Críticas

ZODIAC

Cinco años después de La Habitación del Pánico, David Fincher regresa a las pantallas con la pelí­cula menos David Fincher que David Fincher era capaz de hacer. Hay un par de momentos aislados en los que el director da rienda suelta a su imaginación visual, pero nunca antes habí­an chirriado tanto dentro de un film que puede ser lento, que puede ser demasiado laaaaargo y poco emocionante, pero que es, y de eso no cabe duda, una verdadera joya de la técnica y de la puesta en escena, donde todos sus elementos se unen de una forma tan precisa y compacta que si te rindes y te entregas a la historia, serás recompensado con uno de los thrillers más sutiles de los últimos años, que lo único que va a pedir de tí­ es sólo una cosa: hasta la última gota de atención.

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Gyllenhaal, espabila. Sólo tienes que mirar a tu derecha.

Lo bueno es que Zodiac no es tan tí­pica como parece. Es uno de los pocos films sobre asesinos en serie donde el personaje menos importante es el propio asesino, y donde el verdadero protagonista de la historia termina siendo el tipo menos probable: Robert Graysmith, viñetista (o como prefiere, dibujante polí­tico) del San Francisco Chronicle y testigo de primera mano de los asesinatos de un psicópata autodenominado Zodí­aco durante los años 60 y 70 en California. A lo largo de los ocho años que nos relata el grueso de la historia el film seguirá a Graysmith, un tí­o bastante ingenuo y buenazo que no termina de encajar en la turbulenta época, y a su cada vez más autodestructiva obsesión por identificar al asesino. Sin embargo, Zodiac no es una pelí­cula tan simple, ni tan básica. Ya sea su compañero de trabajo, el inestable periodista de investigación Paul Avery, o el inspector Dave Toschi (Mark Ruffalo), todos aportan su granito de arena y todos se van quemando progresivamente en lo que parece una búsqueda cada vez más enrevesada: Zodí­aco no parece tener móvil, actúa rápido y, lo que es raro, si deja a alguna de sus ví­ctimas con vida no pasa nada. No le importa cometer errores. Simplemente, quiere hacerse notar.

Zodiac, la pelí­cula, no presta tanto atención al “¿Quién?” ni al “¿Por Qué?”, sino más bien al “¿Cómo?”. De los 150 minutos que dura, tres cuartas partes están dedicadas a examinar minuciosamente el proceso de investigación, las entrevistas a los testigos, la recolección de pistas y la revisión de interminables informes. El resto son vagas conversaciones personales y, afortunadamente, la recreación veraz de los asesinatos (y que Fincher no tiene inconveniente en mostrar en toda su crudeza): nada muy artí­stico. Un par de disparos en la cabeza, unas cuantas cuchilladas. Pero duelen, ojo. Hay que remontarse unos cuantos años para acordarnos de Scorsese y de su habilidad para filmar la muerte de una forma tan sencilla y a la vez tan directa. La escena inicial, antes de los tí­tulos de crédito, es una perfecta carta de presentación (ojo al sonido).

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Robert Downey Jr., insistimos, es MUY guai.

La pelí­cula, en sí­ misma, es una pieza de estudio. Este film ha costado 90 millones de dólares, y chico si lucen cada puñetero centavo: la ropa, los objetos personales, los coches, los escenarios, hasta las patillas de las gafas parecen recuperadas de un museo setentero. Desde el primer minuto, y gracias a la soberbia labor de producción de Donald Graham Burt; de arte, a cargo de Keith P. Cunningham y de vestuario, obra de Casey Storm, nos sumergimos en la época aunque la historia no consiga venderse sola. ¿Por qué? Contemos las maneras…

Lo primero de todo es algo que se me metió en la cabeza a mitad de metraje. Que si Zodiac se hubiera estrenado en 1974, entre Los Tres Dí­as del Cóndor, La Conversación y Todos los Hombres del Presidente, dificilmente te darí­as cuenta de que es un film rodado con tres décadas de diferencia. Y no solo por la estética. Por ritmo y narración, Zodiac ofrece escasas emociones palomiteras, salvo un par de escenas aisladas (la única verdaderamente emocionante, en un sótano, no aporta absolutamente nada la historia, vista en perspectiva). La verdadera tensión se basa en las conversaciones, en particular una absolutamente magistral entre Toschi, su compañero William Armstrong (Anthony Edwards, el inefable doctor Green de Urgencias) y uno de los sospechosos, Arthur Leigh Allen (un espléndido John Carroll Lynch). Es el mejor ejemplo: nosotros atendemos al diálogo, y Fincher se encarga de señalar con precisión matemática los detalles, lo que aporta una enorme riqueza a la secuencia.

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Ojo a pelo del Ruffalo. ¿Peluquí­n? Misterioooo…

Es la misma tensión que se masca en la primera llamada en directo del asesino a un programa de televisión, o en esa cámara que sigue a un taxi por la ciudad, o el encuentro de Avery con una de sus fuentes, o la redada efectuada a una caravana en mitad de la nada. Fincher lo hace amenazador, pero nunca introduce tí­picos golpes de efecto salvo en un par de momentos en los que parecen verdaderamente inútiles. Todo sucede en una atmósfera y lúgubre, pero nunca resulta forzada: Harris Savides, dire de foto, conoce perfectamente la diferencia y saca todo el partido a la cámara digital Viper con la que se ha rodado el film, creando suspense en una habitación antigua como en un prado a plena luz del sol. Todo parece, insisto, tan absolutamente natural que la pelí­cula gana enteros si la contemplamos como testigos de la historia, como un documental, estructurado en un millón de detalles como el anteriormente mencionado de la actitud del asesino respecto a sus ví­ctimas, o la forma en la que los personajes que cualquier otro director hubiera clasificado moralmente son observados sin emitir ningún tipo de juicio, o cómo las relaciones afectivas pasan a un cuarto plano, y el humor aparece en contadí­simas ocasiones (muy negro, por cierto).

En todo este estudio, para los actores es prácticamente imposible encontrar libertad. Están en medio de tal recreación que casi parece que esté a punto de saltar a la pantalla el letretro “DRAMATIZACIÓN” que acompaña a programas como Espejo Público. Ahí­ no hay dios que se mueva y se nota (de ahí­ los famosos cabreos de Jake Gylenhaal con Fincher, en particular una escenita que requirió de… 56 tomas), así­ que dejémoslo en que ya les vale a todos con integrarse perfectamente en la historia. Es fácil señalar a Downey Jr. como el mejor del reparto: es el papel más colorido y el tí­o, cuando le dejan suelto, es como el lado oscuro de Jack Sparrow. Pero para aquellos que se limitan a cumplir sin sobresalir, caso de Gyllenhaal (que encaja perfectamente en su papel de tí­o simpático, no tanto en el de tí­o obsesionado) o Ruffalo (de este no hay pega ninguna), esta peli es un chollo, porque, como hasta el extra que aparece al fondo del plano (sin mencionar a Chloí« Sevigny, Elias Koteas, Brian Cox o Phillip Baker Hall) todos están supeditados a la historia.

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No, no es el padre cabreado de la chica, precisamente…

Hay que aplaudir la labor de James Vanderbilt, ya solo sea por la compenetración con el verdadero Robert Graysmith, autor del libro original, y por su labor de documentación. Y qué coño, puede que no sea un virtuoso de la réplica como William Monahan (Infliltrados) pero cuando se mete en faena, todo suena perfectamente bien, y algunas contestaciones levantan el ánimo del espectador. Todos estos materiales son manejados por Fincher a su antojo, gracias a una puesta en escena sencilla, impactante cuando debe serlo y tremendamente contenida que al final termina por hacer imposible creer que este tí­o quemara fotogramas y se saliera del celuloide en mitad de un monólogo de Brad Pitt. Fincher tiene ya 45 años y sus habilidades están intactas, pero tiene el suficiente sentido común para convertirse en una parte más de la pelí­cula. Conociendo el tipo de cine que hace, ese es el mayor triunfo.

Aviso: a vuestra discrección. De nuevo, los pros y los contras, para resumir:

LO MEJOR

– Zodiac, en si misma. Lo que plantea, cómo lo plantea, su inteligencia, su sutileza y su contención. Todo encaja como un puzzle a todos los niveles, tanto técnico como artí­stico, como hace mucho que no veí­a en una pantalla de cine.

LO PEOR

– Larga, enrevesada, inconclusa, ligeramente aburrida, requiere más de un visionado…. Casi mejor, de verdad (y no me creo que esté escribiendo ésto): en DVD y a cachitos. Para fliparlo mejor.

PD: Y de toda esta maravillosa y realmente retorcida crí­tica que he escrito tambien se desprende otra cosilla: que si alguno de vosotros la considera UN PUTO LADRILLO INFUMABLE, os aseguro que lo comprenderé. Perfectamente.

PD2: El Mondosonórico titular tiene un motivo. La canción de los créditos finales, que mola mazo y es muy rallante. Busqué la letra en internet. Chico, ese tal Donovan se metí­a de todo.


David Fincher | James Vanderbilt, basado en el libro de Robert Graysmith | Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr., Mark Ruffalo, John Carroll Lynch, Chloí« Sevigny, Brian Cox, Phillip Baker Hall, Clea DuVall, Elias Koteas, Donal Logue | Harris Savides | Angus Wall | David Shire | Keith P. Cunningham | Céan Chaffin, Brad Fisher, Mike Medavoy, Arnold Messer, James Vanderbilt | Louis Phillips | Warner Bros. | Warner | 8 |
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  • Mentxu

    La canción Hurdy Gurdy Man, de Donovan, me dejó marcada, la pelicula está bien, quizas un poco larga para mi gusto. Me gustarí­a saber la traducción de la letra de la canción, he intentado encontrarla en internet pero no lo he conseguido.

  • Willard

    Pues que quereis que os diga, a mi me dejo indiferente, la peli cuenta la historia de como un dibujante y un policia listo se obsesionan con encontrar a Zodiac , y al final no lo encuentran, cosa que ya sabiamos, por lo que el interés está en el proceso, pero no termina de desarrollar a los personajes y encima en vez de mantener el ritmo de aparicion de estos de repente desaparece uno de ellos de la narracion para volver mas adelante, cosa que te descoloca un poco. Sin parecerme mala la verdad es que tampoco me dijo na de na. Si el conflicto de la historia esta claro, que los personajes encuentren y atrapen a zodiac, y finalmente no lo consiguen el espectador se queda con lo que le han contado, que no es una moraleja, sino casi un documental, si hubiese criticado el sistema de investigacion policial, o la ley americana o algo asi pues vale, zodiac es catalizador, pero ni uno ni otro, te quedas a medias, al menos yo.

  • http://www.inkomprendidos.blogspot.com [¿¡?]

    Acojonantemente buena. Viva Fincher ! Viva !

  • lokishotgun

    Yo fui alfinal solo por no aguantarme a esperar..bestial..mira k estaba echo mierda ese dia..pero la verdad k me mereció la pena,si keria konseguir k la gente se sintiese igual de frustrado k los personajes intentado saber kien es..lo konsigue..larga sera,pero en vez de rekompensarme con efectos especiales o imagenes morbosas sin ningun sentido (k suele ser lo tipiko)..esta vez ,ver a los personajes tirando la toalla una y otra vez para mi ha sido la mejor rekompensa,poder llegar sentir realmente k no van a konseguir lo k tanto ansian.Pura obsesion donde el asesino se keda en un segundo plano..Despues de ver Piratas del caribey la de spider-man me kedo kon esta de esas tres y no por k sea estilo diferentes si no pork realmente konsigue engancharme y meterme de lleno.

  • Esteparia

    Después de mi primera -y errónea- impresión durante la primera hora de la pelí­cula (“Esto es un capí­tulo estirado de ‘Canción triste de Hill Street’…), me quito el sombrero ante la capacidad de David Fincher de crear un drama a todos los niveles -policí­aco, humano…- en una pieza de una solidez que sólo se aprecia a posteriori y que me recuerda al mejor cine de los setenta y a las obras más famosas de Oliver Stone -cuando era bueno-. Estupendo trabajo por parte de todos, pero todos, los actores, y aplausos en particular para Anthony Edwards, Mark Ruffalo, Chlí¶e Sevigny y Philip Baker Hall. Lo peor: la confusión ante el caudal de datos en algunos puntos de la pelí­cula -sabes que te lo han dicho en algún momento, pero cuesta recordarlo todo-; la escena del sótano, la más convencional de toda la pelí­cula; y la no-caracterización del personaje de Jake Gyllenhaal (Graysmith pudo no desenmascarar a Zodiac, pero conocí­a el elixir de la eterna juventud). Lo mejor: la ambientación y la dirección de Fincher, deliberadamente analí­tica y penetrante como el sirimiri: cuando te quieres dar cuenta, estás calado hasta los huesos.

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