Críticas

4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DíAS

LIGEROS SPOILERS

Lo primero es lo primero: 4 meses, 3 semanas y 2 dí­as es una pelí­cula tan condensada y tan minuciosa, que explicar hasta el más mí­nimo detalle concreto de su argumento significa destripar actos enteros de cabo a rabo. Pero algo puede caer, de ahí­ el aviso, así­ que quedémonos con esto: la propuesta narra 24 horas en la vida de una chica que decide abortar en la Rumaní­a de los últimos años de Nicolae Ceaucesu, es decir, con el comunismo agarrado frenéticamente a un clavo ardiendo ante el inminente fin de Unión Soviética. La chica en cuestión está aterrorizada más allá de lo indecible, pero no está sola: su compañera de habitación se encargará de los preparativos y los negocios previos. Pero 24 horas son muy largas y en esa época les puede pasar absolutamente de todo.

Vale. Ahora vamos al lí­o. Pocas pelí­culas suponen un elogio de la amistad femenina tan grandes como este film. En el cómic Predicador, dos de sus protagonistas mencionan que “para las chicas también cuenta la amistad o el honor, pero a diferencia de los tí­os no hacemos una gran historia de ello”. Pues bien, no se si Cristian Mungiu ha leido a Garth Ennis, pero en esencia su propuesta va exactamente de esto. Uno, dependiendo de su punto de vista sobre la cuestión del aborto –y más vale que eche mano de ella porque Mungiu es completamente desapasionado sobre si el aborto es bueno o malo, aunque no se puede decir lo mismo de la polí­tica oficial de la época ante ese aspecto, a la que machaca sin piedad– puede apostar o no por ellas, pero reconocer los tremendos lazos afectivos que se requieren para llevar a cabo el objetivo que se proponen es algo que debe estar por encima de toda consideración moral al respecto.

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Y puntos de vista aparte, cinematográficamente hablando, 4 meses, 3 semanas y 2 dí­as es una faena digna de encomio. El film parece ser en principio una sucesión de largos planos fijos alimentados únicamente por la fuerza de las intérpretes. Minutos después, Mungiu comienza a detallar la acción, que evoluciona en forma de planos secuencia, a cual más asombroso. Plano fijo, plano secuencia, plano fijo, repetir… el resultado, en contra de lo que pudiera parecer, es completamente absorbente (qué fotografí­a, por cierto). Es magnético. Sólo me he sentido igual viendo No Country for Old Men. Hay que decir que visualmente no parece muy distinta al cine de “cámara en mano y a la guerra” que vemos hoy en dí­a en muchas pelí­culas. Pero es ahí­ donde entra el guión, que concibe gran parte del film como una pelí­cula de suspense. Esto, para empezar, no sólo es útil. Es entretenido, es una estrategia que ayuda a que los ojos no se te despeguen de la pantalla, y consigue multiplicar el efecto del ritmo visual que su director impone al film. Parece fácil, pero incluso en el cine europeo es fácil encontrar dislocaciones entre lo que se nos cuenta y la velocidad a la que nos lo cuentan. En 4 meses, 3 semanas y 2 dí­as, no se da el caso. Ni por asomo.

El guión es inteligentí­simo y aprovecha para introducir con pinceladas el contexto social de la época, las relaciones entre los protagonistas y el universo en el que se mueven: uno marcado por a) la tradición de las últimas décadas bajo el ala soviética y b) los primeros indicios de liberación social. Personajes de carne y hueso que se debaten entre ambos puntos aparecen y desaparecen por el film, algunos con más importancia que otros, pero nunca sin perder de vista a sus dos protagonistas, eje de la historia. Y vaya protagonistas. Se puede decir que Laura Vasiliu afronta el papel más ingrato del film: hay momentos en los que uno no termina de decidir si sus constantes meteduras de pata en el plan incialmente perfecto son fruto de su terror, de su desorientación o, por contra, si le falta alguna neurona. Es ingrato porque da vida a un personaje extremadamente vulnerable. Pero en lugar de centrarse en una espiral cada vez profunda de ineptitudes revelando la indefensión del individuo contra el sistema y demas rollo Aranoa, a Mungiu –que repito no está haciendo “coñazo verité” sino que se está cascando un peliculón como la copa de un pino– no se le caen los anillos por meter a un personaje que funcione como “héroe con recursos de la historia”. No es que sea necesario, pero es sumamente agradecido.

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Hay un término que no suelo emplear casi nunca porque me parece sumamente pedante, pero creo que no hay que escatimar palabras por muy Cahiers que suenen: Anamaria Marinca hace un motherfucking tour de force. Lista como una centella, centrada, hasta ligeramente cool, es la viva imagen de la determinación, el germen del cual emergió en la época una nueva generación de jóvenes no necesariamente comprometidos con una ideologí­a polí­tica, sino determinados a conseguir lo que ellos creen que es justo. Es una especie de fuerza de la naturaleza que lleva el film, al que seguimos y que nos guí­a por las calles de Bucarest. Carga con sus movidas y con las movidas de su compañera y no pide nada a cambio. No titubea. En medio de toda la vorágine y confusión que plantea el film, ella es el centro que carga con toda la pelí­cula y nosotros con ella. Es esta empatí­a que nos producen los personajes, y la tremendí­sima interpretación de su protagonista principal (que lo mismo te aguanta un plano un minuto que casi pierde a la cámara cuando se pone a correr) la que eleva el film de Mungiu por encima del notable alto.

¿Es una historia con moraleja? Si. No. Quizás. Mungiu está demasiado ocupado centrándose en una historia. A diferencia de un film de espí­ritu similar como es La Vida de los Otros, no navegamos entre un representante del estado y la clase intelectual alemana (que me hizo ver está pelí­cula a kilómetros de distancia). Aquí­ nos encontramos con gente sencilla intentando sobrevivir a tremendos problemas. Pero si hay una conclusión en todo ésto, desde luego no es una frase machacona, simple, sencilla. Es más complicado que todo éso. 4 meses, 3 semanas y 2 dí­as no es una pelí­cula fácil de ver, pero teniendo en cuenta cómo su director y su equipo resuelven cada situación, cada elemento, y llaman a las partes más emotivas de nuestra personalidad proporcionando al mismo tiempo una especie de thriller de primera categorí­a, la conclusión es simple: id a ver esta pelí­cula. Ya.

PD: Para más maravillas de cine rumano, véase La Muerte del Señor Lazarescu.


Cristian Mungiu | Cristian Mungiu | Anamaria Marinca, Laura Vasiliu, Vlad Ivanov, Ion Sapdaru, Teodor Corban, Tania Popa | Oleg Mutu | Dana Bunescu | --- | Mihaela Poenaru | Cristian Mungiu, Oleg Mutu | Alex Teodorescu | Mobra Films | 9 |
  • Jau

    Joder, no sé si nadie leerá este comentario, pero acabo de verla. Jamás 1:45 minutos me habí­an pasado tan rápido, cuando ha terminado la peli pensaba que todaví­a quedaba la mitad. Muy buena.

  • W1z0

    Para mi un 5… una pelí­cula que hace que aparezcan sentimientos encontrados. Por un lado un trabajo excepcional por parte de los actores (por supuesto mil veces mejor que cualquier mierda comercial que nos endosan hoy en dia), por otro un coñazo de proporciones monumentales…

  • El Cuervo

    30 minutos tarde en sacarla del dvd y tirarla a la basura, menudo coñazo de pelicula

  • Vito

    si es que asi esta la cosa, la mierda siempre mecera al cine de calida una lastima

  • George Kaplan

    Gracias por tu ayuda Lumiere.

    Si una ventaja tienen esos medios piratas que tan mal vistos están (pero que usamos todos, qué coño) es que te permiten con cierta facilidad ver pelí­culas (y además si quieres en V.O) que antes tampoco estrenaban en ninguna sala y sólo podí­as ver con suerte si eras abonado a canal satélite y echándole paciencia hasta que la pusieran.

    Son taaaaaantas las veces que me ha pasado algo así­. Lo que pasa es que creo que cada vez tiene menos sentido el número de salas de cine, puesto que aunque ahora con el rollo de las multisalas una comunidad como Asturias cuenta con 5 centros con 12 salas de media, lo que suma 60 salas, no me jodas que es normal que ninguna estrenase The fountain en su momento, por poner un ejemplo. Y si lo hizo no duró una semana y al menos yo no conseguí­ encontrarla en ninguna cartelera.

    Al menos, como estaba hecha en Asturias, no ha habido problema para ver una minoritaria como La Torre de Suso, que aquí­ estrenaron en un montón de salas.

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