Críticas

LA JUNGLA 4.0.

Quedaos con dos palabras. La primera de ellas es infantilización. Es la que más a espantado a los fans de medio mundo al ver cómo John McClane regresa tras doce años a un mundo donde la violencia sin regodeos, ejecutada como mero artificio y como nexo entre cierta tensión psicológica/comedia de cachondeo ya ha dejado de estar de moda. La segunda es desactualización: preguntarse si el cine de acción con el que crecimos tiene algo que decir en un panorama donde el máximo exponente es la inteligencia, la velocidad y el “menos es más” que representa Jason Bourne. Desde ambos puntos de vista, La Jungla 4.0. no sólo es un pobre acompañamiento a una de las sagas más apreciadas de los últimos tiempos, sino que es señal significativa de que los grandes héroes han dejado de estar de moda. Sólo nos quedan los espí­as, los karatekas, y un cine para adultos representado en un cine de terror donde sólo hay ví­ctimas, o sólo hay verdugos. Pero aún así­…

Carente de la habilidad visual y la mala leche de John McTiernan, sin un villano de entidad –más aún: con un completo moñas al frente de la brigada de malvados– y marcada constantemente por repetir la misma idea una y otra vez: un policí­a de la vieja escuela se enfrenta a los desafí­os de la tecnologí­a actual cuando un superhacker pone a Estados Unidos de rodilas y con la boca abierta al secuestrar el agua, la luz, la electricidad y los sistemas informáticos el cuatro de julio. Miremos donde miremos, asistimos tan incrédulos como John McClane al desfile de chapuzas, lleven placa o un portátil, que pasan ante nuestros ojos, secundarios y villanos tan planos y unidimensionales, interpretados por actores a los que se les exprime todo el carisma posible y se convierten en estereotipos tan planos que más que seres humanos parecen jefes de final de fase. La misma incredulidad con la que reaccionan todos al ver a un policí­a calvo y cincuentón que no sabe ni como mandar un fax, enfrentado a gente capaz de poner patas arriba el sistema bursátil a golpe de botón. Broma. Repetir hasta el infinito. Y aun así­…

 

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Al frente de todo éste desmadre se encuentra Len Wiseman, que se distingue por haber rodado Underworld y secuela y al que la mejor manera de describirle es como el lado artesano de Michael Bay: no tiene el menor interés en dar cierto ambiente o tono a la pelí­cula –si es de noche o estamos dentro de un edificio, todo es azul–, pero sabe dónde poner la cámara, por lo menos; sorteando con habilidad las mil y una trampas escondidas en forma de montaje, incapaz de echar el freno en las secuencias de acción, que son una escalada sin respiro, a cual más absurda y que culminan con un enfrentamiento entre un camión y un caza bombardero capaz de mandar vuestro cerebro al quinto pino de una patada. Y aun así­…

Y aún así­. (Ya sabéis lo que toca ahora).

Este verano me he tragado todas las pelí­culas que pretendí­an tomar la taquilla por montera. Me he encontrado, en el 99,9 por ciento de las ocasiones (salvo “honrosas” excepciones como la semilamentable Pathfinder o la semidecente secuela de Los Cuatro Fantásticos –siento si el porcentaje no se ajusta: cuando se trata de cifras soy un completo lerdo) dos pelí­culas en una: una épica historia de amor disfrazada de cine de piratas, un examen de la moralidad humana en forma de cine con trepamuros, una exhibición de talento, autoimportancia y cool en una (espléndida) pelí­cula de espí­as internacional. Una colosal aventura con robots que se transforman, desperdiciada con una hora de drama de personajes y humor sólo comprensible por aquellos que dejan su cerebro a la puerta. Una pelí­cula de animación a partir de una serie televisiva incapaz de escapar de los limites de la pequeña pantalla.

En medio de todo este panorama llega una pelí­cula que pasa con lo justo: que no quiere ser rematadamente lista, sino que se conforma con no ser retorcidamente estúpida. Un film que sabe lo que realmente es, que empieza en el minuto cinco, y que no para hasta 125 minutos después. Que une los puntos de una forma esquemática, simplona y cutre, pero que posee escenas de acción que funcionan, por sí­ mismas, como un corto y que al combinar efectos especiales prácticos y sentido del ritmo, impiden que despeguemos los ojos de la pantalla. La Jungla 4.0. puede no estar a la altura en bastantes momentos, puede hacer que elevéis los ojos al cielo en un par de ocasiones, pero que me cuelguen si no os la váis a tragar entera. De cabo a rabo, de principio a fin. Porque es un film que esencialmente, no quiere demostrar nada a nadie. Y en eso respeta el espí­ritu de las tres pelí­culas que la preceden. Es un film de acción, ni más ni menos. Pero es un film de acción de nuestros dí­as, rebajado con agua, afectado por el espí­ritu infantil que lleva a nuestro héroe a burlarse de esa panda de superterroristas internacionales de baja estofa, aficionados a las artes marciales y a los saltos callejeros, a los que va despachando con una facilidad asombrosa.

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Porque hoy en dí­a, en un producto de estas caracterí­sticas, serí­a demasiado pedir que John McClane se enfrentara al desafí­o de la edad, ver a un policí­a consumido y amargado en una última aventura. Eso es Rocky Balboa, chavales. La Jungla 4.0. remite en mil y una ocasiones al pasado (sobre todo en la inexplicable relación amor-odio que tienen nuestro prota y su hija, interpretada con absoluta corrección por la tremenda Mary Elizabeth Winstead, un clon de Bonnie Bedelia), que sigue siendo una buddy movie donde Al Powell, Leslie Barnes o Zeus Carver son sustituidos por Matt Farrell, el único hacker superviviente tras la monumental criba que realiza el villano y eventual protegido de nuestro héroe (en teorí­a, el malo ejecuta a todos aquellos que han trabajado para él, lo que te obliga a rascarte la cabeza pensando en si dejar un reguero de cadáveres es la mejor forma de ocultar tus huellas). Es una pareja que funciona porque Farrell, al margen de parecerse a McClane como un huevo a una castaña lo que provoca las convenientes secuencias de enredo, comienza a desarrollar una extraña relación de afecto, como el niño al que Superman le lleva en un viaje por todo el mundo (o el paí­s en este caso). La Jungla 4.0. mira hacia atrás, pero sin mucha nostalgia, porque McClane, es ahora un terminator indestructible y una máquina de escupir insultos. A la mierda con la caracterización.

Pero, veí­s, eso no hubiera estado de más. Para lo “old school” que quiere ser esta pelí­cula, se le olvida que un film de acción es tan bueno como sus villanos y en este caso, lo de Thomas Gabriel (Olyphant, meando fuera de tiesto) es un caso de juzgado de guardia: cuarentón con pinta de veinteañero, parece estar siempre a punto de ponerse a llorar, y es uno de esos malvados de opereta que no se ensucian las manos, dejando la sangre a sus dos principales secuaces: “la novia oriental que mete sopapos” y “el francés que salta edificios”: curiosos, sí­. Pero inadecuados. Carentes de contexto, o de motivos para odiarles, que McClane les machaque nos la trae al pairo, por muy espectaculares que sean las escenas de acción. Motivo por el cual se salva esta pelí­cula. Sorprendentes, imaginativas, completamente lunáticas, La Jungla 4.0. es un elogio a los especialistas de Hollywood. Sólo tres meses en cartel en Estados Unidos y todo el mundo se acuerda del coche que se estrella contra el helicóptero. Esperad a ver la pelea en el hueco del ascensor. O el mencionado enfrentamiento entre el camión y el avión F-nosecuantos. Acojonantes de ver y amigos, cuando una pelí­cula de acción tiene secuencias de acción que valen la pena, la pelí­cula vale la pena. Creo que es cuestión de lógica.

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Y terminamos con Willis. Tiene 52 años y está desarrollando una caracterí­stica que comienza a ser común en todos los actores maduritos: todo le importa un cojón. El John McClane que nos presenta ahora, en la cima de su invulnerabilidad, es dos veces más quejica y cuatro veces más potente que las anteriores versiones. Y nadie le va a tocar los huevos, y menos, Pocholo con un portátil. A su favor cuenta que, cuando comienza a dar caña al malo, el público está con él todo el camino. La pega es que muy lejos queda ya ese respeto que se tení­an el bueno y el villano en las anteriores entregas y que añadí­a un elemento de seriedad a la trama que ahora se echa de menos a cada minuto. La Jungla 4.0 se enfrenta a un montón de cosas: al peso de la saga, a la autocensura de los tiempos modernos, a la falta de ideas, a Kevin Smith (que no lo hace mal, pero que lejos de aportar gravedad, casi termina convirtiendo su aparición en una parodia. Menos mal que es un personaje que aporta algo). Pero por lo menos se enfrenta. Cuando termina el film, el fan acérrimo lamentará muchas cosas de las que ha visto en pantalla, pero si habéis estado en la misma onda que yo, reconoceréis que el fan también deseará convertirse en ese espectador de a pie con ganas de disfrutar de un rato entretenido en el cine, y que es ligeramente más exigente que el quinceañero de la gorra que se hace gayolas con doscientas explosiones por metro cuadrado. Ese espectador que va al cine un par de veces al año, que se ha metido a ver la última de las aventuras de Tito Mac. Y que descubre que este film es una montaña rusa que no para, que despierta ecos de gran pelí­cula de acción en determinados momentos (ojo a la escena del túnel). Y que, al final, se lo ha pasado de puta madre.

LO MEJOR:

– La primera hora del film y su clí­max final, desde la persecución del avión hasta la conclusión en el hangar, tan simple que funciona. En determinados momentos todo funciona. En determinados momentos es absolutamente cojonuda, pura dinamita.  Entretenimiento de primera, que era lo mí­nimo que se podí­a esperar.

LO PEOR:

– El villano: la representación de lo bajo que ha caí­do la maldad en el cine, y del fin de la seriedad en el cine de acción, que en los ochenta nos regalaba maravilla tras maravilla al saber combinar interés adulto y entretenimiento vací­o a partes iguales. Guión más simple que el mecanismo de un botijo. Tensión casi inexistente. Sensación claustrofóbica que brilla por su ausencia. Se echa de menos a McTiernan…todas las pegas que un fan le podrí­a poner, y más. Pero miradla con ojos limpios, y dejad que gane con el paso del tiempo. Es muy posible que sobreviva.


Len Wiseman | Mark Bomback | Bruce Willis, Justin Long, Timothy Olyphant, Maggie Q, Mary Elizabeth Winstead, Cliff Curtis, Zeljko Ivanek, Cyril Raffaelli, Jonathan Sadowski, Yorgo Constantine | Simon Duggan | Nicolas De Toth | Marco Beltrami | Patrick Tatopoulos | Michael Fotrell, John McTiernan, Arnold Rifkin, Bruce Willis | William Wisher Jr. | Cheyenne Enterprises, 20th Century Fox | Fox España | 7 |
  • Vennora

    tu copia de 300 para mi.
    PD: te la gano al póker

  • http://www.myspace.com/hughthespidermoore hugh moore

    ¡¡¡Jajajaja!!!

    A mí­ me encantó Ocho Millones de Maneras De Morir.
    ¡Venga! Que juntos podemos conseguirlo.
    Buenas noches, Lumiere.

    PD: Mi copia de 300 os la podéis ahorrar 😉

  • http://lashorasperdidas.com -Lumiere-

    Venga señores, que si llegamos a los 300 comentarios nos regalan una pelicula en DVD de 300 para cada uno!!!!!

    Y si llegamos a los 4400 nos dan la serie del mismo nombre, yo la verdad es que me gustó mucho 20.000 Leguas de Vije Submarino, no sé yo si llegando a…

  • Vennora

    totalmente de acuerdo con PIER (aunque creo que Willis estaba muy bien en 16blocks y que Hostage es una peli inaguantable-aunque la premisa era muy interesante-) y también de acuerdo con LIBRO: necesitamos una nueva crí­tica ya.
    ¿para cuándo una de ‘LA HORA FRíA’? no la he visto, pero tanto bombo y expectativas… y nadie habla de ella.
    ¿nadie la ha ido a ver? ¿no hay nada que decir sobre ella?

  • Korben

    Pues a mi me a parecido exactamente lo que queria ver en esa pelicula ,ni mas ni menos ,me quede bastante satisfecho

    16 calles …ufff ,pa no decir na gueno mejor me callo

  • Pier

    “16 Calles” me decpcionó mucho me pareció una mierda, lo peor tal vez de Tito Donner en toda sus carrera y “Hostage” era una obra maestra si hubiera terminado cuando toda la casa se quema, y no después en ese final patético ke me hizo enojar muchisimo.

    Mejor “16 Calles” ke “Live Free or Die Hard” ni en sueños, lo otro si podrí­a dar para una discusión con criterio.

  • yotuel.

    no he leí­do todos los mensajes por supuesto, pero creo que coincido plenamente con Alberto (para abreviar).
    lo mejor (o lo único bueno), el agente Johnson.

  • http://heroeamipesar.blogspot.com/ Van Helsing

    Por cierto, tanto HOSTAGE como 16 CALLES le dan mil vueltas a esta Jungla 4.

  • Sr. Libro

    Espero que mi comentario en este post, sea el último. Necesitamos cambiar de aires chicos.
    THE END – FIN
    ————————————————-

  • verwirrung

    doctor diablo, ahora sí­ debo decirlo: chapeau.
    Ya iba a puntualizar yo que por que me meta en una interminable y cansina discusión sobre cine no quiere decir que quiera insultar o desprestigiar a la persona con la que discuto(ciertamente, auqnue no roce la cuarentena, ya estoy mayor para picarme por esas cosas) pero venir a hacerse el chulo con el “pero que despreciables sois todos, voy a insultaros porque estoy por encima” me parece de lamentable para arriba.
    Así­ que si las eternas “peleas” sobre las intenciones de Tarantino, las miradas de amor entre Frodo y Sam o las ideologí­as ocultas de Frank Miller te sobreexcitan, mejor no las leas, cuidas tu salud, y nos ahorras las gilipolleces. O como dijo el sabio: a chuparla.

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