Críticas

CABEZA DE PERRO

El estimable Santiago Amodeo vuelve, y ya es un logro, con Cabeza de Perro pelí­cula de corte independiente y bajo la batuta del productor José Antonio Félez y Tesela P.C. Narra la historia de Samuel, un chico bien de un pueblo perdido en la nieve, que decide romper con su anodina existencia para descubrir los sinsabores de la vida expuesta a los vaivenes de la suerte. El problema, en el argumento, viene porque Samuel tiene un problema cerebral que le hace perder la conciencia de sus acciones. El problema, en la pelí­cula, es que esta situación, no está nada clara, no tiene consistencia y sobre todo, afecta tan poco a la acción que podrí­a haberse elegido otro camino más simple para contar tan poquitas cosas como se nos proponen. Pero de alguna forma habí­a que justificar el tí­tulo del film, y no crean tampoco que ni siquiera la explicación convencerá a nadie.

Estamos ante la más flojita de las propuestas que conjunta o separadamente los sevillanos directores Santi Amodeo y Alberto Rodrí­guez vienen gestando desde el mí­tico cortometraje Bancos. Aquí­ vuelven a repetirse recursos que ya, en el quinto film del conjunto dan muestras de agotamiento, porque no consiguen crear estilo, o porque sencillamente el guión falla y cuando eso pasa, los vericuetos estéticos dejan de tener valor: la voz off de O’Dogherty (Bancos, El Factor Pilgrim), los planos de arquitectura funcional y la cámara al hombro (El Traje, Astronautas, 7 Ví­rgenes) y varios detalles y guiños hacia Sevilla y sus anteriores trabajos y equipos de actores.

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“A veces se me va la pinza y por eso tengo este flequillo.”

Por más que quiera Ballesta alejarse de su imagen de quinqui, es difí­cil hacerle pasa por niño bueno y rico cuando tiene una espalda fruto de horas de gimnasio y cuando a poco que le veamos el lóbulo de la oreja, asomará el agujerillo de su habitual pendiente. Otro cantar es la joven actriz Adriana Ugarte, lo mejor de la pelí­cula, una especie de Paz Vega sin glamour pero con bastante talento y un rostro marcado, que le pone ganas y da la réplica vivazmente a un Ballesta tan asqueado que parece que sigue atormentado de lo que sufrió cuando era el Bola. El resto de personajes tienen tan poco recorrido, que salvo la desconcertante Ana Wagener, pasan desapercibidos, como el hecho de que Domingo, el gerente del supermercado sea también la voz en off, sin motivos que lo justifiquen ni ganas de saberlo.

El guión es extraño, a veces sonrojante (y me refiero al particular “rezo” frente al busto de Cristo), con escenas sin conexión y todas cortadas con el mismo patrón: Alguien dice cualquier cosa (algunas por decir, como en un funeral), y luego se revela lo hipócrita que fue cuando lo dijo. La pelí­cula trata sobre la identidad, las expectativas y sobre como la gente no es como dice ser o cree ser, que todos estamos expuestos a golpes duros de la vida que nos hacen ser diferentes. Y probablemente en esta ultima frase esté poniendo yo mucho más claridad de la que emana de la pelí­cula.

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Pasmarote face.

Técnicamente, la fotografí­a fea e intencionadamente descuidada termina convirtiéndose en pretenciosa y vacua, como por ejemplo el paseito de la cámara a oscuras por los pasillos de la cripta o el abuso de ópticas de gran angular que deforman la imagen. El grafismo y ciertos efectos son interesantes, pero beben directamente de Amelie y no superan las brillantes cartelas de Astronautas, por cierto, con temática parecida y mucho más redonda. Personalmente, no entiendo, que ambientado el film en Madrid (y podrí­a ser otra gran ciudad), parte de la producción de exteriores se localice en Sevilla, concretamente en el – mi querido – barrio de Nervión y alrededores de Santa Justa, que también aparecí­an en todas sus pelí­culas mencionadas aquí­, pero sin ser identificadas como tales. Esto resta aún más credibilidad a un film que apenas se sostiene en sus cimientos.

En conclusión, la pelí­cula divaga yendo y viniendo sobre tres ideas mal planteadas, con escenas innecesarias, con algunos recursos imaginativos, comparaciones literarias imposibles y con un final neutro, abierto e incompresible en el punto de la pelí­cula en el que aparece. Un bache en la carrera de un cineasta con ganas al que hay que otorgar muchas más oportunidades.

LO MEJOR: Adriana Ugarte. La secuencia inicial.

LO PEOR: Interesa muy poco. No se cuenta mucho.

Jesús Manuel Rubio.

 


Santi Amodeo | Santi Amodeo | Juan José Ballesta, Adriana Ugarte, Julián Villagrán, Manuel Alexandre, Eugenio Roca, Jorge Roelas, Ana Wagener, Ana Gracia, Mariano Peña | Alex Catalán | José G. Moyano | - | Antonio Estrada | - | José Antonio Félez | Tesela P.C., Alta Films | Alta Films | 4 |

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