­as de dirección y guión. En 1955 estrenarí­a otra de sus comedias más exitosas La Tentación Vive Arriba, su primera colaboración con Marilyn Monroe en la que protagonizó la mí­tica escena del vestido al viento, esta cinta se convirtió en la segunda más taquillera de la década de los 50, la crí­tica la aplaudió pero lamentaba la ausencia de la picardí­a de la obra original. Dos años después rodarí­a El Héroe Solitario en la que James Stewart daba vida a Charles A. Lindbergh el primer hombre que realizó un vuelo transoceánico, Wilder se arrepiente de esta cinta en primer lugar porque para él Stewart no era la mejor opción, la crí­tica la aceptó aunque con reticencias.

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Adios Paramount, adiós Charles.

El año 1957 supuso el cambio para Wilder, de la Paramount pasa a varios estudios y recala finalmente en United Artist y cambia de colaborador ya que escribirí­a sus guiones con I.A.L. Diamond, con él escribirí­a Arianne, una comedia protagonizada por Gary Cooper y Audrey Hepburn que fue recibida con cierta tibieza, no gustó que Gary Cooper interpretara a un casanova, alejado fí­sicamente de esa imagen la primera opción fue Cary Grant, frente a una jovencita Hepburn con la que no desprendí­a ningún tipo de quí­mica. Un año después adaptarí­a a Agatha Christie con Testigo de Cargo, una auténtica obra maestra del cine judicial, protagonizada por un magistral Charles Laughton, Tyrone Power y Marlene Dietrich, sin olvidar a Elsa Lanchester, no es de extrañar que sea una de las cintas de las que se sentí­a más orgulloso y calificó a Laughton como el mejor actor con el que habí­a trabajado, la crí­tica la recibió con entusiasmo y de nuevo conseguirí­a una candidatura al mejor director. 1959 serí­a el año de otro encuentro crucial en su carrera, con el actor Jack Lemmon, gracias al rodaje de Con Faldas y a lo Loco, la que es sin duda alguna una de las pelí­culas favoritas de los espectadores, la crí­tica la aplaudió unánimemente y de nuevo serí­a candidato al Oscar en los apartados de dirección y guión. Un año después realizarí­a otra de las obras cumbre de su carrera, la deliciosa El Apartamento, de nuevo protagonizada por Jack Lemmon acompañada de una joven Shirley MacLaine, la crí­tica de nuevo se rindió ante la genialidad de Wilder y la Academia premió por primera vez en su historia a una persona por su labor como productor, director y guionista. Tras el éxito de El Apartamento rodó en 1961 y en Alemania Uno, Dos, Tres, una sátira sobre la Guerra Frí­a cuando Alemania estaba pasando por uno de sus peores momentos después de la Segunda Guerra Mundial ya que durante el rodaje de la cinta se construyó el Muro de Berlí­n, la pelí­cula no fue aceptada por la crí­tica ni por los espectadores. Dos años después retomarí­a la pareja Jack Lemmon y Shirley MacLaine en la comedia romántica Irma la Dulce, una historia de amor entre una prostituta parisina y un policí­a, en su momento se produjo un auténtico escándalo en el momento de su estreno ya que se consideró inmoral aún así­ se convirtió en un auténtico éxito de taquilla pero la acogida de la crí­tica fue desigual. En 1964 llegarí­a otro de los sonados fracasos del realizador con Bésame Tonto una comedia protagonizada por Dean Martin y Kim Novak, en el momento de su estreno fue condenada por la Iglesia y por la Liga por la Decencia porque en la cinta se hablaba del adulterio, aún así­ años después se la tiene como una de las precursoras de la revolución sexual y sociológica. Dos años después volverí­a a reclutar a Jack Lemmon gracias a En Bandeja de Plata y se formó un nuevo tándem cinematográfico, el de Jack Lemmon-Walter Matthau, la cinta es una comedia en la que dos sinvergüenzas intentan engañar al seguro tras un pequeño accidente, Matthau ganó el Oscar al mejor actor de reparto por su brillante interpretación de abogado no demasiado ejemplar, Wilder consiguió una nueva candidatura en el apartado de mejor guión, fue un éxito de crí­tica y de público aunque nunca llegó a superar las cotas de El Apartamento.

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“Oye Jack, hacemos buena pareja ¡eh!.”

Con el cambio de década llegarí­an los últimos tí­tulos del cineasta. En 1970 realizarí­a una de sus obras más ambiciosas y personales, La Vida Privada de Sherlock Holmes, protagonizada por Roberth Stephens y Colin Blakely, es una de las cintas que más gustó al realizador, pero desgraciadamente en su momento no fue aceptada, fue un sonoro fracaso siendo retirada de los cines a las pocas semanas, los crí­ticos tampoco la acogieron con entusiasmo. Dos años después volverí­a a contar con Jack Lemmon en la comedia Avanti! o como se llamó en español ¿Qué Pasó Entre Mi Padre y Tu Madre? una cinta que fue calificada como una de las obras menores del director, aunque con el paso del tiempo va ganando adeptos, y no fue bien tratada por la mayorí­a de los crí­ticos. En 1974 repetirí­a con Lemmon y Matthau en una nueva crónica sobre el periodismo, Primera Plana, a ellos se unirí­a una jovencí­sima y casi debutante Susan Sarandon, la cinta hoy en dí­a está considerada como su última gran pelí­cula pero en su momento fue recibida con cierta tibieza. Cuatro años más tarde dirigirí­a Fedora un nuevo retrato sobre el mundo del cine protagonizado de nuevo por William Holden acompañado en este caso por Marthe Keller, Wilder dice que el gran fallo de esta cinta radica en su protagonista Marthe Keller de quien dijo que no tení­a ni encanto, ni estilo y que no tení­a mucha profesionalidad, desde el momento de su rodaje supo que no iba a funcionar y no se equivocó, ni los espectadores ni los crí­ticos la aceptaron. En 1981 estrenarí­a su última pelí­cula, Aquí­ un Amigo, de nuevo con el tándem Lemmon-Matthau una comedia que resultó ser un fracaso a nivel de público y de crí­tica.

Su carrera cinematográfica acabó en este momento a pesar que siempre dijo que nunca se retirarí­a del cine, en realidad no pudo volver a rodar ya que las compañí­as de seguros no querí­an asegurar sus pelí­culas debido a su avanzada edad. Dos décadas después de realizar su última cinta Billy Wilder fallecí­a a causa de una neumoní­a, fue el 27 de marzo de 2002, tení­a 95 años, el realizador hizo gala de su ironí­a hasta el final y quizás para homenajear esta cualidad algunas de las crónicas que se realizaron después de su muerte señalaron como detonante del abandono de Wilder de este mundo a que habí­a visto la desastrosa ceremonia de los Oscars celebrada tres dí­as antes en la que un realizador como Ron Howard se habí­a proclamado como gran vencedor. Wilder se casó en dos ocasiones, en 1936 con Judith Coppicus con la que tendrí­a dos hijos y de la que acabarí­a separándose diez años después, Wilder mientras estuvo casado con su primera esposa tuvo lí­os de faldas con actrices como Doris Dawling o la bellí­sima Hedy Lamarr, y en 1949 contraerí­a matrimonio con la actriz Audrey Young, se enamoraron durante el rodaje de Dí­as sin Huella, su segunda esposa fue su compañera hasta el final.

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En su epitafio podemos leer “Soy escritor, pero nadie es perfecto”.

EL CINE QUE MARCÓ A BILLY WILDER

Su fascinación por el cine le llevó a trabajar como guionista en la UFA, sentí­a admiración por su mentor Ernst Lubitsch y pronunció un discurso el dí­a de su funeral en el que dijo “Nos hemos quedado sin Lubistch, peor aún, nos hemos quedado sin las pelí­culas de Lubitsch”. En una entrevista publicada en 1952 Wilder enumeraba sus diez pelí­culas favoritas:

1. El Acoradazo Potemki de Sergei Eisenstein (1925)
2. Avaricia de Erich Von Strí¶heim (1923)
3. Varieté de Charles Dupont (1925)
4. La Quimera del Oro de Charles Chaplin (1924)
5. Y el Mundo en Marcha de King Vidor (1928)
6. La Gran Ilusión de Jean Renoir (1937)
7. El Delator de John Ford (1935)
8. Ninotchka de Ernst Lubitsch (1939)
9. Los Mejores Años de Nuestra Vida de William Wyler (1946)
10. El Ladrón de Bicicletas de Vittorio de Sica (1948)

CONTINUACIÓN…

 

Mary Carmen Rodrí­guez

Soy iconódula y oscarnallóloga.

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