Críticas

TRISTRAM SHANDY

Tristram Shandy es el último film de Michael Winterbottom, un nombre con el que estaréis familiarizados muchos de vosotros. Para los que no, quizás sea éste un buen momento para descubrir a este director británico, uno de los más arriesgados de la actualidad, y niño bonito de la EP3, Mondosonoro y similares, porque Tristram Shandy no se parece mucho a lo que váis a ver en el cine a lo largo del año, porque es una comedia y porque es bastante más divertida de lo que puede parecer en un primer momento. Y, para variar, algo completamente distinto.

Tristram Shandy es, teóricamente, la adaptación de la inadaptable novela La Vida y Opiniones del Caballero Tristram Shandy: desmitificadora, paródica y, básicamente, incomprensible. Sigue la llamada “corriente de conciencia”, esa ejem, ejem, ¡EJEM!, ‘técnica’ por la que el escritor pone en el papel las ideas según le vienen a la cabeza. En sus dos primeros volumenes, el protagonista todaví­a no ha nacido, y se centra en describir a personajes periféricos que poco o nada tendrán que ver con la vida y opiniones del sr. Shandy. Dado que, para rematar, no sigue un orden cronológico, el texto viene a Winterbottom como anillo al dedo para experimentar con nuevas formas de contar la historia… o de no contarla: si el libro no te explica nada, ¿por qué tendrí­a que hacerlo la pelí­cula?. Así­, tenemos otro producto más de eso que llaman en la Cahiers Du Cinema “el meta lenguaje cinematográfico” que, en su versión más sencilla, consiste en hacer una pelí­cula de unos tipos intentando hacer una pelí­cula. 

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Gillian Anderson, segunda por la izquierda. Te echábamos de menos.

Tristram Shandy, A Cock And Bull Story (esto último se traduce como una historia de mentira, o un cuento), narra las vicisitudes del director Michael Winterbottom (Jeremy Northam), intentando llevar a cabo la adaptación de la susodicha obra de Laurence Sterne, protagonizada por Steve Coogan (Steve Coogan/Tristram Shandy) y Rob Brydon (Rob Brydon/Tí­o Toby). El verdadero Winterbottom combina, a lo largo del film, escenas en las que se muestra al equipo técnico hacer su trabajo, como si se tratara de un ‘making of’, y escenas de la pelí­cula en sí­, con lo cual volvemos a tener de nuevo esa relación entre “realidad” y “ficción” que no por ser diferente y no sólo porque se hayan escrito millones de libros de narrativa cinematográfica sobre ese tema, tiene que ser aceptable en todos los casos y que gracias a la cual se han creado bodrios bastante infumables. Es fácil desviarse del propósito inicial y terminar con una chorrada incomprensible. Tristram Shandy funciona a medias, y lo hace por un motivo: es razonablemente ligera a lo largo del gran parte del metraje. Tan ligera que puede llegar a aburrir con facilidad, y plagada de historias (como el flirteo entre Coogan y la ayudante de producción a la que de vida Naomie Harris) que ni fu ni fa.

Afortunadamente, aquí­ no tenemos a Winterbottom intentando hacer la Mejor Pelí­cula Porno de la Historia (Nine Songs), o desarrollando la Historia de Ciencia Ficción Definitiva (Código 46), o el Biopic Musical por Excelencia (24 Hour Party People). En esta ocasión, le veo realmente a gusto con los elementos cómicos que tiene a su disposición que, por muy excéntricos que sean, funcionan en algunas ocasiones porque son graciosos de puro absurdo. Por ejemplo, véase el momento en el que se intenta reproducir el nacimiento de Tristram Shandy: con un enorme útero de plástico, y Steve Coogan dentro. Es una verdadera estupidez, pero el punto de la escena es ver al actor, mareado como una cuba, agarrado de los cables e intentando entrar en ese mamotreto. Y luego intentar salir. Y la improvisación está a la orden del dí­a. Es una improvisación relajada basada en chistes, bromas, y temas sin mayor importancia, como en la escena inicial, mientras Brydon y Coogan discuten en la sala de maquillaje si el color amarillo de sus dientes les favorece y quién deberí­a ir primero en los créditos del film. Cositas de pequeña importancia y, como dije, graciosos: que nadie se espere momentos hilarantes.

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Cogito, ergo útero.

Pero dos tí­os hablando y haciendo coñitas no llega ni siquiera para intentar justificar el motivo de la pelí­cula. Vale que las relaciones entre el equipo de producción son mostradas de forma natural, pero el problema llega a la hora de juntar las dos partes de la pelí­cula. En teorí­a, lo más apropiado, por amor de la narrativa y el sentido común, serí­a que evolucionan al tiempo que lo hace la pelí­cula que están rodando. Sin embargo, es una especie de programa doble, con dos films por el precio de uno, porque las relaciones entre la pelí­cula que se filma y lo que sucede entre los actores y los participantes nunca están demasiado claras: es difí­cil saber si el ‘making of’ tiene alguna relación con la adaptación, si Coogan y compañí­a se ven influenciados por el comportamiento de los personajes a los que dan vida. Brydon rivaliza con Coogan como Tí­o Toby rivaliza con Tristram, pero se queda en un parecido y nada más. En cualquier caso, tanto si hay relación como si no, el problema sigue siendo el mismo: por muy ligera que sea la pelí­cula, es un film que no progresa, acerca de un libro que no progresa. Al igual que en el texto literario, Winterbottom da rodeos, circunloquios, adapta las partes del relato que le parecen más convenientes y luego emplea la parte “real” para justificar la imposibilidad de representar fielmente la novela. Resumiendo: quizás lo que Winterbottom quiere hacer es disculparse. Decirnos que se rindió, y que en vez de adaptar la obra se limitó a filmar el intento y a unir libro y film a través de una sencilla idea: “Ambos son incompletos, ¿qué más queréis que haga?” 

Pero eso no es excusa, y todo el que haya visto Adaptation lo sabe. Kaufman se enfrenta a un libro en el que nada cambia. Que no va ni de tiros ni de romance, que va de putas flores, y a pesar de ello, logra sacarse de la manga una historia que avanza, que se mueve, que entretiene, que hace pensar y en la que juega con todos los elementos a su disposición con una maestrí­a que te caes de culo (insisto, creo que es el mejor guión de los últimos 50 años, tan emotivo como técnicamente deslumbrante). Nada de eso está presente en Tristram Shandy, y es una lástima que prefiera depender mucho más de Steve Coogan, que de las mil y una posibilidades que se le abren a Winterbottom con su propuesta “voy a hacer cine como me da la gana”. Creo sinceramente que este tí­o tiene talento: lo ha demostrado con Wonderland y con Out Of This World, pero por alguna razón no está capacitado para ir más allá porque cree que con tener la buena idea basta. ¿Es recomendable esta pelí­cula? Lo es. Pero es la repetición de un error histórico. Allá vosotros, nenes.

– LO MEJOR

Interesante propuesta. Bastante graciosa en sus primeros momentos.  Todos los actores (Coogan, Northam, Brydon, Harris) están muy correctos. Mención especial a Gillian Anderson. 

– LO PEOR

El mensaje. Como adaptación, desde luego, es perfecta. ¿Pero es interesante más allá del concepto inicial?

 


Michael Winterbottom | Frank Cottrell Boyce (como Martin Hardy), basado en la novela The Life and Opinions of Tristram Shandy', de Laurence Sterne | Steve Coogan, Rob Brydon, Kelly MacDonald, Naomie Harris, Stephen Fry, Jeremy Northam, Gillian Anderson, Ian Hart. | Marcel Zyskind | Peter Christelis | Edward Nogria | Emma MacDevitt | Andrew Eaton, Anita Overland | Jeff Abberley, Julia Blackman, Henry Normal, Kate Ogborn, Tracey Scoffield, David M. Thompson | Picturehouse | 6 |
  • http://www.espacioblog.com/manhattan Nacho

    Sencillamente una cinta lamentable. Compararla con Kauffman es aberrante. Tristan aburre las ovejas

  • Just About done

    Kaufman es Kaufman, pero esta me ha gustado mucho tambien, yo seria mas generoso con la nota.

  • http://www.nochedecine.com Joe Hickey

    Adaptation era mejor

  • paramétrico

    En mi opinión esta pelí­cula le da cien mil vueltas a Adaptation, y sin duda una de las propuetas cinematográficas más interesantes (que no más logradas) de los últimos tiempos.

    Eso sí­, se queda muy lejos de esa obra maestra llamada Wonderland, sin lugar a dudas una de las cumbres de los 90

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