Críticas

HIJOS DE LOS HOMBRES

Hijos de los Hombres, basada en la novela de PD James, nos sitúa en el Reino Unido del 2027, una sociedad donde todas las mujeres son estériles y no pueden tener hijos (de ahí­ el espectacular incremento de mascotas), y donde sólo las Islas sobreviven en medio de un mundo desquiciado y completamente destruido por las guerras, los atentados y el terrorismo, mediante el férreo control de la población inmigrante. Pero “sobrevivir” es un término poco preciso. “Aguantar” es más correcto. Porque dentro de 50 años la población mundial se habrá extinguido por completo debido a la falta de descendencia. La mayorí­a intenta no pensar en ello, mientras que otros se dedican a aprovechar estos últimos momentos para intentar alcanzar el estado de cosas que desean, atentando contra una sociedad moribunda. Nada de esto importa a Theodore Faron (Clive Owen), antiguo activista que ocupa el resto de sus dí­as viendo el tiempo pasar sin nada a lo que agarrarse, hasta que su ex mujer Julian (Julianne Moore), lí­der de una organización terrorista reconvertida en plataforma “pací­fica” conocida como Los Peces, le pide un último favor: acompañar a una inmigrante llamada Kee a la costa del paí­s, donde la espera un barco que la transportará al llamado Proyecto Humano. Kee y el Proyecto son la última esperanza de salvación de la humanidad. Porque Kee está embarazada. Y ese niño, en ese mundo, es poco menos que un milagro. Pero esta pelí­cula si que lo es. 

Es muy difí­cil condensar qué es Hijos de los Hombres en pocas lí­neas, pero vamos a intentarlo. En primer lugar, presenta la descripción del futuro más aterradora que he visto en una pelí­cula. Harí­a falta algo más de un párrafo para explicar los mecanismos del mundo en el que se mueven los protagonistas del film, pero una cosa debe quedar clara: es un lugar muy parecido al nuestro, pero amplificado. Si bien los adelantos tecnológicos se encuentran a la orden del dí­a, es lo más parecido a una guerra callejera, con revueltas populares a la vuelta de la esquina, con violencia y terrorismo cotidianos contra un estado policial, y dónde la muerte es un hecho cierto, reconocible y aceptado, hasta el punto de emitir anuncios públicos donde se venden drogas que provocan la muerte rápida e indolora. Son los últimos estertores del planeta. Hay escombros, humo y polución ocultos bajo los intentos de mantener una especie de sociedad cotidiana a través de los medios de comunicación y de la creación de í­dolos de multitudes (como Diego Ricardo, el niño más joven del mundo, que fallece al principio del film – ojo a la reacción de todas las mujeres al principio de la peli, que parece que han perdido a su propio hijo) y el desarrollo de la religión, con nuevas ramas que tienen en común el rollo apocalí­ptico que está presente por todas partes. Ésta no es una especie de predicción ajustada como Blade Runner, o como Minority Report, o como 2001, si me apuráis. Simplemente es el estado de incivilización llevado a la sociedad moderna. Es tener Kosovo a la vuelta de la esquina.

 

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“¿Salvar a la humanidad? Si me acabo de levantar.”

 

Una vez dicho esto, la historia se centra en Faron, interpretado por Clive Owen en el que es de largo, el mejor papel de toda su carrera y la confirmación de algo que vení­a sospechando desde hace tiempo. Este hombre no es James Bond, pero sí­ es el heredero natural del hombre cotidiano con recursos que Michael Douglas o Harrison Ford popularizaron durante los años 80. En serio: este tí­o no hace ningún esfuerzo por parecer glamuroso, sus chichas se notan a lo largo de toda la peli y se han dejado el maquillaje en el camerino, y transmite un estado de ánimo que mezcla la desesperación y la resignación del hombre normal ante semejante cadena de eventos. Yo pienso que es hora de cierto reconocimiento, y se una de una vez a Edward Norton, Russell Crowe o Matt Damon (cada uno en su campo, ojo), son los que realmente merecen (ejem) cobrar lo que cobran y librarse de tanta paja (no miro ni a Jude Law ni a, Dios me libre, Orlando Bloom).

 

Y aquí­ tenemos a la peli que es, como otras tantas y en el fondo, un viaje poblado de obstáculos hasta llegar a un objetivo final, pero a tenor de lo que os he comentado antes, habréis podido deducir que más que una aventura, es una pesadilla y un verdadero infierno. En este punto, Hijos de los Hombres es tanto un film de terror (un terror psicológico y fí­sico, angustioso) como una pelí­cula bélica. Es también una historia de amor en tiempos de guerra. Y es una tragedia. Intentando evitar destripar cualquier aspecto de la trama, hay una secuencia que empieza como una agradable reunión familiar y termina en una verdadera masacre. En sólo cinco minutos.  Ejemplifica perfectamente que todo el mundo en el film se encuentra en la cuerda floja, y que la muerte está a sólo un paso y que casi todos ellos no seguirán vivos al final del relato. Sólo el bebé de Kee es un pequeño sí­mbolo de esperanza (y de una fuerza enorme, que da pie a la escena más emotiva de la pelí­cula y la única que parece que bordea la ñoñerí­a… pero no. Cuando la veáis, sabréis cuál es).

 

El cuadro de personajes es variopinto y de extraordinaria riqueza, que se ve en los pocos momentos de descanso: todo muy familiar, con detalles cotidianos, que nos deja la pelí­cula cuando no está explicando la historia o volándolo todo en pedazos. Desde la relación entre Faron y su ex mujer, hasta Jasper el dibujante hippie satí­rico encarnado por Michael Caine, que se lo pasa en grande haciendo de viejo fumeta y acompañando a su catatónica mujer en una casa oculta en el campo, pasando por Kee (este es el segundo film de la actriz Claire-Hope Ashitey), que vive entre el estado de buena esperanza, el vértigo de ser el centro de todos los acontecimientos, y el miedo por su condición de refugiada; hasta Luke, o Chiwetel Ejiofor, uno de otros tantos revolucionarios de nuestros dí­as que confunde las barreras entre la propagación de su causa para iluminar a la mayorí­a con el respeto a la vida individual. Decir que Caine es bueno es como decir que la leche viene de la vaca, pero resalto a Ejiofor porque este tí­o es una puñetera máquina y su papel es muy difí­cil. Lástima que Julianne Moore sea el personaje más sacrificado de la trama, y parece que simplemente se limita a participar en el film por puro deseo profesional y por las ganas de participar en el proyecto, sea como sea.

 

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“Que mira, que hay una chica a la que han hecho un bombo y tienes que llevarla en coche.”

 

Porque es difí­cil puntualizar el trabajo de los actores cuando no hablamos de un vehí­culo para su lucimiento y como una banda todos trabajan para el bien común, que es el film, y que es pura y simplemente un logro que condensa todas las caracterí­sticas que el mexicano Alfonso Cuarón ha ido demostrando a lo largo de toda su filmografí­a en conjunto con la historia más densa, complicada, y rica que jamás ha tenido la oportunidad de contar. Y tu Mamá También, Harry Potter y el Prisionero de Azkabán o Grandes Esperanzas no son en ningún momento un preparativo para esta espléndida y aterradora épica, su film más amplio en lo que  se refiere a perspectiva y que le obliga a poner la carne en el asador. Su obsesión por el detalle, que en Harry Potter 3  serví­a para recalcar el mundo mágico de los protagonistas y que era prácticamente un adorno, aquí­ es empleado para narrar ideas fundamentales para la acción y que deben explicarse de la forma más rápida y sencilla posible. Su mirada en el interior de los personajes, que en Y Tú Mamá También eran el punto de apoyo para toda la pelí­cula (hasta incluí­a una voz en off), ahora es un vistazo porque deben ser definidos con pequeñas pinceladas a lo largo de todo el relato. Su estilo documental sigue ahí­, pero esta vez con una historia a juego. Una secuencia del film, de cinco minutos de duración y que rivaliza con el mismí­simo desembarco de Normandí­a de Salvar al Soldado Ryan (lo juro) es un ejemplo impresionante de manejo de la cámara en mano a través de un edificio de refugiados en medio de un monumental tiroteo (aviso: la violencia del film es absolutamente brutal y sin concesiones).

 

La banda sonora está muy limitada y se reduce a unas cuantas canciones (¡Radiohead! ¡Roots Manuva! ¡Gracias!) y prescinde de ella casi por completo a lo largo del film, pero queda claro que esto debe entrar por los ojos y para eso está la fotografí­a de Emmanuel Lubezki y el diseño de producción. Lubezki hace lo que le da la gana con la luz. ¿Escenas a plena luz del dí­a? Fale. ¿Iluminación con una bombilla? Fale. En cuanto a lo otro, hay que destacar que por primera vez en mucho tiempo, “diseño de producción” y “efectos especiales” son uno y trino. La misma espléndida unión que habí­a en Batman Begins, por ejemplo. El ordenador se limita a retocar los escenarios para mejorar la visión del director sobre el futuro: los monitores, los cristales que reflejan imágenes, los cuadros de mando de los coches, las explosiones y los balazos. Todo se integra de una forma excepcional.

 

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¿El fin justifica los medios? Eso nos plantea este actorazo.

 

No hago mamadas gratis. Es muy difí­cil encontrar un fallo en la pelí­cula. No hay errores de bulto. Nada parece superfluo, o gratuito. Y como Blade Runner, está mas allá del género: es sobre todo una declaración de intenciones sobre el estado de la sociedad moderna, sobre la multiculturalidad, sobre el rechazo, la opresión, la agoní­a, nosotros como especie, y plantea preguntas que permanecen en el interior de nosotros y que sólo en un terreno como el de la ciencia ficción (ese género tan despreciado) se pueden plantear: ¿cómo nos enfrentaremos a nuestras últimos dí­as? Y cuando eso suceda, ¿podremos volver la vista atrás y decir: “creo que lo hemos hecho razonablemente bien”?. No son preguntas fáciles, y las respuestas son aún más complicadas. Pero por mucho año 2027 o 2900, o 2006, es nuestro mundo (las referencias a la cultura popular son innumerables y quien pille la que hace mención a un disco de Pink Floyd recibe premio) es lo que está pasando ahora, pero en esta ocasión no somos nosotros los que lo contemplamos desde fuerza. En Hijos de los Hombres, nosotros estamos en el fondo. Cuarón, como ser humano, se limita a señalarnos que estamos, simplemente, al borde del abismo. Y entre tanto posmoderno, entre tanto mirarse el ombligo, sólo cabe decir que así­ se hacen los peliculones, y que así­ se marcan las diferencias.

 

LO MEJOR:

– Cuarón, cuya capacidad narrativa parece ilimitada y se saca de la manga todo un mundo, Clive Owen y el film en sí­ mismo, de una profundidad y una riqueza que piden que se vea a gritos una y otra vez, y otra vez, y otra vez. Es nuestro 2001 y es nuestro Blade Runner. Ya era hora de que tuviéramos algo así­.

 

LO PEOR:

– ¿Eh?

 


Alfonso Cuarón | Alfonso Cuarón, Timothy J. Sexton, David Arata, Mark Fergus, Hawk Ostby | Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine, Chiwetel Ejiofor, Charlie Hunnam, Claire-Hope Ashitey, Pam Ferrys, Danny Huston, Peter Mullan, Oana Pellea, Paul Sharma | Emmanuel Lubezki | Alex Rodrí­guez | John Taverner | Jim Clay, Geoffrey Kirkland | Mark Abraham, Eric Newman, Hilary Shor, Iain Smith, Tony Smith | Armyan Bernstein, Thomas A. Bliss | Universal Pictures, Strike Entertainment, Hit & Run Productions, Quietus Productions | UIP | 10 |
  • martin

    LA PELI DE LA DECADA
    GRACIAS ALFONSO

  • darko

    Simplemente brillante.

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