

Ver Once debe ser una experiencia privada y, a ser posible, en pareja, porque a diferencia de otras películas diseñadas para transmitir cierta sensación de intimidad, aquí se consigue sin esfuerzo. La verdad es que se dirige a ciertos aspectos de la personalidad de un espectador que no deberían compartirse en la comunidad que forma la audiencia de una sala de cine. No quiero decir con esto que evitéis verla en una sala. Como favor personal a su director y guionista, John Carney, deberíais hacerlo, pero creo que no es la mejor opción (para las conciencias, el film ya ha recaudado casi diez veces su presupuesto, así que no nos estamos jugando el porvenir de sus hijos si nos resistimos al atraco a mano armada que es pagar por una entrada de cine).

Porque Once es una película que se dirige a TI, en particular, en más de un momento. Lo consigue porque carece de pretensión alguna: no hay ningún mensaje oculto, no contiene ningún tipo de moraleja que pueda extraer específicamente una persona determinada. Es bastante universal, la verdad. Y porque, por el amor de Dios, podrías haberla dirigida tú, oculto detrás de un coche, grabando la historia con una cámara casera. Lo que ves, es lo que hay: la romántica historia de un cantante callejero, una inmigrante checa y mucha música en el aire por las calles de Dublín. He mencionado que es una película romántica porque no he querido decir “amorosa”. Ésto, no es. Los sentimientos van bastante por dentro y a diferencia de las películas de Matthew McConaughey, en Once es más dificil decirle a la chica que ”sí”, en vez de decirla que ”no”. Hasta que salen, cuando los cantan.
Sí, es un musical.
Para expresar sus emociones, los personajes emplean canciones. En un momento determinado, el diálogo se interrumpe y nos tragamos una canción. Entera. Interpretada dentro del espacio de la cámara. Insertada dentro de la acción. Relevante para el resto de la trama. Once es un film musical. No es, sin embargo, uno de esos donde la acción se interrumpe súbitamente, los actores miran a la cámara, saludan y comienzan el numerito (momento en el cual suelo alejarme del film, y uno de los motivos por los que odio, por ejemplo, Chicago o Moulin Rouge — esta con agravante por hortera–) Once me parece el mejor musical que he visto en mi vida porque en vez de distraerte de la acción, las canciones se integran de forma perfecta, equilibrada, fluida, dentro del contexto de la película. Quizás haya un par de momentos en los que existe cierta sensación de ruptura, pero a) no abundan y b) cuando lo hace, Carney aprovecha para exhibirse dentro de las limitaciones que le rodean, y me remito a un increíble plano secuencia que sigue a la protagonista del film, Marketa Irglova, ensayando su primera canción mientras va a comprar pilas. Esa escena es asombrosa, más aún por su dificultad, y vale el precio de la entrada.
Once es un film cercano porque no es estilizado. Cuando somos conscientes de las técnicas que lleva a cabo determinado director, nos damos cuenta de que estamos viendo una película y nos alejamos de la historia. Pero a diferencia de otros directores que han hecho de la falta de estilo su estilo propio (valga la redundancia), Once es lo más cercano a cine de guerrilla que nos podamos imaginar. Precisando un poco más, véanse los planos se realizan en mitad de la calle abarrotada, donde es obvio que la gente que pasea por allí no son extras, sino transeúntes que en cualquier momento son capaces de mirar a cámara y joderte la escena. Eso no le pasa a Ken Loach. No eres un artista al que le ha dado por marear la perdiz con una cámara en mano transmitiendo falsa sensación de realidad. Aquí tenemos a un pavo que se está jugando 150.000 dólares de presupuesto y ni uno más. ¿Se puede criticar algo así? Bien, desde luego que se puede, pero está claro que cuando se hace una película hasta estos extremos, la falta de medios es una cuestión de peso.

La falta de medios en un film, no obstante, provoca un beneficioso efecto secundario, y es que no puedes permitirte el lujo de prestar atención a un elemento en concreto por encima de los demás. Ejemplo: actores. La película no es un vehículo de lucimiento para ninguno de los dos, y menos mal porque quién sabe cómo hubieran funcionado si se enfrentaran a una escena en la que de verdad hubieran tenido que interpretar. No es un guión con grandes frases, no es una historia compleja. Pero todo avanza con naturalidad y atendiendo, cuando es necesario, a las diferencias que les separan (la cuestión de la inmigración se aborda aquí, pero sin muchos aspavientos o afán de crítica). Lo que se dicen no es nada que no se hayan dicho dos personas a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que se cantan es otra cosa muy distinta. Afortunadamente para el espectador, ambos dos son excelentes músicos y cantantes: Hansard es el frontman de The Frames, Irglova es pianista y cantautora. Por lo tanto, no es que sean buenos actores, aquí tanto da. Son magníficos intérpretes y su capacidad para transmitir emociones con una canción es igual de válida, igual de emotiva e igual de currada que la que desempeña cualquier actor con talento. (De nuevo: grandes, grandes números, como el de la primera canción en solitario de Hansard, o su primer dueto juntos). Las canciones son mucho más líricas que los diálogos (salvo cuando los escribe Mamet), y viendo cómo se incorporan en el film, no sólo transmiten sensaciones, aportan tridimensionalidad a los personajes, la suficiente como para preocuparse por ellos y la justa para que esta pareja salga perfectamente bien parada tras esta incursión, su primera, delante de las cámaras.
Así, Once es una película muy pacífica. No tienes la sensación de ser manipulado, no busca crear tensión a través de la relación entre los personajes, quizás tengas cierta impaciencia por saber como termina la historia de estos dos, pero siempre queda la sensación de que, pase lo que pase, va a estar bien. Sin problemas. No es ambiciosa, ni excesivamente original, y siempre tiene que enfrentarse a determinados problemas de ritmo porque es consciente de que, en el fondo, tiene tan pocas ambiciones que es difícil sacar adelante una historia entretenida. El film sufre bastante en el momento en el que debe centrarse en explicar cosas, dado que si por la propia película fuera, ni siquiera se molestaría en contarte una historia: podría ser perfectamente un documental, compuesto por piezas aisladas, sobre dos personas con las que simpatizas desde el primer momento, sin hilo narrativo ni nada que se le parezca, aderezado con excelentes canciones, toques bastante tiernos pero nunca merengados, adulta, que se atreve a ser un musical realista, y con un espíritu francamente independiente en tiempos donde esa palabra se ha convertido en una simple etiqueta.
Y digo yo, ¿quién no querría ver éso?.
Una crítica de: Rafa Martín
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Trackback.
OBABA: Agradable película de ambiente enrarecido y cuidada estética.
LA SOLEDAD: Como la vida misma.
Gracias. Ésta es la peli por la que pregunté hace un par de meses y nadie me supo decir cual era (o simplemente pasó de mi culo).
Esta no me la pierdo!
Vi el trailer hace un tiempo, y me dieron ganas de enamorarme, cantar y ser romantico. Nada de eso paso, pero con q la pelicula llegue a chile me conformo, jajaja. Maldita suerte.
saludos.
veo que esta crítica está a punto de desaparecer por problemas de espacio. Antes de que eso ocurra, invito a ver la película, y además en el cine. Precisamente porque es un musical, se merece el sonido, el tamaño de pantalla y la atmósfera adecuados, para prestarle la atención que se merece. Estupendas la banda sonora y las letras. Es una de esas películas pequeñitas, que pasan los días y les sigues dando vueltas. Muy recomendable.
Fantástica, muy directa y sincera. Me ha encantado, gracias mil, Rafa, por hacerme descubrir esta joya (ya te debo una por Hustle & Flow). Excepcional e imprescindible BSO.
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Comentario de Griffin
Octubre 30th, 2007OK, apuntada. Si no me gusta reclamaré tu cabeza en una pica.
Estoy deseando volver a ver un musical que me guste de verdad. El último fue Todos Dicen I Love You, y no fue precisamente por ser un musical.